Ilka Oliva-Corado
Son las 11 de la noche, llevan 16 horas entre la basura, montañas y montañas de basura, buscando cobre, vidrio, cartón y plástico. Cuando tienen suerte encuentran galletas y golosinas empaquetadas, se las comen de un bocado, aunque muchas veces se han intoxicado pero la necesidad puede más, es la vida de los recolectores de basura, piensa Catalino Sixto que también le ha escuchado decir lo mismo a sus papás y a los vecinos de la colonia donde viven.
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