Pastando

¿Que si me frustro pintando? Sí. Entre esta pintura y Oteando hay horas de diferencia, primero pinté Oteando. Me frustré porque tampoco puedo hacer sombras ni matices, no como yo quisiera. Me lavé las manos para quitarme los restos de pintura que tenía y encendí incienso, quemé unas hojas de sage y me pregunté, ¿por qué me frustro? ¿Acaso no es la pintura mi realización? ¿Acaso no son los colores la expresión de mi alma? ¿Por qué entonces si estoy realizando finalmente el que era mi sueño de niña, me molesta tanto no pintar como yo quisiera? Quemo incienso solo cuando necesito armonizar mi espacio, es como llamar a la luz, como llamar a la lluvia, a la niebla. No soy de sol ni del calor del verano, soy de lluvia y mejor si es chipi chipi. Para mí el incienso es eso, trae la armonía de la lluvia y la niebla.

Seguir leyendo «Pastando»

La amnesia de un país vencido

Para no ir tan lejos, ahí está el país vencido, que con todo lo que pasó en tiempos de dictadura era para que a estas alturas en lugar de neoliberalismo y desmemoria, la sociedad hubiera reconstruido su tejido social, encarcelado a los que cometieron crímenes de lesa humanidad desde el gobierno y haber levantado la infraestructura. 

Seguir leyendo «La amnesia de un país vencido»

Un país muerto

Un mínimo de vergüenza deberíamos tener, ya que coraje no tenemos. Un mínimo de indignación que nos saque de las redes sociales que aguantan con todo y tomar las calles que son testigos de la historia del país. Galana es la comodidad de una red social, pero eso es solo maquillaje, un barniz, palabrería, oratoria; ahí no se logran los cambios de raíz y Guatemala es un país podrido. Responsabilidad de la misma sociedad mestiza y urbana, incapaz de unirse a los pueblos originarios en su enorme dignidad y fuerza de lucha, que tienen el arrojo de presentarse donde haya que hacerlo, el día que sea, con esto luchando constantemente para lograr rescatar al país de las manos de las clicas criminales que han tomado el Estado desde la post dictadura.

Seguir leyendo «Un país muerto»

¡Ganó Arauz, lero, lero!

Hace poco, pero es que no han pasado ni diez años para decir que fue hace mucho tiempo, repito: hace poco, que el gobierno de Lenin Moreno masacró a diestra y siniestra a cuanto indígena se le dio la gana y regó la sangre de su pueblo como escupitajo de un traidor inflado de su poder y de su arrogancia. Las imágenes dantescas le dieron la vuelta al mundo, el pueblo ecuatoriano clamaba por ayuda, el Estado lo masacraba a plena luz del día, cosa que ni en las dictaduras de décadas pasadas en Latinoamérica.

Seguir leyendo «¡Ganó Arauz, lero, lero!»

Es política de Estado la violencia de género

Es política de Estado en sociedades con gobiernos neoliberales, la violencia contra la mujer y las masas empobrecidas y explotadas. Antes que el brazo armado está el recurso de la religión que manipula emocionalmente a los excluidos pero que violenta doblemente a las mujeres por su género. En nombre de la fe, amparados por religiones misóginas muchos hombres ejercen la violencia de género a tal grado de llegar a los feminicidios. Eso no es nuevo, no estamos descubriendo el agua azucarada. Pero un Estado ausente, infestado de corrupción, donde se propaga el machismo, la misoginia, la homofobia y se alimenta el patriarcado sistemáticamente es el responsable de la violencia de género y todo su contexto.

Seguir leyendo «Es política de Estado la violencia de género»

Kamala, ¿luz para las mujeres migrantes?

Hoy, 20 de enero de 2021 ha sido un día histórico en Estados Unidos y en el que millones de mujeres se sienten orgullosas y emocionadas de ver a una mujer llegar a la vicepresidencia del país. Una mujer negra y asiática, además. Se sienten orgullosas claro que sí porque las luchas de género no tienen ideología. Que Kamala esté en el lugar que está hoy es por la lucha de miles de mujeres en la historia del país, ancestras negras, blancas, asiáticas, latinas, europeas, de los pueblos originarios. Algo que ella sabe muy bien y lo reconoce públicamente y de lo cual se siente sumamente orgullosa.

Seguir leyendo «Kamala, ¿luz para las mujeres migrantes?»

La mujer de ternura en los ojos

Estoy concentrada leyendo mi libro cuando de pronto la veo aparecer, una mujer asiática, alta, esbelta, con un abrigo de invierno majestuoso. Regreso a mi lectura pero no puedo concentrarme y vuelvo a verla, tanta hermosura en una sola persona. Pero cómo es posible, me pregunto, intentando leer mi libro de nuevo, que tanta belleza además tenga la sutilidad de la ternura, porque en sus ojos vi ternura. 

Seguir leyendo «La mujer de ternura en los ojos»

El año de la pandemia

Muchos han definido este 2020 como el año maldito, por lo del virus. Pero es tan solo uno de los miles que existen, no es el único que mata, mata más personas por ejemplo; la insensibilidad. Voltear a otro lugar y fingir ignorar lo que nos golpea de frente: el racismo, el clasismo y el olvido. Meternos en nuestras burbujas y cerrarlas bajo siete llaves porque todo lo que suceda afuera, lo que vivan otros no nos interesa. Por eso es que vemos tantos niños viviendo en las calles y morir ahí mismo y no nos causa ni espanto ni pena alguna mucho menos la indignación que nos haga actuar.

Seguir leyendo «El año de la pandemia»

El ímpetu del padre Pedro Pantoja Arreola

Oriundo de Durango, el padre Pedro Pantoja Arreola nació en El Ejido San Pedro del Gallo, un sacerdote que formó parte de la corriente católica de la Teología de la Liberación. Fundador de la Casa del Migrante de Saltillo, el padre Pedro como era conocido por la comunidad migrante, por obreros y campesinos fue más allá del ritual de la sotana y la investidura sacerdotal y se entregó a la lucha por la defensa de los derechos humanos de los más explotados del sistema sin detenerse a pensar en nacionalidades, colores de piel o credos; acción que muchas veces puso su vida en riesgo.

Seguir leyendo «El ímpetu del padre Pedro Pantoja Arreola»

Clarice Lispector, fiel a su esencia salvaje

  • Este texto pertenece a la serie Las Insurrectas
  • La gran Clarice Lispector cumple 100 años.

La escritora extraordinaria que nunca se lo creyó, demasiada pureza en su alma como para caminar por la vida con el ego de la intelectualidad. Sus textos se abrían paso entre la vida diaria, con la máquina de escribir sobre sus piernas en lo que cuidaba a sus hijos pequeños. La habitación propia de la que habla Virginia Woolf fue para Clarice esa máquina de escribir que la salvó del vacío.

Seguir leyendo «Clarice Lispector, fiel a su esencia salvaje»