Por: Miguel Posani
Vivimos bajo un hechizo. No es mágico, sino mucho más poderoso: es racional, cartesiano, profundamente introyectado. Creemos que hay un mundo allá afuera, objetivo, independiente de nosotros, y que nuestra mente es un espejo —a veces fiel, a veces distorsionado— que debe reflejarlo para luego manipularlo. Esta certeza, que nuestra cultura da por incuestionable, es exactamente el error del que habla el título: estamos tan convencidos que erramos.
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