Corte Penal Internacional, ¿a quien sirve?

Por: Vladimir Castillo

Ante los últimos ataques por parte de la administración Trump a la Corte Penal Internacional (CPI) y las sanciones contra algunos de sus jueces y funcionarios, cualquiera pudiera creer que esta institución no está al servicio del imperialismo estadounidense y su hegemonía. ¡Nada más alejado de la realidad!

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La Consulta popular a fondo.

Por: Horacio Duque

Introducción

El presidente Gustavo Petro ha convocado una Consulta Popular para enfrentar el bloqueo institucional que ha sufrido su gobierno y sus principales iniciativas, entre ellas, las “reformas sociales” (salud, laboral, ley de refinanciación, etc.) en el Congreso Nacional. Dicho bloqueo se hizo manifiesto y explícito en la Comisión Séptima del Senado cuando se archivó el proyecto de reforma laboral sin desarrollarse el debate normal y necesario.

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¿Cómo afectan al pueblo los delitos contra la economía cubana?

Por: Laura Prada*

Laura Prada: Hola ¿Qué tal? Bienvenidas, bienvenidos. Esto es Cuadrando la Caja, un espacio para debatir desde el socialismo sobre los temas económicos que más preocupan y ocupan a nuestro país.

Yo soy Laura Prada y hoy hablamos sobre Delitos Económicos ¿Qué son? ¿Cómo impactan en el desarrollo de nuestro país? ¿Cómo se sanciona? ¿Cómo afecta al pueblo y a nuestra economía? Sobre eso estaremos hablando hoy y para compartir sobre el tema contamos en el programa con Ileana Calvo González, ella es jefa de la Dirección de Atención del Sistema Nacional de Auditoría y Planificación en la Contraloría General de la República, bienvenida Ileana.

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No es solo una guerra comercial…y apenas está comenzando.

Por: Sergio Rodriguez Gelfeinstein

No conocemos el impacto que habrá causado en los habitantes de las islas Heard y McDonald la imposición de 10% de aranceles a sus exportaciones por parte de la administración Trump. Lo más probable es que nunca lo sepamos, porque la población de esos territorios está compuesta sólo de pingüinos, focas, tortugas y aves marinas. Hace más de diez años desde la última vez que un humano pisó tales islotes rocosos de 412 Km² ubicadas a medio camino entre Australia y África, cuya actividad económica sustentada en la producción de aceite de elefante marino y cazas de focas, finalizó en 1877.


Esta decisión nos permite -de alguna manera- comprender la dimensión de las recientes medidas tomadas por Estados Unidos a fin de desatar una “guerra comercial” contra el mundo, que supone una verdadera hecatombe sistémica cuyas consecuencias todavía están por verse. No parece fácil hacer ese ejercicio, avezados economistas hablan de “fin de la globalización”, “catástrofe sistémica” o “destrozo del sistema de comercio mundial por una falacia económica básica” según afirma el reconocido profesor de economía de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs quien asegura que Trump afirma erróneamente  que el déficit comercial de Estados Unidos se debe a que el resto del mundo lo ha estafado.
Otra opinión autorizada, la de la Asociación Económica Estadounidense señala que “ la fórmula usada para fijar los aranceles, publicada por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos tiene un error y carece de lógica económica”, asegurando que  “el cálculo de los aranceles no tiene respaldo ni en la teoría económica ni en el marco legal del comercio internacional”. Esta prestigiosa institución considera que si se corrigieran los errores de cálculo, se podría impulsar la economía del país, favoreciendo la liberalización del comercio y reduciendo el riesgo de una posible recesión.
De manera que las acciones de Trump no tienen sustento teórico ni siquiera en la doctrina económica del capitalismo. No obstante, tampoco se trata de hacer una simplificación diciendo que lo que está ocurriendo es una total locura. No lo creo, no creo que el mundo esté sufriendo un fuerte colapso sistémico motivado en una disfunción siquiátrica del jefe de la administración del país más poderoso del planeta.
Pienso que todo obedece a un plan fríamente elaborado y calculado. La política es un hecho racional en el que lo subjetivo tiene mayor o menor influencia en la medida del protagonismo de los actores, ya sean estos individuales o colectivos. Pero cuando lo irracional supera lo tangible, estamos ante una situación que sale de los límites normales de análisis. Tendrían los siquiatras y sicólogos que transformarse en científicos sociales para explicar lo que está sucediendo.
No se trata de locura, más bien de estupidez, estulticia, insensatez o como quiera llamársele. Y esos no son rasgos que caractericen una enfermedad mental, sino expresiones propias de la arrogancia y la prepotencia capitalista como respuesta a una situación en la que las cosas no están saliendo como se desean, es decir de la misma manera que ha venido ocurriendo al menos durante los últimos 250 años o, muchos milenios antes si nos atenemos a la existencia de sociedades de clases donde los poderosos han impuesto voluntad por la fuerza.
Como si fuera un monarca que ostenta todos los poderes, Trump pasa por encima de los poderes legislativo y judicial, desbaratando con su práctica la quimera del equilibrio de poderes que asume la retórica liberal. Pero así como Roma tuvo a Calígula y el imperio otomano a Solimán, Trump caerá por la propia fuerza del sistema que pretende derrumbar a fin de maximizar las riquezas de un sector minoritario de la plutocracia estadounidense.
En una actitud supremacista nunca antes enarbolada por otro presidente estadounidense, Trump, actuando incluso al margen de una mínima racionalidad, supone que su país tiene una potestad y un mandato planetario que no puede ser puesto en tela de juicio. Su mentalidad ególatra y arrogante no le permite reconocer errores, por lo que se ha rodeado de amigos y familiares que lo alaban en demasía y siempre le encuentran la razón.
Han transcurrido tres meses desde su llegada a la presidencia de Estados Unidos, el mundo aun no despierta de la medición de las consecuencias de lo que observa en la superficie, para comenzar a atisbar que lo que está ocurriendo, va más allá de un simple temblor que se siente en la corteza para ir comprendiendo que en realidad se está en epicentro de un violento terremoto en lo más profundo de la estructura del sistema capitalista. No se trata solo de “hacer grande a Estados Unidos de nuevo”, por sobre todo lo que intenta Trump es salvar el dólar, salvar la hegemonía de Estados Unidos y salvar al sistema capitalista que se debate en contradicciones propias de su etapa imperialista cuando el crecimiento inconmensurable de los monopolios destruyen la competencia que es consustancial al sistema.
Esto no es nuevo, ya en la década de los 70 del siglo pasado dio inicio una crisis de dimensiones estructurales a la que se le intentó dar respuesta implantando el neoliberalismo a nivel planetario, suponiendo que sería la panacea para superar lo que se consideraba un impasse superficial y cíclico. Esto trajo niveles superiores de explotación de los asalariados, violación de las normas y valores más elementales de la democracia liberal que le había dado sustento al sistema durante dos siglos y la generación de conflictos y guerras para activar el aparato industrial militar como forma de salir de la crisis.
Sin embargo, como las medidas tomadas durante medio siglo no han apuntado a solventar el problema de fondo, este se ha profundizado hasta hacerse inmanejable. El déficit de Estados Unidos llegó a 59.000 millones de dólares en 1980. En ese mismo año, la deuda federal total ascendía a 914.000 millones de dólares, un aumento de 532.000 millones desde 1970.  El 2 de enero de 2025 el límite de la deuda se restableció en 36.104 billones de dólares, mientras que el déficit fue de 2 billones de dólares o el 7% del PIB. Vale recordar que en ese período han gobernado presidentes republicanos y demócratas de manera que no tiene sentido echarle la culpa a unos u otros, mucho menos tomar posición como si esa fuera la causa de lo que ocurre al tiempo que se pretende ocultar la crisis sistémica.
Sachs explica que “el déficit comercial de un país (o, más precisamente, su déficit en cuenta corriente) no indica prácticas comerciales desleales por parte de los países con superávit. Indica algo completamente distinto. Un déficit en cuenta corriente significa que el país deficitario gasta más de lo que produce. Es decir, ahorra menos de lo que invierte”. En el caso de Estados Unidos, se debe mantener un modo de vida sustentado en un despilfarro crónico, sobre todo de la clase dominante y de una clase media que gasta, creyendo que es inmune a los vaivenes de la economía. Sachs refiere también que esta crisis está motivada en “déficits presupuestarios crónicamente elevados derivados de recortes de impuestos a los ricos, combinados con billones de dólares desperdiciados en guerras inútiles. Los déficits no son la perfidia de Canadá, México y otros países que venden más a Estados Unidos de lo que Estados Unidos les vende a ellos”
Estados Unidos debe sostener 800 bases militares en todo el mundo, en las que 1.240.000 soldados totalmente improductivos deben ser mantenidos por el Estado. Así mismo debe financiar 11 fuerzas de tarea de portaviones que están en constante e innecesario desplazamiento por todos los océanos del planeta. De paso, es bueno recordar que los hutíes de Yemen, el país más pobre del Asia occidental, se han encargado de demostrar su total ineficiencia. Según Trump, la guerra en su expresión bélica no es el mejor negocio para Estados Unidos, por ello recurre a la guerra económica pensando que este expediente si puede llevar a Estados Unidos a una victoria. No obstante, no se debe olvidar que, conceptualmente “la guerra es la continuación de la política por medios violentos” y que según Lenin, “la política es la expresión concentrada de la economía”, de manera que todo lo que está sucediendo tiene única y exclusivamente causas económicas, léase crisis económica del capitalismo y de Estados Unidos.
Suponer -como lo hace Trump- que esta guerra la va a ganar por vía del aumento de aranceles y que ello va a conducir a que los países del mundo eliminen los propios, que las empresas se van a trasladar ipso facto a Estados Unidos, que cada país no va a manipular sus monedas como medida de protección y que todo el mundo se va a volcar a comprar productos estadounidenses…producidos en Estados Unidos, no deja de ser una quimera de un arrogante malcriado.
Algunas consecuencias de estas medidas ya se comienzan a percibir. El primer golpeado es el propio pueblo de Estados Unidos. Algunos de los más connotados economistas estadounidenses han anunciado que el déficit comercial de su país no podrá ser cerrado, por el contrario, creen que las medidas tomadas empobrecerán a los ciudadanos norteamericanos y perjudicarán al resto del mundo. Justin Wolfers profesor de economía de la Universidad de Michigan, cree que el costo de la vida en su país aumentará un 6% ya que las empresas trasladarán los costos adicionales a los consumidores. Por otro lado, a pesar de la opinión contraria de los voceros de la administración, analistas de JPMorgan vaticinan que los aranceles de Trump muy probablemente sumirán a la economía global en una recesión este año.
En otro ámbito, pareciera que el bloque favorable a Trump en el Congreso de Estados Unidos comienza a resquebrajarse. Cuatro senadores republicanos se unieron a los demócratas para rechazar la política de aranceles de Trump en una votación clave. Esta decisión llevó a que el Senado adoptara una resolución por una votación de 51 a 48 destinada a bloquear los aranceles propuestos por la administración Trump sobre las importaciones canadienses.
Así mismo, en una respuesta inesperada para Trump, China que ahora enfrentará un arancel de 125% sobre sus exportaciones a Estados Unidos ha respondido a cada escalada de Washington. Esto podría aumentar sustancialmente los precios de varios bienes que los estadounidenses compran a China. Washington importó 439.000 millones de dólares en bienes de China el año pasado, la segunda fuente principal de importaciones detrás de México. No parece posible que Estados Unidos pueda ganar esta “guerra comercial” a China. Ya durante su administración pasada, el actual presidente intentó un conflicto de similares características pero mucho más acotado y lo perdió.
Las evidencias señalan que, más allá de sus promesas y a pesar de su avasallante retórica y sus determinantes decisiones, Trump no ha podido ocupar Groenlandia, no pudo imponer su plan para Gaza y no detuvo la guerra en Ucrania en 24 horas. Europa, los países árabes y Rusia respectivamente, se lo han impedido. Tampoco ha logrado vender las 100 mil visas de 5 millones de dólares que ofreció. Así mismo, nadie en el mundo ha dejado de llamar al Golfo de México por su nombre.
Incluso en el tema de las deportaciones ha sido “más la bulla que la cabuya”. Sin dejar de considerar que esto se ha hecho al margen del derecho internacional e incluso de la propia institucionalidad y las leyes de Estados Unidos, la administración Trump no ha podido cumplir lo que se ha propuesto. Al respecto mi colega y amigo Antonio García me recuerda que: ”Con respecto a las deportaciones, un aspecto que ha pasado bajo la mesa es que Trump, en un plazo similar a lo que va de su mandato, ha deportado menos gente que Obama y Biden. Las deportaciones de Biden fueron un escándalo en comparación a otras. Solo en 2024 llegaron a casi 300 mil, […] en un plazo similar superó a las que lleva Trump. Así que las «masivas» deportaciones de Trump han sido un fracaso. Esa es la razón por la cual ha necesitado hacer escándalo con el Tren de Aragua y las deportaciones ilegales a El Salvador para de esa manera esconder su fracaso”.
De igual manera, pareciera que nadie le ha explicado a Trump la situación real de Estados Unidos. Según cifras aportadas por el portal Wofnon cuando en 2008, el PIB per cápita de la Unión Europea era de 37.203 dólares, el de Estados Unidos era de 48.570, una diferencia de 11 mil dólares. En el año 2023, el de la Unión Europea fue de 41.422 mientas que el de Estados Unidos llegó a 82.769 dólares, es decir el doble. En estas condiciones, ¿alguien cree que un empresario europeo trasladará sus fábricas a Estados Unidos donde tiene que pagar el doble de salarios para producir lo mismo que en Europa a mitad de precio o en Asia donde paga el 20%?
Otro elemento de análisis es el desplome de las bolsas que no han cesado de caer desde el anuncio de la imposición de aranceles por Trump. Las cifras han oscilado desde el -2,77% del índice Nikkei de Japón hasta la caída del 9% de Apple.
Los hasta ahora aliados de Estados Unidos, sujetos aún a él por su subordinación en la OTAN y por bases militares que les proporcionan seguridad y defensa, han puesto el grito en el cielo. Desde Alemania a Australia, desde Suiza a Japón y desde Francia a Suecia, han hablado de “inquietud” y “aranceles más dañinos de lo esperado”. El gobierno de Bélgica, país sede de la OTAN, dijo que Estados Unidos «acabará quemándose a fuerza de jugar con cerillas»… Otros, como los presidentes de Argentina y Ecuador manifiestan subordinación plena al contentarse con los aranceles impuestos a sus países por ser menores que los de otros.
Pero lo que tal vez tenga mayor importancia y proyección de futuro, es la propia reacción del pueblo de Estados Unidos. En manifestaciones solo comparadas a las que se opusieron a la guerra en Vietnam en la década de los 70 del siglo pasado, y bajo el lema ¡Manos fuera!,  se realizaron en un solo día, el pasado sábado 5 de abril alrededor de 1200 manifestaciones en los 50 estados de la unión norteamericana en las que participaron más de 150 grupos sociales y alrededor de 500 mil ciudadanos para expresar su repudio y rechazo a las medidas tomadas por Trump que afectan su situación económica y sus derechos laborales y humanos.
Este conflicto que ha iniciado Trump no es coyuntural ni de corto plazo, no tiene carácter táctico. Es un error caracterizarlo y analizarlo como tal. No. Es estructural, de largo plazo y de carácter estratégico. Lo que está en juego es la sobrevivencia del capitalismo por un lado y la sobrevivencia de la humanidad por el otro…y recién está comenzando.
Ya lo señalaba Lenin en 1916: “La época de la fase superior del capitalismo nos muestra que entre los grupos capitalistas se están estableciendo determinadas relaciones basadas en el reparto económico del mundo; al mismo tiempo, y en conexión con esto, están creciendo determinadas relaciones entre los grupos políticos, entre los Estados, sobre la base del reparto territorial del mundo, de la lucha por las colonias, de la “lucha por las esferas de influencia”.
De esto hace más de 100 años, mucho ha cambiado el mundo, pero la esencia es la misma. Este es un conflicto sistémico, es mucho más que una guerra comercial o una confrontación geopolítica. Lo dice incluso, uno de los mayores multimillonarios del planeta, el inversor y gestor de fondos de cobertura estadounidense Ray Dalio quien hoy, 9 de abril en su cuenta X afirmó que: “Lo más importante a tener en cuenta es que estamos viendo una ruptura clásica de los principales órdenes monetarios, políticos y geopolíticos. Este tipo de colapso se produce solo una vez en la vida, pero ha ocurrido muchas veces en la historia cuando se dieron condiciones insostenibles similares».
Dalio agregó que estamos asistiendo al desmoronamiento del orden geopolítico a causa de que -según él- la era del dominio de Estados Unidos ha terminado a raíz del enfoque unilateral de Washington que se ha plasmado en la guerra comercial, la guerra geopolítica, la guerra tecnológica y, en algunos casos, las guerras militares que ha liderado”.
Si alguien pregunta porque Estados Unidos arremete contra los que hasta hace poco eran sus aliados, también Lenin tiene la respuesta: “… es consustancial al imperialismo la rivalidad entre varias grandes potencias por hacerse con la hegemonía, es decir, para apoderarse de territorios, no tanto directamente para ellas mismas, sino para debilitar al adversario y minar su hegemonía…”.
Como dije antes, esto apenas está comenzando…
sergioro07.blogspot.com

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La Guerra Total contra Venezuela No convencional, realza el Monrroismo en el cruel ataque imperial.


Análisis de Inteligencia Estratégica

Por: Reiner Vega*

En la estrategia de guerra híbrida, ejecutada y sometida a Venezuela, luego del 28JUL24, aceleró métodos operacionales del Anti poder Fascista, reimpulsando, primero; asentamiento  de operaciones amplio espectro de Guerra Psicológica, con ataque Cognitivo en el campos de batalla comunicacional, segundo; el agresivo interés geoestratégico, de la política exterior demostrado la  ejecuciones por Donald Trump, tercero; y el renovado Estado Profundo – MULTIESPECTRAL – ESTADO CORPORATIVO IMPERIAL de EE.UU. la reestructuración en marcha del componente secreto de la CIA en Sudamérica; objetivo Venezuela – Guayana Esequiba.

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La izquierda en América Latina. Tendencias y perspectivas (I)

Por: Sergio Rodriguez Gelfeinstein
Hacer una valoración sobre el papel de las fuerzas de izquierda en la América Latina
después de las elecciones en Venezuela, entraña un verdadero reto que obliga a
realizar una revisión conceptual del término “izquierda” toda vez que, desde mi
perspectiva, es una definición caduca y descontextualizada que no refleja la realidad
actual por lo cual conduce a errores que no permiten llegar a conclusiones acertadas.


Debe recordarse que el moderno término “izquierda” proviene de la revolución
francesa cuando se relacionó con opciones políticas que propugnaban un cambio
político y social, mientras que el término «derecha» quedó asociado a las que se oponían
a dichos cambios. El lugar donde se sentaban los diputados que apoyaban o no, leyes a
favor o en contra de la monarquía en las sesiones de la Asamblea Nacional de Francia
en tiempos de la revolución de 1789, marcaron para el futuro una concepción que
respondía a las condiciones del debate que se producía en esa época revolucionaria,
pero que no tienen vigencia alguna en el mundo de hoy cuando tras 230 años se han
producido profundas transformaciones económicas, políticas y sociales en el planeta
que han significado mutaciones en el devenir de la acción y el pensamiento político.
En este ámbito, se debe considerar que el basamento fundamental sobre el que se
sustentaba el pensamiento revolucionario de aquella época eran las ideas republicanas
y la democracia por oposición a la monarquía y el absolutismo. La burguesía naciente
encarnaba las ideas de progreso, libertad, igualdad y fraternidad, algunas de las
cuales también están caducas, no porque hayan perdido validez, sino que, por haberlas
despojado de su contenido transformador, resultan vacuas y excluyentes.
El término fue evolucionando con el tiempo, comenzó a vincularse con el liberalismo y
posteriormente con el socialismo democrático y el laborismo hasta llegar al socialismo
científico de Marx y Engels. Así mismo, a la izquierda se le comenzó a asociar con las
luchas sociales de los obreros en favor de mejores condiciones de vida y trabajo. En
los siglos XIX y XX las ideas de izquierda se asociaron a la de revolución y  la lucha de
clases contra toda explotación y alienación de los trabajadores y los pueblos, pero
también, a las de reformismo en un debate inacabado que aún hoy tiene presencia y no
solución.
De la misma manera, el paradigma de progreso y el progresismo como su consecuencia
-tan en boga en la actualidad- tuvo su origen en la Europa occidental también en el

siglo XIX. Se le asoció indistintamente con revolucionarios y reformistas en tanto
unos propugnaban una transformación estructural de la sociedad capitalista, y otros,
solo algunas variaciones que condujeran a mejoras en el marco del sistema.
Debe decirse que toda esta terminología ha ido evolucionando en el tiempo (en
particular la relacionada a los conceptos de izquierda, revolución, reforma, y progreso)
cuyo origen -como se dijo- se remonta al siglo XIX. En ese período, la revolución
industrial, la consolidación del capitalismo como sociedad de clases triunfante y su
victoria frente al feudalismo en la llamada guerra civil de Estados Unidos a mediados
de esa centuria conduciendo a su transformación en primera potencia mundial (antes
de que finalizara ese siglo), devinieron en el arraigo de la burguesía como clase
dominante que se ubicaba ahora a la derecha del espectro político.
A. partir de la oleada revolucionaria en Europa en 1848 que definió con claridad a la
oposición de izquierda desde la perspectiva de la defensa de los intereses del
movimiento obrero, el progresismo dejó de ser revolucionario para orientarse
claramente hacia el reformismo.
En esta medida, el modelo de democracia liberal de carácter representativo se impuso
como instrumento de lucha de la burguesía mientras fue revolucionaria en su lucha
contra la monarquía y el absolutismo. Doscientos años después, sigue siendo lo mismo:
una herramienta del poder burgués. Eso no ha cambiado, solo que ahora se utiliza
contra el pueblo y los trabajadores y, en general a favor de mantener la exclusión y la
utilización del Estado en beneficio de una minoría. La lucha por la democracia y la
soberanía popular y por la democratización permanente de la sociedad obliga a ampliar
el concepto. No basta con que la democracia sea solo representativa, debe ser además
participativa, consultiva y debe garantizar el protagonismo y el ejercicio del
poder popular.
Este debate, colocado en el mundo del siglo XXI y específicamente en América Latina,
supera lo estrictamente conceptual, toda vez que obliga a países, gobiernos,
parlamentos, partidos y movimientos sociales a definiciones concretas respecto del
devenir de los hechos que conforman el escenario político actual.
Se podría establecer el análisis a partir de los acontecimientos revolucionarios más
trascendentes desde el fin de la segunda guerra mundial en la región: son ellos la
revolución cubana en 1959, la victoria de salvador Allende en Chile en 1970 iniciando
un proceso pacífico de transformación de la sociedad, la revolución sandinista en 1979
y la bolivariana iniciada en 1999. El posicionamiento de las izquierdas en cada una de

ellas respondió a las circunstancias propias del momento y a la situación histórico-
concreta de la época. 
La revolución cubana y el proceso de la Unidad Popular en Chile se produjeron en el
momento más álgido de la guerra fría y de la insurgencia de los movimientos de
descolonización y liberación del tercer mundo que darían nacimiento al Movimiento de
Países No Alineados (MNOAL) instalando la bipolaridad en América Latina y el Caribe
y obligando a las organizaciones políticas y sociales a definirse en el escenario que
esos hechos generaron. La revolución sandinista ocurrió en una de las situaciones de
mayor reflujo en la historia del movimiento popular latinoamericano, dando impulso a
las luchas de liberación nacional, antifascistas y antiimperialistas en todo el
continente. La revolución bolivariana dio inicio en un momento de ofensiva neoliberal
imperialista, generando un punto de inflexión para los combates en favor de la segunda
independencia y el avance hacia la integración latinoamericana y caribeña.
Las “izquierdas” -en cada caso- se fueron acomodando a las circunstancias que estos
hechos revolucionarios producían en la región. Por supuesto, también respondieron a
condiciones locales. Cada uno de estos procesos radicalmente transformadores
condujo a nuevos acomodos, algunos de ellos bastante traumáticos sobre todo porque
resultaron inesperados para las fuerzas de izquierda que se alineaban alrededor de
ideas prosoviéticas, trotskistas, maoístas, anarquistas y otras, en boga en el siglo XX.
Vale decir, por ejemplo, que la corriente de izquierda dominante en el siglo pasado,
que emanaba de la lealtad y vinculación partidista con la Unión Soviética, no apoyó y
hasta estuvo en contra de las revoluciones cubanas y sandinista que se produjeron
cuando todavía el mundo se organizaba desde una perspectiva bipolar. Los procesos
triunfantes en Cuba y Nicaragua no respondían a esa lógica, eran movimientos de
liberación nacional arraigados en ideas nacionalistas y revolucionarias propias (Martí y
Sandino) bastante desconocidos y alejados de la discusión de la izquierda tradicional
de la región.
Todas las fuerzas de izquierda, socialistas y revolucionarias, hasta los comunistas, no
sin resistencias, corrieron a incorporarse a la nueva ola revolucionaria de izquierda
que estos hechos históricos significaron. Casi unánimemente, con algunas salvedades,
sobre todo de algunos sectores trotskistas, dieron su soporte a la novedad que
emanaba de victorias populares en el “patio trasero” del imperio… y que se habían
logrado sin el patrocinio de la Unión Soviética e incluso con su oposición. Ambos
procesos en su momento, significaron fuertes impulsos a la lucha y a la unidad de la
izquierda.

La revolución bolivariana se produjo en otro contexto y en otras circunstancias, tres
de ellas muy importantes: en primer lugar, ya no existía el mundo bipolar y Estados
Unidos campeaba a sus anchas en el planeta. Segundo, no emanó de una guerra
revolucionaria de liberación nacional ni de una insurrección popular armada sino que
llegó al poder por vía electoral, (tal como lo había hecho la Unidad Popular con
Salvador Allende en Chile en la década de los 70 del siglo pasado) derrotando a todo el
entramado de control imperial que por cuarenta años se había entronizado en
Venezuela. Finalmente, a diferencia de las anteriores, el proceso bolivariano no fue
conducido por organizaciones políticas ni líderes encumbrados a partir de la lucha
armada revolucionaria, sino que por una organización naciente con un líder procedente
de las fuerzas armadas del régimen imperante que salió de él para llevar al pueblo a la
victoria. 
Tal escenario, una vez más, llevó al reacomodo de las fuerzas de izquierda, pocas
fueron las que desde un primer momento confiaron en el impulso revolucionario que el
comandante Hugo Chávez le dio a las fuerzas patrióticas del país. Apegados a cierto
conservadurismo teórico, la mayoría no observaba con buenos ojos que un militar
derivado de las fuerzas armadas, pudiera desencadenar y liderar un proceso de
transformación revolucionaria y cultural de la sociedad. 
En esas condiciones se comenzó a desarrollar el proceso bolivariano. Largo sería
mencionar todos los hitos por los que debió transcurrir y no es objetivo de este
trabajo hacerlo. Solo decir que el asombro inicial, fue dando paso a la simpatía y de
esta a un apoyo que pareció tener su verificación en el hecho de que, en abril de 2002,
Estados Unidos organizó, financió y estructuró un golpe de Estado para derrocar al
Comandante Chávez.
El hecho, que determinó opiniones encontradas en lo que hasta ese momento se
denominaba izquierda latinoamericana, dio paso al estupor cuando por primera vez en
la historia de la región una alianza del pueblo con los militares dio cuenta de la
intentona y en menos de 72 horas repusieron al comandante Chávez en el poder. De
ahí en adelante, las variopintas “izquierdas” ya no sólo apoyaban, sino que buscaron
cobijo y hasta financiamiento en este poderoso país que, a diferencia de Cuba,
Nicaragua, sostenidas por el heroísmo y la resistencia de sus pueblos, contaba con la
mayor reserva de petróleo del mundo, misma que el Comandante Chávez quiso poner al
servicio de la liberación de los pueblos. 

Aparecieron “genios de la izquierda” (sobre todo intelectual), de toda la región y del
mundo, que sabían de todo pero que habían hecho poco y nada en sus países solicitando
“aportes” para los más inverosímiles proyectos a cambio de “salvar a Venezuela”.
Ofrecían sus “brillantes e “imprescindibles servicios” para hacer lo que los
venezolanos supuestamente no sabemos, que parecía que era casi todo. Contrastan con
la impecable vocación internacionalista de Cuba y de
algunos luchadores revolucionarios que de forma modesta, silenciosa y solidaria han
venido a apoyar en serio a Venezuela.
No se daban cuenta que el pueblo venezolano hizo una revolución y la ha sostenido en
las barbas del imperio, mientras que ellos se han limitado a escribir unos cuantos
libros y artículos resultando insignificantes personajes en sus propios países. Esa
“fauna” constituida por lo que podría denominarse “mercenarios de izquierda”
formaron y aún forman parte del oportunismo que es también un eslabón de este
amplio espectro que configura la llamada “izquierda” del siglo XXI. Desde el año 2000,
han saltado de proceso en proceso en América Latina , en algunos casos con gran éxito
sobre todo para sus bolsillos.
CONTINUARÁ

Las elecciones venezolanas, el interés de Estados Unidos y la guerra prolongada

Por Henry Pacheco

Si no hubiera una crisis civilizatoria que ha puesto los valores y principios patas para arriba —el mundo asistiendo inerme a un genocidio filmado en tiempo real, y la desaparición de la faz de la tierra del derecho internacional— sería imposible comprender por qué casi todo Occidente está reclamando en diversos ton
Las elecciones venezolanas, el interés de Estados Unidos y la guerra prolongadas a un gobierno soberano que demuestre con documentos respaldatorios que ha ganado las elecciones.

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Añadir hidrógeno al petróleo pesado es una alternativa viable para hacerlo más fluido

Por: WERTHER SANDOVAL

En la obligante y satisfactoria tarea de alcanzar la independencia tecnológica en el mundo de los hidrocarburos, algunos trabajadores de Pdvsa manejan con insistencia la tesis de hacer más fluidos los crudos extraídos de la Faja del Orinoco, mediante la sustitución del actual sistema de mejoramiento, basado en la extracción de carbono y mezcla de crudos, por métodos alineados a la adición de hidrógeno.

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