Por: Carlos González Penalva
Hay un truco viejo —y todavía muy eficaz— en la guerra informativa: hacer que el agresor actúe también como “notario” del hecho. Primero golpea; después
dicta cómo debe entenderse el golpe. Cuando el estándar pasa a ser “lo dijo el
poder”, la verdad pública deja de ser verificable y se convierte en un producto de
autoridad.


