Violencia Sexual y Reproductiva en Palestina: las Mujeres como Blanco Estratégico del Genocidio

Por Carolina Bracco* – LatFem

Lejos de ser un “daño colateral”, la violencia sexual y reproductiva contra las mujeres palestinas forma parte de una estrategia colonial de larga duración. El genocidio en Gaza se inscribe en una lógica demográfica que busca impedir la reproducción de la vida palestina y aniquilar no solo el presente, sino también la posibilidad de futuro.

El genocidio en Gaza debe ser comprendido como la fase más reciente de un proyecto colonial de asentamiento que, desde sus orígenes, tuvo como objetivo la eliminación de la población originaria palestina con el fin de garantizar la supremacía judía sobre el territorio. Lejos de constituir un episodio excepcional, la violencia actual se inscribe en una Nakba continua, iniciada en 1948 y jamás interrumpida.

Ese año, bajo el amparo del Mandato Británico, las milicias sionistas llevaron adelante una limpieza étnica sistemática que forzó a más de 750.000 personas a abandonar sus hogares. Más del 80% de la población nativa fue expulsada del territorio que poco después sería declarado Estado de Israel. Esta violencia fundacional -acompañada de más de 13.000 asesinatos- produjo en pocos meses una transformación radical de la composición demográfica: la población judía pasó de representar aproximadamente el 30% al 81% del total. El objetivo era reemplazar a la población existente, sentando las bases de un orden colonial cuya lógica eliminatoria continúa operando hasta el presente.

Pero a diferencia de otros procesos de asentamiento, el proyecto colonial no terminó: se naturalizó. Israel fue reconocido por la comunidad internacional sin exigirle justicia, reparación ni retorno para la población desplazada. 

A pesar de las expulsiones masivas de 1948 y 1967 -que afectaron a 250.000 personas-, de la inmigración de más de un millón de judíos de la ex Unión Soviética entre 1990 y 2000, y de las múltiples matanzas, la proporción de población palestina en el conjunto del territorio entre el río Jordán y el mar Mediterráneo nunca dejó de aumentar.

En el año 2000, los colonos judíos y sus descendientes representaban el 52% del total. Para 2010, eran apenas el 49%. Diez años después, solo el 47%. Estos son datos aportados por el académico palestino Joseph Masad, quien ve en el genocidio actual una estrategia política clara; la única que permitiría preservar la supremacía de los colonos sobre el territorio histórico palestino.

La preocupación sobre el desbalance demográfico ha estado siempre en la retórica y la política israelí; ya desde los años 70, la entonces primer ministra Golda Meir -la misma que decía que los palestinos “no existían”- declaraba que se iba a dormir preocupada pensando cuántos niños árabes nacerían durante la noche. Cuatro décadas más tarde, la ministra de justicia Ayelen Shaked  declaró abiertamente que había que dispararles a las mujeres palestinas embarazadas porque “dan a luz a pequeñas serpientes”. 

En tanto reproductoras de la vida y de la continuidad nacional, las mujeres palestinas han sido históricamente construidas por el régimen colonial como amenazas demográficas. En este marco, la violencia sexual, obstétrica, física y simbólica ejercida contra ellas ha sido una práctica persistente y estructural. Su finalidad es intervenir sobre la reproducción de la vida palestina y quebrar su continuidad en el tiempo.

El genocidio debe entenderse precisamente en estos términos: como la destrucción sistemática de un pueblo, que no se limita a la eliminación física directa, sino que opera también a través del bloqueo, el asedio prolongado, la hambruna inducida, la producción de trauma colectivo y la aniquilación de los horizontes de presente y de futuro. En este proceso, los cuerpos de las mujeres se convierten en un campo central de disputa, donde la violencia reproductiva funciona como una tecnología orientada a impedir la persistencia misma del pueblo palestino.

“Reprocidio”: aniquilar el presente y el futuro

Lo que está en el centro del genocidio es la eliminación de la vida. Y por eso, la resistencia a ese intento de borramiento no solo pasa por la supervivencia inmediata, sino también por la capacidad de reproducir la vida: de gestar, de parir, de criar. Hoy, en Gaza, eso es prácticamente imposible. La violencia reproductiva se manifiesta en todos los niveles: no hay hogares, no hay intimidad posible, no hay médicos especialistas, no hay tratamientos de fertilidad. Las violaciones dejan huellas traumáticas en los cuerpos que afectan directamente la posibilidad de gestar. Entre 2022 y 2025, los abortos espontáneos aumentaron un 300% y la natalidad cayó un 41%. Y aún si una mujer logra concebir, ¿en qué condiciones va a parir? Sin hospitales, sin cuidados neonatales, sin anestesia para las cesáreas. Y si da a luz y el bebé sobrevive, lo espera el frío y la hambruna: madres desnutridas, sin acceso a leche materna, sin leche de fórmula, sin agua potable, sin inmunidad básica.

Este conjunto de prácticas es definido por la académica gazatí Hala Shoman define como reprocidio: una forma específica de violencia colonial que apunta a desmantelar las estructuras reproductivas de una población para eliminarla no solo en el presente, sino también en su potencial de futuro.

El caso paradigmático fue el bombardeo del centro de fertilidad Al Basma, el más grande de Gaza, en diciembre de 2023. Un misil destruyó más de 4.000 embriones y más de 1.000 muestras de esperma y óvulos no fecundados. El doctor Bahaeldeen Ghalayini, fundador del centro, describió la magnitud del ataque con una frase desgarradora: “5.000 vidas en un solo proyectil”. Este ataque deliberado forma parte de una política sistemática y sostenida de aniquilación reproductiva, que abarca desde la destrucción de hospitales materno-infantiles hasta el impedimento de partos seguros, el uso de violencia sexual en cárceles, el envenenamiento ambiental, la destrucción de viviendas y la imposibilidad estructural de criar o amamantar en condiciones mínimas de dignidad.

A ello se suma el colapso total del sistema sanitario, la falta de electricidad en incubadoras, la multiplicación de partos sin anestesia ni insumos, el incremento exponencial de cesáreas de urgencia y de histerectomías realizadas para evitar hemorragias fatales. En algunos casos, médicos han tenido que realizar cesáreas post mortem para salvar a bebés de los vientres de sus madres asesinadas. 

Las condiciones de parto y crianza en refugios improvisados -muchos de ellos rodeados por tanques israelíes o sin acceso a agua, alimento ni privacidad- han generado un entorno de trauma estructural y desesperanza. Muchas mujeres expresan el deseo de volver a tener a sus hijos dentro del cuerpo, como única forma de protegerlos.

En paralelo, los ataques contra la reproducción no se limitan a Gaza. En las cárceles israelíes, se multiplican los relatos de violencia sexual y tortura con impactos directos sobre la salud reproductiva. Estas agresiones no solo buscan dañar cuerpos individuales: buscan humillar, quebrar, implantar el terror, desmantelar el entramado íntimo de la vida palestina, borrando las posibilidades de maternidad, paternidad o intimidad compartida.

Violencia sexual como tecnología colonial

La violencia sexual no es un fenómeno reciente ni marginal, sino que ha estado en el centro de las prácticas colonizadoras desde el inicio. Ha sido política sistemática de los gobiernos laboristas y de derecha por igual. En la masacre de Deir Yassin, el 9 de abril de 1948, se reportaron violaciones masivas a mujeres y niñas palestinas. Según el historiador Ilan Pappé, los líderes sionistas anunciaron con orgullo el número elevado de víctimas para sembrar el pánico. Huir era, en esas condiciones, la única opción racional. Desde entonces miles de niñas y mujeres, pero también hombres y niños, han sido víctimas de violaciones, tortura genital, feminización forzada, castración como parte de una tecnología colonial sistemática de dominación.

El centro de detención Sde Teiman, donde hay más de 4.000 gazatíes detenidos desde el 7 de octubre, se ha convertido en un centro de tortura aún más cruel que Guantánamo o Abu Ghraib. Las denuncias de violación y abuso sexual son múltiples. En lugar de procesar a los agresores, se ha visto a sectores de la sociedad israelí manifestarse en defensa de los soldados acusados.

Las dinámicas de género y sexualidad son fundamentales para comprender la estructura del colonialismo israelí. La dominación opera a través de la feminización del enemigo: violar a una mujer palestina es humillar a su comunidad; feminizar al varón colonizado es castrarlo simbólicamente; desmembrar un cuerpo es convertirlo en desecho.

La masculinidad blanca, colonial y sionista se impone no solo por la fuerza, sino también por el discurso. En los medios hegemónicos y en los sectores liberales de Occidente, los palestinos son presentados como bárbaros, violentos, misóginos, fanáticos, o simplemente como números sin rostro.

Esta operación discursiva configura lo que Orlando Patterson definió como “muerte social”: el despojo simbólico de la agencia, la historia y la pertenencia al género humano. En este marco, la violación de los cuerpos palestinos es una herramienta. Y su impunidad, un síntoma de deshumanización estructural.

En la práctica, esto se traduce en una política genocida integral donde la destrucción deliberada de escuelas, hospitales, universidades, bibliotecas, iglesias, mezquitas, redes de agua y energía, es una estrategia sistemática para impedir la reproducción social palestina. Lo que se busca destruir no es solo el presente, sino la posibilidad de un futuro colectivo. Es una violencia que afecta a los cuerpos, pero también a los saberes, a los afectos, a la memoria, a las formas de vida.

Sostener la vida bajo condiciones de muerte

En este contexto de violencia absoluta, afirmar la vida se convierte en un acto insurreccional. Sin embargo, no todas las familias pueden o desean reproducirse. Muchas mujeres han expresado públicamente su decisión de evitar embarazos durante el genocidio, ante el colapso sanitario y el riesgo extremo de muerte materna o infantil. Como escribió Hala Shoman en redes sociales en agosto de 2024: “Piensen bien antes de traer niños al mundo. Las tasas de aborto espontáneo se han triplicado. Las madres mueren desangradas. No hay leche, ni comida, ni medicamentos. Esto es un ruego envuelto en amor y en miedo”. Estas palabras condensan el dilema ético y político que enfrentan quienes desean continuar una vida afectiva y familiar en medio de un régimen de exterminio.

Al mismo tiempo, esta negativa temporal a la reproducción no contradice el impulso afirmativo de vida, sino que forma parte de una ética del cuidado y de una política de la protección frente al exterminio. Como señala Shoman, resistir no significa solo tener hijos; significa hacer posible las condiciones de vida. Y eso, en Gaza, hoy es una forma radical de lucha.

Sostener la vida bajo condiciones de muerte implica desafiar el marco jurídico que define el genocidio solo en términos de cifras de muertos. Destruir la capacidad de reproducción, imponer el duelo permanente, clausurar el horizonte, impedir la crianza, criminalizar la infancia y aislar el deseo son formas de aniquilación que el derecho internacional sigue sin reconocer plenamente.

La historia de las mujeres palestinas es la historia de Palestina. Es una historia de resiliencia y de resistencia, de ocupación y exilio, pero también de continuidad y lucha por la posibilidad misma de existir, de continuar, de vivir con dignidad. Se trata de una lucha que no es sólo por la liberación, sino también contra la eliminación.

Las mujeres palestinas, en este contexto, no son solo víctimas. Son sujetas activas de resistencia. En sus cuerpos se inscribe el proyecto de exterminio, pero también la obstinada voluntad de vivir. Y mientras siga habiendo vida que se defienda, que se reproduzca, que se narre, habrá futuro para Palestina. 

*Carolina Bracco, politóloga, Dra. en culturas árabe y hebrea, escritora e investigadora.

La Junta de la Paz de Trump Consolida un Proyecto Colonial para Gaza

Por Alejandro López*

De ser legitimado a nivel internacional, este proyecto no solo impondría unas nuevas normas del mundo lideradas abiertamente por el trumpismo, empezando por Gaza, sino que supondría un intento de privatización de la ONU.

Ya está aquí la paz. Una paz con características estadounidenses. Que la gobernanza de Palestina no iba a quedar en manos de la soberanía popular palestina era conocido por todos. Pero las dimensiones del proyecto de la Junta de la Paz que ha presentado el republicano llevan el futuro de Gaza a dimensiones completamente ajenas al autogobierno.

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Acusan a Israel de impedir entrada de ayuda médica a Gaza

La situación sanitaria y humanitaria en la Franja de Gaza alcanzó niveles catastróficos por los ataques y el bloqueo de Israel, que impide la entrada de suministros médicos de emergencia, denunció hoy una fuente oficial.

El Ministerio de Salud de Gaza renovó en un comunicado su llamado de ayuda ante la grave crisis que sufre el territorio, bajo fuego desde octubre de 2023.

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El costo de ser dirigidos por un cínico

Por : Juan Hernández Machado

En las democracias representativas los pueblos tienen muchas dificultades para elegir los dirigentes que realmente puedan representar sus intereses, promoverlos y producir el desarrollo que ellos necesitan.

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GHF: El brazo “humanitario” del genocidio en Gaza

By María Teresa Felipe Sosa*

Frente al cinismo de quienes intentan redefinir el humanitarismo con parámetros coloniales, corresponde a la comunidad internacional, y a los pueblos del mundo, alzar la voz. Porque no se puede ser neutral ante el genocidio. Porque el silencio, también, mata

En medio del brutal asedio contra la Franja de Gaza, donde el Estado sionista de Israel ejecuta un genocidio metódico y sostenido contra el pueblo palestino, se ha puesto en marcha una nueva farsa: la Gaza Humanitarian Foundation (GHF). Presentada como una alternativa “neutral” de asistencia, esta organización no es más que una extensión de la maquinaria de ocupación y exterminio, respaldada abiertamente por Israel y Estados Unidos, cuyo objetivo es desplazar a Naciones Unidas y manipular la ayuda humanitaria en función de intereses coloniales.

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Político opositor israelí: “Las FDI matan bebés como pasatiempo”

Yair Golán, líder de la oposición política en Israel, causó controversia en el país al arremeter este lunes contra las Fuerzas de Defensa de Israel durante una entrevista para la emisora de radio KAN Reshet Bet.

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Gaza: entre el colapso humanitario y la ocupación total

La reciente aprobación por parte del gabinete ministerial israelí de un plan para ocupar de forma permanente la Franja de Gaza marca un giro decisivo en el curso de la guerra contra Hamás. Esta decisión trasciende el ámbito militar: redefine el conflicto como un proyecto de control territorial y transformación demográfica, cuyas implicaciones vulneran flagrantemente el derecho internacional humanitario.

Por Mauricio Trujillo Uribe *
Las agencias de prensa informan de un nuevo plan aprobado este domingo por el gabinete ministerial israelí: suspende las incursiones temporales y plantea la ocupación total del enclave, con presencia continua de fuerzas israelíes. Voces oficiales, como la del ministro de Finanzas Bezalel Smotrich, han sido explícitas: “Vamos a ocupar Gaza para quedarnos. No habrá más entrar y salir”.

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Periodistas en Gaza: ¿objetivo militar de Israel?

Por: Mauricio Trujillo Uribe  
París 09/04/2025. –  En la madrugada del 7 de abril, la ciudad suroccidental de Jan Yunis, en la Franja de Gaza, fue escenario de un nuevo ataque israelí contra la prensa. Un dron israelí lanzó un proyectil sobre una tienda de campaña utilizada por periodistas palestinos, ubicada junto al Hospital Nasser. Allí dormía una decena de reporteros de diversos medios. El ataque dejó un saldo de dos muertos, Hilmi Al Faqawi y Yousef Al Jazindar, y ocho heridos, algunos de los cuales trabajaban para medios como la BBC, de Londres, y la agencia turca Anadolu. La explosión también pulverizó equipos y archivos de su labor informativa.

Según el Centro Palestino para la Protección de Periodistas (CPJP), la tienda estaba claramente identificada con la palabra ‘Prensa’ y en un comunicado calificó el hecho como una “clara violación del derecho internacional humanitario”. El ejército israelí afirmó que el blanco era un miembro de Hamás y que “nunca han atacado ni atacarán deliberadamente a periodistas”. Reporteros sin Fronteras (RSF), con sede en París, rechazó categóricamente esta versión al considerar que tales señalamientos no constituyen «ninguna prueba concluyente de afiliación, ni un permiso para matar». Al Jazeera, la cadena catarí para la que trabajaba uno de los periodistas fallecidos, elevó su voz para instar a la comunidad internacional a condenar el «asesinato sistemático de periodistas». El asalto perpetrado por Hamas el 7 de octubre de 2023, dejando un saldo de más de 1.200 israelíes asesinados, en su mayoría mujeres, niños y ancianos indefensos, y el secuestro de cerca de 250 civiles conducidos como rehenes a la Franja, desató la guerra de Israel contra ese movimiento islamista. Los testimonios y videos que emergen de su cautiverio dan cuenta del escalofriante drama que sufren estas víctimas de ese acto terrorista y crimen de guerra tipificado en el Estatuto de Roma. Desde entonces varias organizaciones internacionales han señalado lo que al parecer ya hoy resulta evidente: existe un patrón de ataques contra periodistas, no se trata de «daños colaterales». Las cifras hablan por sí solas. El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York, eleva a más de 170 los profesionales de la información que han perdido la vida y exige una investigación exhaustiva sobre la posible comisión de asesinatos premeditados por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). La sombra de la intencionalidad se cierne sobre la muerte de estos profesionales: testimonios, imágenes, grabaciones y datos de geolocalización, confirman que estos trabajadores de la información estaban visiblemente identificados como prensa. La FIP ha llevado su demanda un paso más allá: ha denunciado formalmente al Estado de Israel ante la Corte Penal Internacional (CPI), acusándolo de atacar deliberadamente a periodistas en Gaza, considerándolos objetivo militar. Son ilustrativos los casos de Hamza Al Dahdouh, camarógrafo de Al Jazeera, y Mustafa Thuraya, colaborador de la agencia France-Presse (AFP), asesinados el 7 de enero en un ataque aéreo israelí en Khan Younis. A pesar de que el vehículo en el que viajaban estaba claramente identificado con la palabra ‘Press’, fueron víctimas de la violencia israelí mientras cumplían con su labor informativa. Los periodistas que resisten en Gaza continúan trabajando en condiciones extremas, operan desde hospitales en condición precaria o tiendas improvisadas, con conexiones a internet inestables y recursos técnicos mínimos. A la escasez de electricidad, agua potable, alimentos y medicinas, consecuencia del bloqueo israelí, se suma al peligro constante de los bombardeos. Algunos han perdido a sus seres queridos y colegas, pero su compromiso con la verdad persiste ante el horror cotidiano. Informan impulsados por la profunda convicción de que el mundo no puede ni debe cerrar los ojos ante el desastre que se desarrolla en Gaza. La restricción impuesta por Israel al acceso de corresponsales de guerra internacionales a la Franja de Gaza revela a su vez una estrategia deliberada del gobierno israelí para controlar el flujo de información. El Ejército solo ha autorizado la entrada a un número limitado de periodistas extranjeros en visitas estrictamente guiadas y supervisadas. Ante esta situación, la Asociación de Prensa Extranjera (FPA) de Israel ha recurrido al Tribunal Supremo del país al presentar una petición formal para que se permita la presencia de medios internacionales independientes. Informar sobre este conflicto ha sido y sigue siendo un desafío monumental. En Gaza, casi dos millones de personas han sido desplazadas. Con un balance trágico de cerca de 51.000 fallecidos y 120.000 heridos, según el Ministerio de Sanidad palestino, la Corte Penal Internacional ha emitido órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su entonces ministro de Defensa, Yoav Gallant, por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. En ausencia de hechos verificados, es la desinformación la que toma el lugar. Sin cámaras ni testimonios, la narrativa de la potencia ocupante pretende imponerse. Es igualmente una forma de mantener la impunidad. Hoy más que nunca la comunidad internacional debe actuar con urgencia para proteger a los periodistas que arriesgan sus vidas: se requieren mecanismos de reacción inmediata, presión diplomática, sanciones internacionales y firmeza de la justicia penal internacional, Recae sobre los hombros de los periodistas la crucial tarea de seguir informando al mundo sobre una guerra que ha derivado en lo que muchos ya califican de genocidio.
Foto: Diaa Hadid, para Associated Press /CAMBIO COLOMBIA

Gaza: el espíritu de la resistencia

Por:Antonio Garcìa

La violencia que envuelve a Gaza se ha convertido en un espiral que amenaza con consumir todo el Oriente Medio. Desde Nuestra América, observamos con profunda preocupación cómo esta tragedia humanitaria alcanza dimensiones sin precedentes: 43,000 vidas perdidas, en su mayoría niños, mujeres y ancianos, en lo que puede describirse como un holocausto moderno transmitido en tiempo real.

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Escolasticidio, o genocidio de la comunidad educativa, en Gaza

Por Renán Vega Cantor

Con todo el dolor del alma este escrito está dedicado a los niños palestinos que soportan el escolasticidio y a Marisol y Lucía, mis queridas hijas.

“La educación y todo el proceso educativo, junto con todos sus componentes, instalaciones e instituciones, están en el centro del objetivo sionista israelí. Este ataque es sistemático, es un asalto calculado, según la clasificación de las organizaciones de derechos humanos”. -Kram Wadi, profesor adjunto de Currículo e Instrucción en la Universidad Al-Aqsa

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