Por. Henry José Pacheco
Ota Benga fue un joven de la etnia Mbuti (del Congo) cuya historia representa uno de los capítulos más crueles de la pseudociencia y el racismo institucional de principios del siglo XX.
¿Quién fue Ota Benga?
Ota Benga nació en la selva de Ituri, en lo que entonces era el Estado Libre del Congo. En 1904, fue comprado a traficantes de esclavos por el explorador estadounidense Samuel Phillips Verner, quien tenía la misión de reclutar «pigmeos» para ser exhibidos en la Exposición Universal de San Luis.
La exhibición en el Zoológico del Bronx
Tras el fin de la feria de San Luis, Benga fue llevado a Nueva York y, en 1906, terminó en el Zoológico del Bronx. Allí ocurrió el hecho más infame: fue exhibido en la «Casa de los Monos» junto a un orangután llamado Dohong.
El director del zoológico, William Hornaday, fomentó esta exhibición bajo premisas racistas, presentándolo como una suerte de «eslabón perdido» o una forma de vida humana inferior. Benga era obligado a cargar al orangután y a disparar flechas frente a una multitud que se burlaba de él.
¿Por qué fue exhibido de esa manera?
La razón principal fue la influencia de las teorías del racismo científico y el darwinismo social de la época.
Justificación Ideológica: Muchos científicos y académicos de entonces buscaban pruebas físicas para jerarquizar a las razas humanas, colocando a los africanos en los peldaños más bajos, cerca de los primates.
Espectáculo y Lucro: Las exhibiciones de seres humanos (conocidas como «zoológicos humanos») eran extremadamente populares y rentables en Europa y Estados Unidos, alimentando la curiosidad morbosa del público bajo una falsa apariencia de educación antropológica.
Su trágico final
A pesar de la indignación de algunos grupos de ministros afroamericanos que lograron sacarlo del zoológico, Benga nunca pudo regresar a su hogar debido al estallido de la Primera Guerra Mundial y la falta de recursos.
Se mudó a Virginia, donde intentó adaptarse a la vida estadounidense, trabajando en una fábrica de tabaco e incluso modificando sus dientes (que habían sido afilados según la tradición de su cultura). Sin embargo, el trauma y la imposibilidad de volver a su tierra lo sumieron en una profunda depresión. En 1916, a los 32 años, Ota Benga se quitó la vida.
