Por Henry José Pacheco.
La contradicción percibida entre un discurso antiimperialista y la autorización de operaciones aéreas a una potencia extranjera toca el núcleo de la realpolitik (la política basada en circunstancias prácticas y de poder, más que en la pura ideología).
El otorgamiento de este permiso puede analizarse desde distintas perspectivas dentro del tablero geopolítico actual de Venezuela:
- La Perspectiva de la Claudicación y la Presión Externa
Desde la óptica de la soberanía estricta y el discurso nacionalista, este evento es interpretado por diversos analistas y sectores de la población como un síntoma de vulnerabilidad y pragmatismo forzado. Los argumentos que sostienen esta postura incluyen:
Asimetría de Poder: La autorización se da tras hitos de enorme tensión (como los cambios políticos a principios de año y el restablecimiento de relaciones en marzo). Permitir aeronaves militares —así sean de transporte o médicas— en el espacio aéreo de la capital puede ser visto como una concesión obligada para mantener canales abiertos con Washington.
Supervivencia Económica: El gobierno venezolano necesita alivio financiero y la flexibilización de sanciones (como las licencias petroleras y el regreso de vuelos comerciales). En la mesa de negociación, los «protocolos de seguridad» de las misiones diplomáticas suelen ser exigencias no negociables para mantener embajadas operativas.
El Mensaje Interno: Para los sectores más radicales del chavismo, ver aeronaves estadounidenses sobre Caracas resulta difícil de asimilar discursivamente, lo que genera la sensación de que existen acuerdos tras bambalinas que el ciudadano común desconoce.
- La Perspectiva del Reconocimiento y la Institucionalidad
Por otro lado, la narrativa oficial del Estado venezolano y los defensores de la medida argumentan que esto no es una entrega de soberanía, sino una demostración de control institucional:
Soberanía Ejercida, no Cedida: El comunicado de la Cancillería enfatiza que el ejercicio fue solicitado por EE.UU. y autorizado bajo las leyes venezolanas. Desde este punto de vista, coordinar el ejercicio con el INAC y la Cruz Roja reafirma que el gobierno venezolano es quien ejerce la autoridad territorial y aérea, obligando a la potencia extranjera a pedir permiso y acatar las reglas locales.
Reciprocidad Diplomática: Bajo la Convención de Viena, los Estados receptores deben garantizar la seguridad de las misiones diplomáticas. Si el gobierno venezolano busca normalizar su estatus internacional y ser reconocido plenamente, debe cumplir con estos estándares globales de protección a embajadas.
- ¿Qué hay detrás? La Geopolítica del Tablero Actual
La situación real sugiere que Venezuela se encuentra en una fase de transición y reacomodo estratégico:
Diplomacia de Coexistencia: Tras años de ruptura total, la reapertura de las embajadas y la cooperación técnica demuestran que ambos gobiernos han decidido pasar de la confrontación absoluta a una fase de coexistencia pragmática.
Flexibilidad por Necesidad: Ningún gobierno opera en el vacío. Incluso los Estados con discursos fuertemente antiimperialistas (como China o Vietnam en su momento) realizan concesiones, firman acuerdos comerciales y permiten protocolos bilaterales con EE.UU.
cuando la estabilidad económica o la distensión política del país lo requieren.
Conclusión
¿Existe presión norteamericana? Histórica y actualmente, sí; las sanciones y la posición de Washington son factores de presión constantes sobre el Estado venezolano.
La autorización de este simulacro puede verse de dos formas: como la evidencia de un gobierno debilitado que cede espacio ante la presión externa para asegurar su permanencia, o como el costo pragmático que un Estado decide pagar para normalizar sus relaciones internacionales y aliviar el ahogo económico,
manteniendo el control formal de la operación. Ambas lecturas coexisten en el análisis de la realidad venezolana actual.
FDoto: WEB
Titular: Colarebo
