Por: Juan Contreras
Bajo la resucitada Doctrina Monroe, retornan los corsarios modernos: Donald Trump y Marco Rubio imponen una política de pillaje directo para apoderarse geopolíticamente de Colombia y Venezuela. No buscan la democracia ni combatir carteles, sino saquear nuestros territorios para saciar sus intereses corporativos y particulares.
En Colombia, esta ofensiva imperial se articula con la casta mafiosa y defensores del paramilitarismo como Abelardo de la Espriella, operadores políticos que amasaron fortunas protegiendo al narcotráfico y sirviendo de cipayos sumisos a los amos del norte.
El objetivo real de estos supremacistas es el petróleo, el oro y las riquezas minerales de la región. Ante este asedio, cualquier componenda, cálculo pragmático o pacto cupular con Trump solo legitima al opresor, desmoraliza a los pueblos y fractura la narrativa antiimperialista.
Nuestra América no se arrodilla ante corsarios ni negocia con sus verdugos. El Pueblo nacional exige coherencia radical: frente a la política neocolonial, la única salida es la organización popular, la soberanía sin concesiones y la lucha implacable contra el imperio.
Caracas, Venezuela 🇻🇪
Septiembre 2026.
Desde la Esquina del Barrio
