Ayacucho: “La más gloriosa batalla del Nuevo Mundo”

Por: Sergio Rodriguez Gelfenstein

Cuando el Libertador Simón Bolívar llegó al Perú el 1 de septiembre de 1823 se encontró un escenario muy complicado. Existían fuertes contradicciones entre José de la Riva-Agüero y el Marqués de Torre Tagle. El país tenía dos presidentes, dos gobiernos y dos Congresos. En Colombia, aunque la situación era mejor, también había dificultades que retrasaron la autorización a Bolívar para que pudiera marchar al Perú.

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La izquierda en América Latina. Tendencias y perspectivas (I)

Por: Sergio Rodriguez Gelfeinstein
Hacer una valoración sobre el papel de las fuerzas de izquierda en la América Latina
después de las elecciones en Venezuela, entraña un verdadero reto que obliga a
realizar una revisión conceptual del término “izquierda” toda vez que, desde mi
perspectiva, es una definición caduca y descontextualizada que no refleja la realidad
actual por lo cual conduce a errores que no permiten llegar a conclusiones acertadas.


Debe recordarse que el moderno término “izquierda” proviene de la revolución
francesa cuando se relacionó con opciones políticas que propugnaban un cambio
político y social, mientras que el término «derecha» quedó asociado a las que se oponían
a dichos cambios. El lugar donde se sentaban los diputados que apoyaban o no, leyes a
favor o en contra de la monarquía en las sesiones de la Asamblea Nacional de Francia
en tiempos de la revolución de 1789, marcaron para el futuro una concepción que
respondía a las condiciones del debate que se producía en esa época revolucionaria,
pero que no tienen vigencia alguna en el mundo de hoy cuando tras 230 años se han
producido profundas transformaciones económicas, políticas y sociales en el planeta
que han significado mutaciones en el devenir de la acción y el pensamiento político.
En este ámbito, se debe considerar que el basamento fundamental sobre el que se
sustentaba el pensamiento revolucionario de aquella época eran las ideas republicanas
y la democracia por oposición a la monarquía y el absolutismo. La burguesía naciente
encarnaba las ideas de progreso, libertad, igualdad y fraternidad, algunas de las
cuales también están caducas, no porque hayan perdido validez, sino que, por haberlas
despojado de su contenido transformador, resultan vacuas y excluyentes.
El término fue evolucionando con el tiempo, comenzó a vincularse con el liberalismo y
posteriormente con el socialismo democrático y el laborismo hasta llegar al socialismo
científico de Marx y Engels. Así mismo, a la izquierda se le comenzó a asociar con las
luchas sociales de los obreros en favor de mejores condiciones de vida y trabajo. En
los siglos XIX y XX las ideas de izquierda se asociaron a la de revolución y  la lucha de
clases contra toda explotación y alienación de los trabajadores y los pueblos, pero
también, a las de reformismo en un debate inacabado que aún hoy tiene presencia y no
solución.
De la misma manera, el paradigma de progreso y el progresismo como su consecuencia
-tan en boga en la actualidad- tuvo su origen en la Europa occidental también en el

siglo XIX. Se le asoció indistintamente con revolucionarios y reformistas en tanto
unos propugnaban una transformación estructural de la sociedad capitalista, y otros,
solo algunas variaciones que condujeran a mejoras en el marco del sistema.
Debe decirse que toda esta terminología ha ido evolucionando en el tiempo (en
particular la relacionada a los conceptos de izquierda, revolución, reforma, y progreso)
cuyo origen -como se dijo- se remonta al siglo XIX. En ese período, la revolución
industrial, la consolidación del capitalismo como sociedad de clases triunfante y su
victoria frente al feudalismo en la llamada guerra civil de Estados Unidos a mediados
de esa centuria conduciendo a su transformación en primera potencia mundial (antes
de que finalizara ese siglo), devinieron en el arraigo de la burguesía como clase
dominante que se ubicaba ahora a la derecha del espectro político.
A. partir de la oleada revolucionaria en Europa en 1848 que definió con claridad a la
oposición de izquierda desde la perspectiva de la defensa de los intereses del
movimiento obrero, el progresismo dejó de ser revolucionario para orientarse
claramente hacia el reformismo.
En esta medida, el modelo de democracia liberal de carácter representativo se impuso
como instrumento de lucha de la burguesía mientras fue revolucionaria en su lucha
contra la monarquía y el absolutismo. Doscientos años después, sigue siendo lo mismo:
una herramienta del poder burgués. Eso no ha cambiado, solo que ahora se utiliza
contra el pueblo y los trabajadores y, en general a favor de mantener la exclusión y la
utilización del Estado en beneficio de una minoría. La lucha por la democracia y la
soberanía popular y por la democratización permanente de la sociedad obliga a ampliar
el concepto. No basta con que la democracia sea solo representativa, debe ser además
participativa, consultiva y debe garantizar el protagonismo y el ejercicio del
poder popular.
Este debate, colocado en el mundo del siglo XXI y específicamente en América Latina,
supera lo estrictamente conceptual, toda vez que obliga a países, gobiernos,
parlamentos, partidos y movimientos sociales a definiciones concretas respecto del
devenir de los hechos que conforman el escenario político actual.
Se podría establecer el análisis a partir de los acontecimientos revolucionarios más
trascendentes desde el fin de la segunda guerra mundial en la región: son ellos la
revolución cubana en 1959, la victoria de salvador Allende en Chile en 1970 iniciando
un proceso pacífico de transformación de la sociedad, la revolución sandinista en 1979
y la bolivariana iniciada en 1999. El posicionamiento de las izquierdas en cada una de

ellas respondió a las circunstancias propias del momento y a la situación histórico-
concreta de la época. 
La revolución cubana y el proceso de la Unidad Popular en Chile se produjeron en el
momento más álgido de la guerra fría y de la insurgencia de los movimientos de
descolonización y liberación del tercer mundo que darían nacimiento al Movimiento de
Países No Alineados (MNOAL) instalando la bipolaridad en América Latina y el Caribe
y obligando a las organizaciones políticas y sociales a definirse en el escenario que
esos hechos generaron. La revolución sandinista ocurrió en una de las situaciones de
mayor reflujo en la historia del movimiento popular latinoamericano, dando impulso a
las luchas de liberación nacional, antifascistas y antiimperialistas en todo el
continente. La revolución bolivariana dio inicio en un momento de ofensiva neoliberal
imperialista, generando un punto de inflexión para los combates en favor de la segunda
independencia y el avance hacia la integración latinoamericana y caribeña.
Las “izquierdas” -en cada caso- se fueron acomodando a las circunstancias que estos
hechos revolucionarios producían en la región. Por supuesto, también respondieron a
condiciones locales. Cada uno de estos procesos radicalmente transformadores
condujo a nuevos acomodos, algunos de ellos bastante traumáticos sobre todo porque
resultaron inesperados para las fuerzas de izquierda que se alineaban alrededor de
ideas prosoviéticas, trotskistas, maoístas, anarquistas y otras, en boga en el siglo XX.
Vale decir, por ejemplo, que la corriente de izquierda dominante en el siglo pasado,
que emanaba de la lealtad y vinculación partidista con la Unión Soviética, no apoyó y
hasta estuvo en contra de las revoluciones cubanas y sandinista que se produjeron
cuando todavía el mundo se organizaba desde una perspectiva bipolar. Los procesos
triunfantes en Cuba y Nicaragua no respondían a esa lógica, eran movimientos de
liberación nacional arraigados en ideas nacionalistas y revolucionarias propias (Martí y
Sandino) bastante desconocidos y alejados de la discusión de la izquierda tradicional
de la región.
Todas las fuerzas de izquierda, socialistas y revolucionarias, hasta los comunistas, no
sin resistencias, corrieron a incorporarse a la nueva ola revolucionaria de izquierda
que estos hechos históricos significaron. Casi unánimemente, con algunas salvedades,
sobre todo de algunos sectores trotskistas, dieron su soporte a la novedad que
emanaba de victorias populares en el “patio trasero” del imperio… y que se habían
logrado sin el patrocinio de la Unión Soviética e incluso con su oposición. Ambos
procesos en su momento, significaron fuertes impulsos a la lucha y a la unidad de la
izquierda.

La revolución bolivariana se produjo en otro contexto y en otras circunstancias, tres
de ellas muy importantes: en primer lugar, ya no existía el mundo bipolar y Estados
Unidos campeaba a sus anchas en el planeta. Segundo, no emanó de una guerra
revolucionaria de liberación nacional ni de una insurrección popular armada sino que
llegó al poder por vía electoral, (tal como lo había hecho la Unidad Popular con
Salvador Allende en Chile en la década de los 70 del siglo pasado) derrotando a todo el
entramado de control imperial que por cuarenta años se había entronizado en
Venezuela. Finalmente, a diferencia de las anteriores, el proceso bolivariano no fue
conducido por organizaciones políticas ni líderes encumbrados a partir de la lucha
armada revolucionaria, sino que por una organización naciente con un líder procedente
de las fuerzas armadas del régimen imperante que salió de él para llevar al pueblo a la
victoria. 
Tal escenario, una vez más, llevó al reacomodo de las fuerzas de izquierda, pocas
fueron las que desde un primer momento confiaron en el impulso revolucionario que el
comandante Hugo Chávez le dio a las fuerzas patrióticas del país. Apegados a cierto
conservadurismo teórico, la mayoría no observaba con buenos ojos que un militar
derivado de las fuerzas armadas, pudiera desencadenar y liderar un proceso de
transformación revolucionaria y cultural de la sociedad. 
En esas condiciones se comenzó a desarrollar el proceso bolivariano. Largo sería
mencionar todos los hitos por los que debió transcurrir y no es objetivo de este
trabajo hacerlo. Solo decir que el asombro inicial, fue dando paso a la simpatía y de
esta a un apoyo que pareció tener su verificación en el hecho de que, en abril de 2002,
Estados Unidos organizó, financió y estructuró un golpe de Estado para derrocar al
Comandante Chávez.
El hecho, que determinó opiniones encontradas en lo que hasta ese momento se
denominaba izquierda latinoamericana, dio paso al estupor cuando por primera vez en
la historia de la región una alianza del pueblo con los militares dio cuenta de la
intentona y en menos de 72 horas repusieron al comandante Chávez en el poder. De
ahí en adelante, las variopintas “izquierdas” ya no sólo apoyaban, sino que buscaron
cobijo y hasta financiamiento en este poderoso país que, a diferencia de Cuba,
Nicaragua, sostenidas por el heroísmo y la resistencia de sus pueblos, contaba con la
mayor reserva de petróleo del mundo, misma que el Comandante Chávez quiso poner al
servicio de la liberación de los pueblos. 

Aparecieron “genios de la izquierda” (sobre todo intelectual), de toda la región y del
mundo, que sabían de todo pero que habían hecho poco y nada en sus países solicitando
“aportes” para los más inverosímiles proyectos a cambio de “salvar a Venezuela”.
Ofrecían sus “brillantes e “imprescindibles servicios” para hacer lo que los
venezolanos supuestamente no sabemos, que parecía que era casi todo. Contrastan con
la impecable vocación internacionalista de Cuba y de
algunos luchadores revolucionarios que de forma modesta, silenciosa y solidaria han
venido a apoyar en serio a Venezuela.
No se daban cuenta que el pueblo venezolano hizo una revolución y la ha sostenido en
las barbas del imperio, mientras que ellos se han limitado a escribir unos cuantos
libros y artículos resultando insignificantes personajes en sus propios países. Esa
“fauna” constituida por lo que podría denominarse “mercenarios de izquierda”
formaron y aún forman parte del oportunismo que es también un eslabón de este
amplio espectro que configura la llamada “izquierda” del siglo XXI. Desde el año 2000,
han saltado de proceso en proceso en América Latina , en algunos casos con gran éxito
sobre todo para sus bolsillos.
CONTINUARÁ

Chile: de un Gabriel a otro Gabriel, la traición como política

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

En 1946, el Congreso de Chile eligió a Gabriel González Videla como presidente de la república. Su victoria contó con el apoyo de una alianza formada por radicales, comunistas y demócratas, tras obtener el mayor número de votos en las elecciones del 4 de septiembre.

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¿Existe un sistema democrático en Irán?

Por: Sergio Rodríguez Gelfenstein

Se suele suponer que el concepto de democracia tiene carácter universal a partir del prototipo occidental que tuvo sus prolegómenos en Atenas hace alrededor de 25 siglos atrás, y que adquirió características modernas tras el triunfo de la revolución francesa en 1789. Unos años antes, la independencia de Estados Unidos había conducido a que en 1787 se elaborara, y en 1789 se pusiera en vigor, la Constitución  de ese país.  

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La otra cara del desembarco de Normandia

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Aunque la vorágine de acontecimientos internacionales es muy intensa, trato de escribir solo un artículo a la semana para no atiborrar a mis lectores con tanta información. Esta semana era inevitable comentar el triunfo de Claudia Sheinbaum y de la alianza que va a dar continuidad al gobierno de López Obrador en México.

No obstante, he visto con asombro el burdo y vergonzoso show de celebración del 80 aniversario del desembarco en Normandía en Francia, suponiendo que el mundo está lleno de estúpidos que no se dan cuenta que están intentando tergiversar la historia. Me parece que algo hay que decir. Pero como no me da tiempo de escribir algo nuevo, recuperé un artículo que escribí  en junio de 2014 con el mismo motivo, cuando se cumplieron 70 años del hecho. Creo que tiene validez y actualidad. Al final una pequeña nota de comentario.

Entre agosto de 1942 y febrero de 1943 se desarrolló el enfrentamiento bélico de mayor dimensión en la historia de la humanidad. La batalla de Stalingrado produjo un poco más de 2 millones de bajas entre soldados de ambos ejércitos y civiles soviéticos.

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Luchar por la paz. Evitar la 3ra, Guerra Mundial.

POR:Sergio Rodríguez Gelfenstein

Varios lectores me han escrito para preguntarme si una tercera guerra mundial es inminente e inevitable. Aunque nunca ha desaparecido el dilema planteado al inaugurarse la era nuclear tras el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, hoy se ha puesto más que nunca antes en los últimos 80 años, sobre el tapete de la preocupación de los ciudadanos en diversas latitudes y longitudes del planeta,

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Claroscuros de una semana en Irán

Por: Sergio Rodríguez Gelfenstein

La  semana pasada fui designado por el ministerio de cultura de Venezuela para representar a nuestro país en la 35ª. Feria Internacional del Libro de Teherán. En esta ocasión, la delegación venezolana estuvo dirigida por Omar Rangel, presidente de Monte Ávila Ediciones Latinoamericanas. En mi caso, asistí al evento en calidad de escritor de esa prestigiosa editorial venezolana.

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Alba: propuesta de futuro para América Latina y el Caribe

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Hace dos semanas, se celebró en Caracas la XXIII Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP).

Dos lectores por separado me escribieron para preguntarme si no iba a escribir sobre ese acontecimiento. Casualmente, unos días después la Secretaría General de la ALBA que tiene su sede aquí en Caracas, me invitó a dar una ponencia en el seminario “La unidad latinoamericana y caribeña frente a la geopolítica imperial”. El texto que sigue a continuación es una versión resumida de dicha ponencia en la que intento hacer un aporte para la construcción de esta idea y de esta alianza. .  

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A 70 años de la batalla de Dien Bien Phu: la contribución de Vietnam a la lucha anticolonial

Por: Sergio Rodríguez Gelfeinstein

El próximo 7 de mayo se conmemorará el septuagésimo aniversario de la victoria del pueblo vietnamita en la batalla de Dien Bien Phu que dio al traste con el poder colonial francés en toda la península indochina.

Esta batalla, junto a la guerra de independencia de Argelia concluida en 1962 y la batalla de Cuito Cuanavale finalizada en noviembre de 1988 por la acción conjunta de las fuerzas cubano-angolanas en el sur de este país, significaron las derrotas más contundentes propinadas al poder colonial europeo en la segunda mitad del siglo XX.

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Laura Richardson: una moderna Atenea.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Entre febrero y marzo del año pasado escribí un largo reporte titulado “La creciente presencia militar de la OTAN en América Latina y el Caribe”. En tres entregas daba cuenta de la fuerte injerencia de Estados Unidos y afirmaba que no sólo en Europa del este y en Asia-Pacífico, el conglomerado militar terrorista se estaba expandiendo, también al sur del Río Bravo. En ese entonces dije: “Otro tanto ocurre en América Latina y el Caribe, en la que Estados Unidos está iniciando un agresivo plan de expansión a lo largo de todas las latitudes y longitudes de la región”.

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