GUSTAVO PETRO URREGO (*)
Cuando una madre colombiana despide a su hijo o a su hija por la mañana, siempre queda con un dolor en el corazón, con un pálpito de inseguridad, con una ansiedad de madre que solo se calma con la llamada al celular de su hijo o con su regreso. Si en la llamada al celular no le responden, su ansiedad se vuelve sufrimiento. Es el sufrimiento diario de las madres de Colombia en un país que ve matar a su gente.
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