El inmigrante de Charles Chaplin

El viernes 14 de marzo de 2025, muchos jóvenes venezolanos: barberos, obreros, cantantes, mesoneros, choferes, albañiles, llamaron a sus esposas, madres y demás familiares llorando y en pánico. Horas antes, estos inmigrantes venezolanos habían sido llevados a distintos centros de detención federal, vestidos de blanco, esposados y subidos a un avión.

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¿Israel mató a Kennedy?

Muchas pistas y vías de investigación apuntan precisamente a una conspiración orquestada por Israel y sus brazos en EEUU, incluyendo la CIA y la mafia

Esta semana se conmemoró el asesinato del Presidente de EEUU John FitzGerald Kennedy en 1963, cuando recibió dos disparos, supuestamente de Lee Harvey Oswald, quien murió dos días después, asesinado por el propietario de un club nocturno, Jacob Rubenstein o Jack Ruby (quien a su vez murió de una extraña embolia pulmonar en prisión poco más de tres años después).

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¿Algo no está bien, Está Donald Trump haciendo control de daños?

Desde hace un mes la acumulación de acontecimientos críticos alrededor de Estados Unidos, de Ucrania y de la Unión Europea está resultando cada vez más difícil de interpretar ya que cada una de las potencias implicadas trata de disimular sus cartas.

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Pedro Antonio Marín o ‘Manuel Marulanda Vélez’, el Insurgente más antiguo del mundo.

Hoy hace 17 años, el 26 de marzo de 2008, falleció en las montañas de Colombia, Pedro Antonio Marín o ‘Manuel Marulanda Vélez’ nombre con el que se le conoció en su vida guerrillera, comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), a las que fundó en 1966 en compañía de un grupo de campesinos alzados en armas después del aleve ataque, entre 1964 y 1965, a las localidades de Marquetalia, Rio-chiquito, El Pato y Guayabero. Hoy aún sigue vivo en la memoria de su pueblo.

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Las mentiras en la guerra de la propaganda.

Aumentar el gasto en armamento nos hará más dependientes de Estados Unidos y no menos, sostiene el economista Fernando Luengo. A su juicio, todo responde a una estrategia de “tensión y confrontación” y no de defensa.

por. Fernando Luengo: Algunas de las mentiras más frecuentes que se pretenden hacer pasar por verdades indiscutibles.

Mentira número 1:

La comunidad internacional piensa, opina. Falso. Esa supuesta comunidad internacional, que sugiere la existencia de intereses compartidos, simplemente no existe. Son los países más poderosos, los ricos del planeta y las grandes corporaciones los que determinan la hoja de ruta, los que toman las decisiones, los que, en definitiva, establecen las políticas a implementar. Esto vale como principio general y también en lo que concierne a la guerra de Ucrania.

Mentira número 2:

Rusia representa una amenaza militar para Europa. Una mentira de gran calibre. Ucrania no representa la primera llamada de atención de una estrategia de invasión de otros países europeos. Mucha propaganda, pero no existe ninguna evidencia al respecto, ni en las declaraciones de los jerarcas rusos ni en los movimientos políticos y militares de Rusia. Una mentira que ha sido y es muy útil, la amenaza rusa, para confundir al personal y para dar a alas a los que defienden la estrategia de la confrontación y del aumento del gasto militar.

Mentira número 3:

Convertir Europa en un actor relevante exige aumentar el gasto militar. Uno de los mantras más repetidos en estos tiempos, igualmente falso. En realidad, el crecimiento de dicho gasto hace a Europa política y económicamente más débil. La relevancia que, en teoría, se busca depende de que la Europa comunitaria sea capaz abanderar un proyecto articulado en torno a la equidad social, la sostenibilidad, la democracia y la paz. Este escenario, del que cada vez estamos más alejados, es lo que nos haría más fuertes e influyentes en el actual contexto internacional dominado por la confrontación.

Mentira número 4:

El aumento del gasto militar presenta una naturaleza defensiva. En absoluto. Es un paso más en la estrategia de la tensión y de la confrontación. Es suficiente con seguir las declaraciones de buena parte de los dirigentes políticos europeos —que hablan, por ejemplo, de desplegar tropas en territorio ucraniano para la “salvaguarda de la paz” o incluso de activar el armamento nuclear— para saber que dicho aumento está al servicio de proseguir la estrategia de confrontación con Rusia y para preparar a Europa a la hora de intervenir en otras zonas de conflicto, donde se entienda que los intereses económicos y políticos europeos se vean amenazados o comprometidos.

Mentira número 5:

La expansión del gasto militar no tendrá un impacto en los capítulos social, productivo… Otra de las grandes mentiras que continuamente se repiten. Las políticas de cohesión social (ya muy debilitadas), las destinadas a enfrentar el cambio climático (a todas luces insuficientes), la reconfiguración del modelo productivo (que no se acaba de acometer), y la exigua ayuda al desarrollo se verán indudablemente afectadas, tanto porque los pilares de la austeridad presupuestaria se mantendrán en lo fundamental (e incluso se acentuarán) como porque el gasto militar, en una dinámica de confrontación creciente, exigirá cada vez más cantidad de recursos.

Mentira número 6:

El aumento de las capacidades militares de Europa nos hará menos dependientes de Estados Unidos. Otra falsedad que se añade al torrente de mentiras con las que se intoxica a la ciudadanía. Al menos en los próximos años, la estrategia militarista en Europa abrirá nuevas posibilidades de negocio a las empresas de armamento estadounidense, que cuentan con capacidad productiva y logística para atender este mercado, lo cual, en consecuencia, nos hará más y no menos dependientes de este país. Por otro lado, el objetivo no puede ser tanto independizarnos de Estados Unidos en materia militar como imprimir un viraje fundamental a la estrategia de confrontación. Y me parece evidente que Europa está apostando por sumarse a esta estrategia.

Mentira número 7:

Ucrania ha contado con la ayuda de Estados Unidos y de Europa. Sigue la propaganda. Desde hace años, la OTAN y Estados Unidos, con la complicidad de la Unión Europea, han perseguido de manera deliberada y persistente la confrontación con Rusia; y el resultado ha sido la guerra, que ha supuesto un coste enorme en cuanto a pérdidas de vidas, desplazamientos masivos de población y destrucción generalizada de infraestructuras y capacidades productivas. Eso no es ayuda. Y tampoco lo es el formidable negocio que supone el conflicto, del que poco o nada se habla: jugosos contratos para las empresas de armamento, acceso a minerales estratégicos abundantes en suelo ucraniano, control del enorme potencial agrario del país y programas de reconstrucción de una economía devastada por la guerra y con unos niveles de deuda insoportables donde las grandes corporaciones entrarán —ya están entrando— a saco. Esto tampoco es ayuda.

Mentira número 8:

O apoyas el aumento del gasto militar o eres cómplice de Rusia. Un dilema inaceptable, pura demagogia para descalificar a los que nos oponemos a la estrategia militarista que recorre Europa. Rechazarla en absoluto significa respaldar la inaceptable agresión militar rusa a un país soberano. Supone, por el contrario, apostar por la paz, el progreso social y el respeto de los derechos humanos.

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El fin de la democracia en Europa y la nueva forma de coerción.

Esta vez la democracia ha sido desbordada por la conquista de las instituciones y de los medios de comunicación, desde dentro, por la oligarquía financiera y sus empleados

Por: ANDREA ZHOK Con el voto favorable del Parlamento Europeo al plan de rearme (419 votos a favor, 204 en contra y 46 abstenciones), creo que podemos decir que, simbólicamente, hoy la democracia en Europa ha desaparecido. Antes marchitos, hoy han caído los pétalos secos.

No ha sido reemplazada, como muchos temían, por una dictadura.

La historia siempre toma formas diferentes y sorprendentes.

No, esta vez la democracia ha sido desbordada por la conquista de las instituciones y de los medios de comunicación, desde dentro, por la oligarquía financiera y sus empleados.

La maniobra de bypass ahora está completa.

Todos los canales disponibles para que la población se exprese en términos políticamente significativos han sido cerrados o neutralizados. En parte, esto ocurrió con cambios en las leyes electorales, en parte haciendo que el proceso democrático fuera cuestionable sólo por aquellos que tenían fondos significativos disponibles, en parte ocupando el sistema de medios de comunicación en todos los niveles (y expulsando a quienes no se conformaban con escribir al dictado) y en parte suprimiendo el carácter de tercerista por parte del poder judicial, que estaba completamente politizado.

Ahora los golpes pueden sucederse de forma progresivamente más violenta y descarada. Evitar los debates parlamentarios mediante decretos ya es, y será cada vez más, la nueva normalidad. Así como se impide que personas externas participen primero en el debate público y luego en los procesos electorales.

Sea por diseño o simplemente por casualidad, la pandemia ha sido de facto un ensayo general para la militarización de la sociedad y la información: una especie de ley marcial sin guerra.

Este punto de inflexión había sido precedido por muchos pasos intermedios, por muchas quejas sobre la ineficacia de los tiempos políticos, de los rituales de la democracia.

Desde 2022, la guerra ruso-ucraniana se ha convertido en la ocasión para clavar los últimos clavos en el ataúd de la democracia.

A partir de ahora, podemos esperar que los pasajes sean cada vez más rápidos.

Habían pasado unos diez años entre la gran expropiación de recursos públicos de la crisis subprime (2008-2011) y la gran expropiación de recursos públicos de la crisis del Covid (2020-2022). Ahora, y sólo han pasado 3 años, estamos pasando a una tercera expropiación colosal en nombre de la emergencia bélica.

El resultado de este paso es transparente y muy claro.

Se destruirán pilares sociales fundamentales como el sistema de salud y el sistema de pensiones.

Para cubrir el golpe, gran parte del ahorro privado restante será desviado de los ciudadanos hacia activos defensivos (seguros privados, pensiones privadas, etc.).

El sector inmobiliario privado, allí donde, como en Italia, todavía es relevante, se convertirá en primer lugar en la garantía necesaria para la provisión de financiación indispensable para satisfacer necesidades esenciales (salud, educación de los hijos, supervivencia una vez que hayan abandonado la esfera productiva).

El último paso será, por supuesto, la retirada efectiva de los inmuebles, que pasarán a servir de garantía para la concesión de préstamos con intereses por parte de grupos financieros.

Al final del proceso, una ciudadanía diversamente endeudada estará de hecho encadenada, aunque formalmente sea libre: condicionada y sujeta a chantaje en cada paso. Fin de la frase, jamás.

El endeudamiento económico irreversible será la nueva forma de coerción. Ya no se trata de los modelos anticuados de servidumbre violenta, de esclavitud, sino de un sistema limpio, contractualmente impecable y, sin embargo, mucho más estricto y detallado que cualquier relación amo-esclavo del pasado.

Si entonces con esta palanca se decide enviar a los deudores/culpables (Schuld) a ser carne fresca en la guerra o engranaje vitalicio de una multinacional, esos serán los detalles de toda esta historia. Éste es el futuro que llama a nuestras puertas, y los espacios en los que aún hay posibles márgenes de reacción –si es que aún existen– se están cerrando rápidamente.

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Venezuela denuncia censura en España

«¿Qué miedo le tienen a tres películas venezolanas? ¿Por qué las vetaron? ¿Le tienen miedo a la verdad? ¿Le tienen miedo al pueblo de Venezuela? ¿Le tienen miedo a nuestra historia? ¿Le tienen miedo a la Revolución Bolivariana?».

por. José Negrón Valera (Sputnik) Con estas palabras, el presidente Nicolás Maduro alzó la voz contra la decisión de la Casa de América en España de censurar tres producciones cinematográficas venezolanas. Lo hizo durante su programa Con Maduro+ que no dejó lugar a dudas: lo que estaba en juego no era solo un ciclo de cine, sino la soberanía cultural de un pueblo que ha resistido más de dos décadas de asedio.

 El hecho ocurrió a comienzos de marzo de 2025, cuando la Casa de América, institución encargada de fomentar los lazos culturales entre Iberoamérica y España, canceló sin mayores explicaciones el ciclo de cine venezolano La Voz del Pueblo, Cine y Memoria, compuesto por las películas Ali de Daniel Yegres, La Batalla de los Puentes de Carlos Aspúrua, y Operación Orión de Rubén Hernández. La selección, impulsada por la Embajada de Venezuela en Madrid y el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), apuntaba a ofrecer una narrativa alternativa a las audiencias españolas, muchas veces sometidas al cerco mediático de las grandes corporaciones informativas.

«Estas tres películas, que forman parte (…) de la historia verdadera del pueblo venezolano y en su épica de resistencia y de lucha, se pone como un ciclo completo, destinado a las audiencias, en este caso españolas, que son víctimas de los otros relatos impulsados por las corporaciones mediáticas», afirma en entrevista exclusiva para Sputnik el viceministro de Cultura Audiovisual del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Sergio Arria Bohórquez.

El ciclo no era solo un homenaje a la memoria insurgente de Venezuela, sino también un acto político de afirmación frente a una guerra multidimensional que ha tenido como uno de sus frentes más feroces el campo de la cultura. «El imperialismo durante más de 25 años ha intentado retomar el control sobre estos recursos [estratégicos de Venezuela] y han impulsado una guerra multidimensional (…) pero también una gran batalla cultural contra (…) la capacidad de resistencia y de soberanía de nuestro pueblo», sostiene Arria.

La censura por parte de Casa de América fue atribuida, según el viceministro, a presiones de sectores ultraderechistas que no toleran la existencia de relatos disonantes con la narrativa hegemónica. «En principio habían dicho que sí, pero entendemos que su directiva está conformada por las autoridades de la ciudad de Madrid… presiones de la ultraderecha hicieron que se suspendieran, o sea que los censuraron».

El argumento oficial para vetar las películas fue que «acompañan un relato de una supuesta dictadura». Una afirmación que para Arria no solo resulta absurda, sino profundamente contradictoria. «Primero porque aquellos que defienden la libertad de expresión hacen una censura en nombre de la libertad de expresión. Es algo bastante contradictorio», recalca.

Lo que realmente temen los sectores que promovieron el veto —continúa Arria— es que se revele otra verdad: la de un pueblo consciente de su historia y de su proyecto político. «Allí, en vez de un pueblo sometido por una dictadura, tú ves a un pueblo consciente de su historia, consciente de su proyecto político, de su proceso social de emancipación, de soberanía».

Ciclo de cine antifascista como respuesta

La respuesta venezolana no se hizo esperar. Desde el propio Ministerio del Poder Popular para la Cultura se articularon varias acciones para contrarrestar lo que consideran un acto flagrante de censura. En Madrid, el Sindicato de Comisiones Obreras ofreció su sede —el Salón de Actos de la Fundación Primero de Mayo— como espacio alternativo para las proyecciones. En Caracas se inauguró el ciclo Resistencia y Memoria, con cuatro películas emblemáticas del cine español antifascista, entre ellas Bienvenido Mr. Marshall, La lengua de las mariposas, Las trece rosas y El amor de Guillem.

Esta programación, explica Arria, no solo representa una respuesta simbólica, sino también un llamado a la reflexión desde la historia compartida. «Permite mostrar al pueblo venezolano de qué manera también en España las fuerzas revolucionarias han sido víctimas del franquismo, del fascismo. Y cómo hubo también en España un pueblo en resistencia».

En paralelo, el Gobierno venezolano evalúa subir las películas censuradas a una plataforma de streaming. «Estamos estudiando cuál es la mejor vía para tener estas películas a disposición de todos, es una oportunidad para que esos pueblos puedan conocer en detalle el espíritu rebelde de nuestro pueblo bolivariano».

Arria considera que este episodio debe verse en el contexto de una efervescencia cultural inédita en el país, impulsada por políticas públicas como la Gran Misión Viva Venezuela, que ya suma más de 500.000 cultores registrados. Esta misión no solo ha promovido las expresiones populares tradicionales, sino que también ha empezado a impactar el sector audiovisual.

«Creemos que estamos en condiciones de impulsar un nuevo movimiento cinematográfico, un cine para la paz, un cine optimista, un cine que permita dibujar el país que estamos construyendo, donde el sujeto es este pueblo venezolano que ha resistido, pero que además tiene plena convicción de su victoria».

Un ejemplo de esta nueva etapa es la película Alí, dedicada al cantante del pueblo, Alí Primera, la primera gran producción cinematográfica sobre su vida. En abril de este año, además, se estrenará Kueca, Memoria Ancestral, documental sobre la repatriación de una piedra sagrada del pueblo Pemón, secuestrada por décadas en Berlín y devuelta a Venezuela en 2020.

Dar la batalla por la verdad

La censura en Casa de América, en vez de amedrentar a los creadores, parece haberlos galvanizado. «Este ataque al cine venezolano es también una oportunidad para ese relato humanista, para esa otra humanidad que quiere ser más humana y que defiende la vida», sentencia Arria.

Las implicaciones de este episodio, sin embargo, van más allá del ámbito cinematográfico. Lo que está en juego es la posibilidad de construir un relato propio, en tiempos donde la verdad es también un territorio en disputa. «Nos toca a esta generación ser los cronistas de nuestro tiempo y poder contar cómo en esta época logramos vencer estas pretensiones imperialistas de apoderarse de nuestro país», asegura.

Para el viceministro, el reto inmediato es actualizar los procesos de producción y distribución, y sobre todo avanzar hacia plataformas propias que rompan con la dependencia tecnológica. «La herramienta audiovisual representa hoy un frente de batalla cultural privilegiado y es importantísimo porque puede generar unas condiciones de mayor igualdad en esta disputa por la verdad».

Venezuela, afirma, apuesta a un mundo multipolar, multicultural y diverso, donde las distintas voces tengan derecho a ser escuchadas. «Venezuela es un país que cree en el intercambio cultural y el mundo nuevo que está naciendo requiere también esta visión diversa de la cultura de la humanidad».

«¿Qué miedo le tienen?», insistió el presidente Maduro al denunciar la censura desde la Casa de América. Una pregunta que sigue resonando no solo en Madrid, sino también en cada rincón del planeta, donde se libra una batalla diaria por la soberanía de los pueblos, también en el terreno simbólico y cultural. Una batalla que, como lo han demostrado estas películas vetadas, apenas comienza.