LA DESINFORMACIÓN EN LOS TIEMPOS MODERNOS.

Por: Juan Hernández Machado

Este comentario de la Agencia Press TV en inglés, de Irán, es
interesante y nos muestra la naturaleza real del enemigo, al que
tenemos que conocer para poder obrar en consecuencia:
Ha transcurrido casi un mes desde que se lograr al cese al fuego en
la guerra de agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán,
solicitado por la parte estadounidense luego de no lograr sus
objetivos militares.


En el campo de batalla, la maquinaria militar ha permanecido
mayormente silenciosa- no debido a la contención sino a la
necesidad. La agresión militar en gran escala, lanzada en
coordinación con el régimen sionista y aliados temporales
regionales el 28 de febrero, demostró ser un desastre estratégico.
La arquitectura de DAA iraní sigue intacta, sus capacidades
ofensivas se han demostrado más allá de cualquier duda y el
asesinato del líder de la Revolución Islámica solo ha galvanizado a
la nación iraní contra el enemigo arrogante.
Pero, aunque ha perdido en el frente militar, el enemigo no ha
estado tranquilo. Por el contrario, la maquinaria de guerra
psicológica se ha movido a gran velocidad en las semanas
recientes.


Más rápida, más barata y más ágil que su contraparte militar, estamaquinaria ahora opera con una movilidad intensa- inundando las
plataformas de prensa, los canales diplomáticos y las redes sociales
con desinformación, historia falsas y crisis manufacturadas.
El objetivo es simple- lograr en la mesa de negociaciones y en la
opinión pública lo que el enemigo no pudo lograr con sus cohetes,
drones y aviones de combate.
Pero de la misma forma que la estrategia de batalla colapsó, la
ofensiva psicológica está llamada a fracasar.
Irán, manteniéndose desde una posición de fuerza, lo ha dejado
claro- no hay compromiso alguno sobre sus demandas claves en
ninguna conversación futura. Y los Estados Unidos, exahustos,
extralimitados y diplomáticamente aislados, están negociando
desde una posición de profunda debilidad.


Durante la confrontación militar activa, el propio campo de batalla
sirvió como la prueba más efectiva para desarticular las mentiras
enemigas. Cada avance fallido, cada dron interceptado, cada
cohete derribado y cada retirada de las fuerzas estadounidenses o
israelíes fueron una prueba tangible, visual e inmediata de la
innegable e incuestionable superioridad iraní en el terreno.
Hasta con las restricciones para transmitir ciertas imágenes debido
a las razones operativas hubo suficientes datos visuales para
confirmar la precisión de los golpes de respuesta de Irán y la escala
del fracaso enemigo, como confirmara una investigación de la CNA
a inicios de esta semana.


Pero en la actual fase de cese al fuego- aunque frágil- esa fuente
inmediata de evidencia tangible ha disminuido. El campo de batalla
está tranquilo y el enemigo ha explotado este vacío de forma
agresiva.
Sin derrotas a tiempo real para transmitir, el aparato de guerra


psicológica ha llenado el vacío con reclamaciones fabricadas, filtrar
“inteligencia” seleccionada y con una corriente sin fin de escenarios
hipotéticos designados a presentar a la República Islámica como
exhausta, aislada o deseosa de negociar desde una posición de
debilidad.


Nada de eso es cierto. E Irán reconoce que negar el impacto de
esta campaña psicológica tiene consecuencias que potencialmente
pueden ser más destructivas que la propia guerra. Los costos
materiales y espirituales de ignorar una narrativa de guerra pueden
exceder los del combate abierto.
Una característica que define las operaciones psicológicas
enemigas es la continua obtención de material a suministrar. Este
aparato de propaganda no opera a ciegas sino que monitorea de
forma meticulosa las reacciones dentro del espectro político iraní y
ajusta su mensaje para fomentar divisiones.
Considere el flujo reciente de detalles fabricanos respecto a los
supuestos acuerdos de Irán y Estados Unidos sobre el tema
nuclear. Esos planteamientos son demostrablemente falsos. Dichas
negociaciones no se han producido no están planificadas. Pero se
conoce que el enemigo está divulgando esa falsa información con
un objetivo claro: medir reacciones.
¿Cómo responde la población iraní? ¿Cómo comentan los
funcionarios? ¿Cómo analizan los expertos?
Esto es negociación de prensa sin diplomacia- un proceso fantasma
designado a generar datos, no resultados. El enemigo no está
tratando de llegar a un acuerdo sino está tratando de mapear las
líneas rojas iraníes, identificar los puntos de presión social y generar
la discordia interna.
Esto es guerra psicológica típica disfrazada de política.
Aunque el enemigo despliega su guerra psicológica de forma
agresiva para promover sus objetivos operativos y diplomáticos, el
aparato diplomático iraníha tomado una posición opuesta: una
presencia mínima en los medios de prensa, el silencio deliberado y
acciones fuera de los ojos de observadores nacionales y
extranjeros. Esto no es una debilidad sino una paciencia
estratégica.
Irán no está negociando en público porque Irán no tiene necesidad
de hacerlo. La fuerza de su posición militar ha demostrado la
supervivencia de la estructura de mando, la cohesión de su
sociedad habla más alto que cualquier información de prensa.
El enemigo, en contraste, está actuando para su propia audiencia
nacional- tratando de fabricar la apariencia de una victoria que sale
de los restos de la derrota militar.
Pero no se equivoque- el silencio iraní sobre sus tácticas no quiere
decir ambigüedad de principios. Las condiciones para terminar la
guerra de forma permanente han sido claramente definidas y
expuestas, y son fundamentalmente no negociables.
Las cinco condiciones para terminar la guerra son:
Primero: el Estrecho de Ormuz, la vía marítima estratégica y la
yugular de Irán. Durante décadas Irán ha ejercido el libre tránsito a
través de sus aguas territoriales de buena fe, permitiendolo a todos
los buques- comerciales, militares y de otro tipo. Esta buena
voluntad continuó aún después de la guerra de los 12 días impuesta
a la nación iraní en junio del pasado año.
Pero en esta ocasión el enemigo cruzó la línea roja. Se impuso al
país una guerra a gran escala. El líder de la Revolución Iraní y altos
jefes militares fueron asesinados. El objetivo no era otro que
destrucción y fraccionar a Irán.
Bajo esas circunstancias, Irán no solo tiene el derecho sino el deber
existencial de ejercer el control efectivo sobre sus aguas
territoriales. El Estrecho de Ormuz no es un tema de negociación.
No está a la venta, a cambio o es un objeto de negociación. Es el
derecho soberano de Irán y la necesidad permanente para la
seguridad de cada ciudadano iraní, ahora y para las generaciones
futuras.
Segundo: daños de guerra y reparciones. La identidad del agresor
no está en disputa. Los EU y el régimen sionista lanzaron una
guerra no provocada, salvaje contra una nación que estaba aún
negociando en buena fe. El ataque se produjo en la víspera de la
próxima ronda de conversaciones.
La destrucción material, la pérdida de miles de vidas inocentes, las
heridas a miles más, y el martirologio de líderes principales
demandan una compensación completa.
Si no exigimos las reparaciones no solo estaríamos traicionando a
nuestras víctimas sino que sería un precedente catastrófico que le
señale a todo poder agresivo a nivel mundial que puede atacar a
naciones soberas sin consecuencias legales o financieras.
Tercero: la expulsión de las fuerzas estadounidenses de ocupación
de la región.
Durante más de 40 años, Estados Unidos ha mantenido bases
militares en la región con el objetivo explícito de contener, debilitar y
finalmente destruir a la Revolución Islámica.
Irán ha sobrevivido dos guerras a gran escala el año pasado
impuestas mediante esa misma presencia. Aunque las fuerzas
armadas pueden, de hecho, apreciar que tienen dichas bases a su
alcance cuando llegue el momento de responder- como se
demostró durante la reciente guerra- el mensaje estratégico debe
ser incuestionable: un Irán victorioso no permitirá que las fuerzas
del enemigo derrotado se mantengan cerca de sus fronteras. Esta
es una lección no solo para los estadounidenses sino para todos los
países en la región: proteja su soberanía y nunca albergue
terroristas vestidos de soldados.
Cuarto: es que el final de la guerra impuesta debe incluir a los
aliados de Irán en el Frente de la Resistencia.
Líbano, Iraq, Palestina, Yemen- esas naciones y movimientos se
mantuvieron junto a Irán en tiempos de prueba. Ellos ofrecieron
miles de mártires, especialmente en el Líbano.
La fuerza Irán se multiplica por esos grupos de resistencia, y su
resistencia se fortalece por el apoyo incuestionable y decidido de
Irán. Principios racionales, estratégicos, éticos y religiosos, todos
dictan que el Frente de la Resistencia no puede ser abandonado o
amenazado como un teatro separado una vez que concluya la
guerra directa con Irán.
La agresión enemiga debe terminar para todos. Esta es la demanda
principal.
El quinto punto se refiere al levantamiento de las sanciones
opresoras y la anulación de las injustas resoluciones del Consejo de
Seguridad de la ONU, que naturalmente siguen al cumplimiento de
las primeras cuatro condiciones, particularmente del establecimiento
de la efectiva soberanía iraní sobre el Estrecho de Ormuz.
Sin esas cuatro condiciones, sin embargo, la posibilidad de una
mejora en las sanciones es efectivamente cero.
La distracción nuclear: prueba de la debilidad del enemigo
La reciente introducción por parte del enemigo del tema nuclear es
en sí misma una admisición de fracaso.
Si los EU realmente destruyeron la infraestructura nuclear de Irán,
como dicen repetidamente desde la guerra de los 12 días hasta
hoy, no queda nada sobre qué discutir.
El hecho de que Washington esté ahora presentando demandas
nucleares en la mesa de conversaciones es una evidencia
irrefutable de que sus declaraciones de tiempo de guerra eran
mentiras.
El tema nuclear está siendo revivido solo por tres razones: primera,
para crear una narrativa de victoria a partir de una guerra fallida;
segunda, presentar una parte victoriosa para el consumo nacional,
y, tercera, tratar de justificar lo injustificable- el asesinato salvaje de
miles de inocentes iraníes y la destrucción masiva de infraestructura
civil.
Ninguna de estas razones constituye un objetivo diplomático
legítimo. Son proposiones de guerra psicológica. Y finalmente
fracasarán como fracasó la campaña militar.
Fuerza contra debilidad
Los Estados Unidos están evidentemente exhaustos. Su tesoro se
está secando. Sus alianzas se están fracturando. Su opinión pública
nacional se ha vuelto contra la guerra ilegal en Asia occidental. Sus
militares han sido humillados por un país cuyo poder ha sido
subestimado durante décadas.
La República Islámica, en contraste, emergió de la última guerra
impuesta con una nueva dirigencia, su doctrina militar reconocida,
su sociedad unificada, y su profundidad estratégica expandida. La
guerra psicológica del enemigo ha fracas ado por la misma razón
que su guerra militar falló: porque es una guerra contra la realidad.
Como ya ha quedado claro, Irán no llegará a compromisos en sus
demandas principales. El Estrecho de Ormuz no es negociable. Las
reparaciones no son opcionales. La expulsión de las fuerzas
estadounidenses no es un favor que se solicita. El Frente de la
Resistencia no será abandonado.
El enemigo puede mantener su maquinaria de propaganda a toda la
velocidad que desee. Pero el ruido no cambia los hechos. Y los
hechos son estos: Irán está en una posición de fuerza mientras que
los Estados Unidos está en un completo desorden. La guerra está
efectivamente terminada e Irán es el ganador induscutible.
Esto es “hablando claro” como decía un programa de Radio
Rebelde. Nos alerta de la desinformación a todos los niveles que
encontramos en todo momento y puede llegar a confundir a
algunos. Nos alienta pues mientras que otros ceden, se arrodillan y
cambian principios por migajas, este amigo se mantiene firma a
pesar de los enormes daños causados en todos los aspectos por el
imperialismo y sus aliados en los últimos años, en especial durante
la guerra de los 12 días del año pasado y la de ahora. Con razón,
nuestro Comandante en Jefe hablaba con respeto de esa gran
nación y estimulaba el incremento de relaciones con ellos. Ellos
ahora se preparan para conmemorar el centenario del Comanadante.

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