ESTADOS UNIDOS SAQUEA A VENEZUELA TRECE MIL MILLONES DE DÓLARES EN PETRÓLEO SEMESTRALES

Por: Luis Britto García

Las noticias sobre Venezuela han dejado de aparecer en los medios venezolanos. Para enterarnos del destino y administración de los recursos que nos pertenecen debemos recurrir a fuentes internacionales.

Así, tras larga pesquisa en  internet, descubrimos información del  Financial Times  según la cual  desde enero hasta comienzos de julio de 2026, Estados Unidos ha ingresado 13 billones de dólares procedentes del petróleo venezolano (para los anglosajones un billion es mil millones).

(The US has $13bn in Venezuelan oil money. Where is it? https://www.ft.com/content/0e562e03-106e-4729-83d7-675c27eb8c4d?syn-25a6b1a6=1).

Para la referida información, el Financial Times habría utilizado datos acopiados por KPLER, firma que ejerce la vigilancia satelital  sobre los cargamentos de petróleo que circulan por los océanos, y particularmente los extraídos de Venezuela a partir del secuestro del Presidente Nicolás Maduro.    KPLER calculó el valor monetario de ellos según estimaciones de precios procedentes de Argus Media.

 A fin de comprender la magnitud del gigantesco latrocinio infligido a nuestro país, debemos recordar que la suma del Presupuesto de la Nación venezolano asignada para el Gasto Público durante el año  2026 equivale a 19.948 millones de dólares. En sólo seis meses Estados Unidos nos habría despojado de 13.000 millones de dólares; a fin de año, de seguir al mismo ritmo, el latrocinio alcanzaría unos 26.000 millones de dólaresunos 6.000 millones más que lo previsto para todas nuestras erogaciones públicas durante todo un año.

Ninguna norma venezolana de ninguna índole, ni constitucional, ni legal, ni reglamentaria, ningún tratado internacional válido autoriza este inconcebible latrocinio contra nuestro país y nuestro pueblo. Todos aquellos que colaboren en él incurren en responsabilidad civil, penal y administrativa y son personalmente responsables de su reparación.     

Sobre los inicios de este monumental expolio escribí el 27 de febrero del este año el estudio “¿A quién pertenecen los recursos naturales de Venezuela?”, cuya publicación fue rechazada por la prensa local.  Una página web creada por el gobierno apenas informa  que de tales fondos, represados en una partida del Tesoro de Estados Unidos, habrían sido transferidos a nuestro país en marzo apenas  unos 300 millones de dólares. De acuerdo con informaciones del funcionario del Departamento de Estado Michael Kozak, unos 3.000 millones de dólares procedentes de la venta del petróleo venezolano habrían sido reintegrados a Venezuela, pero tales afirmaciones carecen de fuentes verificables.

Acerca del paradero de los restantes 12.700 millones de dólares no hay informes, ni por parte de los estadounidenses ni de nuestra administración ni de nadie. Nada se sabe tampoco de los movimientos de una partida secreta en Qatar con fondos pertenecientes a Venezuela manejada discrecionalmente por el Presidente y el Secretario de Estado de la potencia invasora.

Tampoco se conoce si los  fondos estimados por Financial Times provienen de ventas de petróleo venezolano por algunas compañías estadounidenses que como Chevron seguían trabajando en nuestro país por una dispensa especial de la misma potencia bloqueadora, si proceden de pozos operados por Petróleos de Venezuela S.A. o si vienen de la venta de hidrocarburos extraídos por empresas chinas o rusas como las filiales de Rosznef, que operan en nuestro país en función de concesiones legítimas.

Asimismo falta información sobre si se están aplicando mecanismos  de inspección, fiscalización y control sobre el manejo de tales fondos venezolanos sustraídos por los estadounidenses. Ni siquiera se conoce si han sido efectivamente  depositados en una partida del Tesoro de su país en cumplimiento de la Executive Order 14.373, ni bajo cuáles normas y con qué efectos para los responsables.

«Crea Vd., general, que a la sombra del misterio no trabaja sino el crimen» escribió Simón Bolívar a  Francisco de Paula Santander el 6 de abril de 1820. Una densa tiniebla  ha caído sobre el pueblo venezolano: en todo lo concerniente  al uso y destino de sus recursos, a la forma en que serán satisfechas sus más elementales necesidades de alimentación, salud, vivienda, transporte, defensa, educación, cultura, al ejercicio de sus derechos, al goce de independencia y soberanía. Un telón de opacidad encubre los más relevantes datos sobre el presente y el destino de nuestro país.

El 24 de julio el Gobierno Nacional anuncia que accede a 346 millones de dólares de sus propios recursos en el Fondo Monetario Internacional para dedicarlos a infraestructura, viviendas y servicios público esenciales. A dicha institución sólo se acude para solicitar empréstitos que sólo se otorgan a cambio de abrumadores compromisos e impagables intereses. Dura situación es la de un país que para paliar los efectos de una catástrofe natural deba endeudarse todavía más, mientras sus fondos de 13.000 millones de dólares provenientes de la venta de sus hidrocarburos permanecen secuestrados en el Tesoro del mismo país que lo invadió y bombardeó.

Por ello, resulta irrisoria la oferta del Presidente del país invasor de aportar 15 millones de dólares para aliviar los efectos del terremoto en Venezuela, mientras valiéndose de su Executive Order 14.373 mantendría incautados en el Tesoro de Estados Unidos activos venezolanos casi mil veces mayores  que su ofensiva limosna, fondos que incluso la mencionada norma reconoce como “propiedad del gobierno de Venezuela”, aunque nuestro país no puede gozar, disponer ni usar de ellos.  

Una vez más me veo obligado a citar la desoladora máxima de Voltaire según la cual “en la guerra de lo que se trata, ante todo, es del robo”. Venezuela es víctima de una guerra iniciada unilateralmente por la mayor potencia armamentista del mundo; no se ha suscrito Tratado de Paz, y la situación de los venezolanos y de sus bienes en nuestro país no es otra que la exposición al ilimitado pillaje por fuerzas extranjeras enemigas o sus cómplices.

 En tiempos de las bárbaras naciones se permitía el saqueo  de uno, dos o excepcionalmente tres días sobre los pueblos vencidos. El Presidente de Estados Uniidos intenta imponer el latrocinio absoluto: el saqueo de todas las riquezas de nuestro país durante todos los segundos, horas, días, meses y años venideros, hasta que lo obliguemos a dejar de hacerlo.

La expoliación casi total de los recursos de un país es  crimen contra todos y contra  todo.

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO

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Publicado por luis britto garcía en 15:45 No hay comentarios:  

jueves, 23 de julio de 2026

DUELO

              Luis Britto García

Por qué disimularlo. Dos catástrofes, una estratégica, otra telúrica, rebasaron casi nuestra capacidad de resistencia y nos colocaron frente a una tercera, la de examinar escombros buscando restos de vida. Con qué ojos nos mirarán las víctimas, y si valdrá la pena que sobrevivamos.

Predican los estoicos que  debemos desentendernos de las cosas fuera de nuestro control, y ocuparnos sólo de aquellas que dominamos.  De lo que no dispensan es del escrutinio para distinguir entre las unas y las otras. Recomienda el estoico no conmoverse ante lo irreparable, pero ningún precepto acalla el atroz verso de Dylan Thomas; “¡Rabia, rabia, ante la muerte de la luz!” Cólera ante la agonía de lo que amamos es la única prueba de que seguimos vivos.

De sobra sabemos que hay no una, sino varias teorías sobre las catástrofes. La física, sostiene que cuando se acumulan fuerzas contrapuestas,, en algún momento ocurre un quiebre violento, terremoto u explosión social, que instaura una nueva lucha de contrarios.

Todo examen de la derrota es ante todo autoexamen. ¿Somos lo que creíamos ser? ¿Dejamos que nos condujeran  quienes no podían llegar ni a la esquina? ¿Construimos fortalezas, o arquitecturas de relumbrón y de feria¨? ¿Estamos liberándonos, o enterrándonos en los escombros? ¿Todo el mundo siente lo que yo, o soy el único? La respuesta sólo puede darla usted mismo.

La teoría sociopolítica versa sobre el empleo de las catástrofes con fines de poder. Cada  vez que sufrían una crisis, los populismos del pasado siglo desarrollaban intensiva campaña para culpabilizar al pueblo y convencerlo de su incapacidad para gerenciar el desastre, lo cual conducía a cataclismos cada vez peores, hasta que el último  revertía contra el poder mismo.

La perspicaz Naomi Klein advirtió en las estrategias del imperialismo el persistente uso de las tácticas del Shock and Awe (Choque y Espanto), la aplicación de una violencia sobrecogedora e ilimitada para conmocionar a los pueblos y reducirlos a un estado  de indefensión y pavor que les impidiera reaccionar. Ejemplos, la Nakba contra los palestinos, el golpe de Estado contra Allende en Chile, el arrasamiento del patrimonio cultural de Irak tras la invasión yanki, los innumerables casos que pueda recordar el lector. En ninguno de ellos la sumisión  condujo a  algo.

Sólo la ausencia  revela el verdadero valor de lo que nos importa. La más fulminante de las catástrofes es la pérdida del objeto amado, Se experimenta como un dolor rotundo, que ni brujería ni terapia alivian.  A lo largo de la vida sacrificamos  alma, vida y corazón en altares que quizá sólo valían por el fervor con que los investimos. La intensidad de nuestras pasiones es la medida de nuestra alma. Quizá la única prueba de la existencia de ésta sea el valor de sacrificarla jugándola contra la ruleta de la indiferencia. Toda pasión correspondida es sospechosa de acomodo. Ningún cataclismo es definitivo, salvo la pérdida de la capacidad de amar.

El duelo, como todas las situaciones humanas, pasa por etapas. Cada sicólogo ha inventado un sistema propio, la mayoría presenta similitudes con el postulado por Elisabeth Kubler-Ross: Negación, Ira, Negociación, Depresión-Tristeza. Aceptación. Variantes del  modelo son postuladas  como válidas para la muerte de alguien próximo, para la pérdida amorosa, para el diagnóstico de enfermedad incurable, para todo tipo de catástrofe.  El sabio lector habrá advertido su defecto. La verdadera pena ni acepta ni negocia: intensifica su dolor hasta forjar algo más grande que ella misma. Y si es pecado quererte / que me condenen a muerte, sentencia la desgarradora copla mexicana.

No hay que preguntarse si volveremos a la normalidad cuando la normalidad misma es cataclismo. Aquello que no me destruye me hace más fuerte, decía Nietzsche. Enfrentar el cero es planificar infinitos. Saber que podemos perderlo todo es centuplicar el apego. Todos alguna vez abrigamos alguna alta esperanza. Ahora sabemos que renunciar a ella es también desastre.

Una irreversible pérdida definió la existencia de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Palacios y Blanco. Huérfano de padre y madre, distanciado  de tíos intratables, discriminado como simple criollo  en una metrópoli hostilmente peninsular, encontró consuelo en enamorarse de María Teresa Toro, a quien llamó “hija de un paisano y de un pariente”. El mozo Simón  adora sin que lo cohiba la posible distancia: «Amable hechizo del alma mía: en el correo pasado escribí a Ud. el feliz éxito que tuvo mi importuna impertinencia, en que pidiesen a Ud. y cuyos efectos ya sabrá Ud. con placer, pues considero que aunque no haya eso de amor por lo menos humanidad no deja de haber en el benévolo corazón de Ud.(…)”.

La recién casada muere de fiebre amarilla; parece el fin de todo para su joven esposo. Dos décadas después confiará a su edecán Luis Perú La Croix: “Miren lo que son las cosas: si no hubiera enviudado, no teniendo aún 20 años, quizás mi vida hubiera sido otra; no sería el general Bolívar, ni el Libertador, aunque convengo que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo». La libertad continental  es la titánica respuesta a una pérdida irreparable.

No sabemos nunca si el desastre es fosa que nos sepulta o yunque que nos forja para la tarea inexcusable.

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