¿Qué somos?

Por: Luis Britto García

“¿Qué somos?” es la pregunta que nos formulamos tras cada cataclismo. Pocos pueblos han suscitado tantas y tan contradictorias definiciones como el venezolano. El cronista Caulín atribuyó a los caribes “el criarse demasiadamente libertosos y andar a su albedrío”, “Bravo pueblo” nos llamó el autor de un himno que inauguró la República y libertó seis países. “No somos indios, ni europeos, sino una especie media (…) somos un pequeño género humano”, afirmó Bolívar en la Carta de Jamaica. De “bárbaros” y “salvajes” nos tacharon los positivistas. Los populistas nos definieron sólo por carencias: hambrientos, ignorantes, enfermos, incapaces de mejorar por sí mismos. Durante el último cuarto de siglo, el bolivarianismo intentó contrarrestar esta colección de dicterios llamándonos antiimperialistas, patriotas, nacionalistas. Son elogios que requieren confirmación en los hechos.

Hacia 2017 publiqué El verdadero venezolano: mapa de la identidad nacional, intento de compendiar las conclusiones metodológicamente válidas sobre la personalidad básica de nuestros compatriotas, entendida esta como la suma de sus necesidades, creencias, valores, motivaciones, actitudes y conductas.

Pero la personalidad es el compendio de los rasgos que imprimen en el ser humano la sociedad y la cultura en la cual se desarrolla. Existen estructuras todavía más profundas de nuestro ser: la configuración biológica. Todas y cada una de nuestras células contiene una clave responsable de la estructura de nuestro organismo, testigo de la de nuestros antepasados y determinante de la de nuestra descendencia: el ADN o ácido desoxirribonucleico, código oculto que rige las especies, las razas, las debilidades, las fortalezas y quizá parte de las aptitudes de los seres.

Descendemos todos de la primera célula viviente. Para sobrevivir en un mundo cambiante, los organismos deben a su vez modificarse. La diversidad inagotable de la vida se debe a mutaciones ocurridas al azar en el material genético originario. Si estos cambios resultan eugénicos, es decir, favorecen la supervivencia y la reproducción, los descendientes viven y se multiplican. Si son disgénicos, acarrean la extinción.

La vida además desarrolla otro mecanismo para sobrevivir al cambio: genera seres individualmente únicos y diferentes por vía de la reproducción sexual. Esta combina los genes del padre y de la madre para engendrar cada criatura con una fórmula genética específica y exclusiva, que no se repite ni siquiera en los mellizos. De tal modo se evita en lo posible que un solo factor adverso, cambio ambiental, enfermedad o competencia de otros organismos elimine la totalidad de la especie. Nuestros genes son una especie de firma o clave mediante la cual perduran en nosotros nuestros antepasados. Descifrarla aporta informaciones irrecusables sobre nosotros y ellos.

El venezolano es resultado del mestizaje. Todos los pueblos lo son ¿pero de la mezcla entre quiénes, en cuál proporción y de qué género? En el censo de 2011, los encuestados se autoatribuyeron voluntariamente la inscripción en ciertas categorías étnicas en el porcentaje siguiente: Morenos, 51,6. Blancos: 43,6. Negros: 2,8. Afrodescendientes: 0,7. Otros: 1,2. Son elecciones subjetivas en categorías imprecisas. Quizá habría que recurrir a categorías objetivas integradas indeleblemente en la profundidad de nuestro organismo.

Este es el objetivo de la investigación Admixture estimates for Caracas, Venezuela, based on autosomal, Y-chromosome, and mtDNA markers, desarrollada en 2007 en el Ivic por Helios Martínez, Álvaro Rodríguez-Larralde, Mary Helen Izaguirre y Dinorah Castro de Guerra.

Como objeto del estudio se analizaron muestras de sangre de 60 pacientes en una clínica privada (a los cuales por tanto se atribuía un nivel socioeconómico alto), y muestras de 50 pacientes en una maternidad pública (a las cuales se atribuía un nivel socioeconómico bajo), ambas instituciones situadas en Caracas. A partir de 1951 nuestra población urbana supera a la rural, y la capital acoge nutridas migraciones externas e internas, por lo que podemos asumir que la muestra es representativa.

En ella, el estudio de los haplogrupos de los cromosomas de las personas de alto nivel socioeconómico revela un elevado componente de origen europeo (0,78) y un muy bajo componente africano subsahariano (0,06). El componente amerindio es casi inexistente.

El mismo estudio sobre los cromosomas de personas de quienes se presume un nivel socioeconómico bajo revela un mediano componente de origen europeo de 0,42, un componente africano subsahariano de 0,21 y un componente amerindio de 0,36.
Se puede observar que en las personas con alto nivel socioeconómico los haplogrupos de los cromosomas relativos al origen europeo (0,78) casi duplican a los de igual origen en las personas de escasos recursos (0,42).

Asimismo, en las personas de alto nivel socioeconómico los haplogrupos de cromosomas relativos al origen subsahariano (0,06) son menos de un tercio de los presentes en personas de bajo nivel económico (0,21).

Estos datos son susceptibles de lectura social, económica, histórica y política. Desde 1498, a lo largo de la conquista, la colonia, la República oligárquica, el liberalismo, las dictaduras positivistas, los populismos y parte de este siglo, pobladores de origen europeo coaccionaron, explotaron y a veces exterminaron a amerindios y afrodescendientes a fin de situarse en el alto nivel socioeconómico y permanecer en él.

Por otra parte, la proporción de herencia amerindia y subsahariana se localiza entre la muestra femenina, ya que el cromosoma Y se transmite sólo por esta vía. Ello evidencia un elevado número de uniones, voluntarias o forzadas, entre los varones de origen europeo y las mujeres de origen amerindio y subsahariano. Conquistadores, colonos y migrantes eran en su mayoría varones, y el ingreso de mujeres desde Europa al Nuevo Mundo siempre fue menor al de hombres.

El número de personas con nivel socioeconómico alto es muy inferior al de las de nivel socioeconómico bajo: quizá el perfil genético de estas últimas sea el que mejor representa al pueblo venezolano.

Somos un pueblo de conquistados y esclavizados que un día juró no volver jamás a serlo.

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