Protesta juvenil

Por: Luis Britto García

1 Silencio en la noche, ya todo está en calma. El músculo duerme, la ambición descansa. Con la tontería del Fin de la Historia se oficializaron varias defunciones más: fin de la  revolución, fin del socialismo, fin de la vanguardia cultural, fin de la movilización social. Todo el mundo a casa, que las elites decidirán por nosotros. Entre   tantos fantasmas a los que se creía apaciguados, figuraba la protesta juvenil. Los jóvenes, dueños del futuro, sólo debían replicar indefinidamente el pasado.

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Pero cuando todo estaba tan bonito, asoma de nuevo su intranquilizante cabeza el motín. En la conservadora España, desde el 26 de septiembre juventudes de organizaciones como el Sindicato de Inquilinos y la Coordinadora Juvenil Socialista acampan en Puerta del Sol, protestan contra el aumento de alquileres del 90% en una década, contra la falta de viviendas de interés social, contra la carencia de oportunidades de trabajo y la generalizada precariedad laboral que eterniza la dependencia de sus padres. Grupos neofascistas los atacan tremolando banderas nacionales, la policía interviene aquí y allá para mantener un simulacro de orden.

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En Francia, movilizaciones de estudiantes y bloqueos de edificaciones y vías se multiplican a partir de secundarias y universidades en Marsella, París y otros 52 centros urbanos, con apoyo de sindicatos y movimientos de izquierda. Protestan contra el sempiterno ajuste neoliberal, traducido como siempre en presupuesto educativo deficiente, docentes escasos o recargados de trabajo, edificaciones y servicios en estado deplorable. Las autoridades responden con postergaciones, llamados a la calma y violenta represión policíaca que acumula cerca de siete mil detenidos. Participan vigorosamente juventudes marginadas de las barriadas satélites, cuya situación de ghettos devorados por la discriminación y el odio transmitiera el director Mathieu Kassovitz en su despiadado film La Haine (1995). Movilizaciones similares barren otras ciudades en Bélgica y otros países de Europa.

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Los medios presentan estas marejadas como desorden injustificado y sorpresivo. Pero  la contemporaneidad es el conjunto de las tentativas de la juventud para ocupar de manera plena el porvenir. Recorramos la turbulenta historia. En casi todos los movimientos revolucionarios de la segunda mitad del siglo XX, triunfantes o no, fueron protagonistas los jóvenes. Así ocurrió en la revolución cubana, la insurgencia colombiana, la resistencia peruana contra las masacres, la lucha armada que durante dos décadas estuvo a punto de definir el futuro de Venezuela, en el 27 de febrero, esa explosión sin programa ni consignas que acabó con cuatro décadas de bipartidismo.

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Revisemos  la contemporaneidad. Cuando parecía no haber más ideal que el cinismo, en 2001 los argentinos arrasan con la casta gobernante al grito de “todos afuera”. El año siguiente los venezolanos inundan las calles para reponer a su Presidente electo secuestrado. Muchachos chilenos se sublevan espontáneamente contra el post pinochetismo con motivo del alza en las tarifas del Metro. Brasileños del Movimiento Sin Tierra ocupan latifundios. Colombianos en  masiva protesta social hacen tambalearse la oligarquía conservadora.

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Se dirá que los mozos de los países emergentes siempre están alborotados,  pero allí insurgen las juventudes de Occupy Wall Street en la tentativa utópica de derrocar el poder financiero que había llevado al colapso de 2008. Poco después vi a las juventudes españolas de Indignados tomar por asalto en 2011 Puerta del Sol. Con no demasiada tardanza los franceses se calaban chalecos amarillos. Algo después mocedades estadounidenses repletaban calles afirmando que Black Lives Matter, rechazando monarquías absolutas con el lema No Kings, enfretándose a la Gestapo racista ICE.

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La mayoría de estos movimientos históricos, sobre todo los del Tercer Mundo, nutrieron sus filas con una creciente demografía juvenil. Actualmente, las juventudes de los países desarrollados son casi minorías en sociedades con desfalleciente natalidad. Ello lesiona seriamente sus expectativas como nueva generación. Según expertos demógrafos como Julio Pérez Díaz en The Reproductive Revolution, en el mundo desarrollado estaría en curso una nueva revolución (o contrarrevolución) reproductiva manifiesta en: 1) Declive del trabajo reproductivo 2) Ingreso de la mujer en el mercado de trabajo 3) Disminución del control social sobre la sexualidad 4) Aplicación de anticonceptivos 5) Incremento de la expectativa de vida 6) Refuerzo de los vínculos familiares relativos a la reproducción.

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Intentemos una lectura social. El trabajo de ambos sexos en un mundo donde el empleo es cada vez más escaso y peor remunerado lleva a la reproducción decreciente y tardía, y a la inadaptación de los jóvenes en un mundo de longevos. Ilustrémoslo tomando como ejemplo de países desarrollados al modelo estadounidense, en el cual, según cifras de la Oficina del Censo,  los ciudadanos presentan un retardo cada vez mayor en cumplir hitos fundamentales de la existencia. Así en 1980, el 64% de los mayores de 21 años tenía un trabajo de tiempo completo y el 42% era financieramente independiente de sus padres; para  2021, sólo lo tiene el 39% y apenas  es financieramente independiente el 25%. En 1980, el 63%  de los adultos de 25 años estaba casado y el 39% tenía un niño; en 2021, sólo el 22% están casados y apenas 17% tiene descendencia.. En 1980, el 84% de la misma edad  ya no vivía con sus padres; en 2021 sólo vive aparte de ellos  el 68%. En 2023, el 42% de los adultos vive sin pareja.(https://www.pewresearch.org/short-reads/2025/01/08/share-of-us-adults-living-without-a-romantic-partner-has-ticked-down-in-recent-years/).

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Cierto, el capitalismo ha creado el mejor de sus mundos posibles, pero nadie puede vivir en él. Mientras avanza la arrolladora concentración del capital, las condiciones de vida de los trabajadores empeoran proporcionalmente. No es que el nivel de vida de las generaciones anteriores fuera óptimo, pero crece la conciencia de que las nuevas ya ni siquiera podrán alcanzarlo.

Breve es la vida y fugaz su mayor fuerza y encanto. No podemos sacrificarla contemporizando con la infamia.

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