El mundo actual visto por un extraterrestre, y sus predicciones

Por: Marcelo Colussi

Vez pasada habíamos dicho que pudimos tener acceso a un informe encontrado en una nave extraterrestre caída en el desierto de Gobi, en un punto cercano al límite entre China y Mongolia. Resulta que, algún tiempo después, vino a revisar el artefacto siniestrado otra expedición extraterrestre, supongo que procedente del mismo planeta. Yo estaba asignado al lugar, custodiando la zona -que aún sigue estando restringida al público-, cuando apareció el referido aparato. Confieso que tuve mucho miedo. Pero rápidamente se disipó, pues los astronautas, en número de cuatro, fueron muy amables. Algo raros en su aspecto -no mucho más que los bichos humanos-, hablando un perfecto chino mandarín, se dirigieron a nosotros. Tuve oportunidad allí de consultarles sobre cómo veían nuestro planeta, y qué perspectivas avizoraban para la humanidad. Sus explicaciones nos dejaron perplejos. Conocen de nosotras y nosotros mucho más de lo que podíamos imaginarnos. Transcribo aquí la grabación que nos dejó uno de ellos (o de ellas, porque no podía distinguírseles el sexo, si es que lo tienen). La traducción al español está hecha con inteligencia artificial de última generación.

“Realmente vosotras y vosotros nos sorprendéis. Tenéis las condiciones para vivir todos los miembros de la especie por igual, con condiciones materiales dignas, pero la forma en que organizáis vuestras vidas hace que se provoquen unas diferencias sociales increíbles, peligrosas diría, explosivas. Creednos que nos cuesta entender esas paradojas: la humanidad en su conjunto produce más comida de la necesaria para nutrir perfectamente a los varios miles de millones que sois -8,200 en este momento-, pero curiosamente el hambre campea por doquier. Según tenemos entendido, hay un aproximado de 42% más de alimentos necesarios para obtener las alrededor de 2,000 calorías que necesitáis a diario, al menos la población adulta y, aunque suene extravagante, mucha de esa comida se bota, se pierde lisa y llanamente, en tanto muchísima gente -alrededor de 20,000 personas diarias- fallece por desnutrición. O por causas directa o indirectamente ligadas a la falta de ingesta de nutrientes. ¡Increíble!  

Todo ello hacer pensar en esa conducta tan particular de la especie humana -entre los animales terrícolas no se da eso- de lo que llamáis suicidio. Comportamiento, por cierto, errático, diríamos que incomprensible en términos biológicos. ¿Por qué un ser vivo buscaría deliberadamente quitarse la vida? Sin dudas, vericuetos de esa rareza que anida en vosotros. Más de 2,500 personas diarias se suicidan en el mundo. Sin dudas, eso tiene algo de escalofriante, explicable solo por los complejos vaivenes de vuestra subjetividad, siempre plagada de contradicciones, de vaguedades, donde las angustias juegan un papel preponderante. Pero más escalofriante aún es lo que hacéis a nivel global. Insisto: eso remeda un suicidio colectivo. La imposibilidad de acceder todo el mundo a una sana dieta calórica bien equilibrada habla de la humana condición, que definitivamente pareciera siempre buscar la muerte, la aniquilación, de los otros y de sí mismos. ¿Por qué no repartís equitativamente toda esa enorme masa de alimentos de que disponéis? ¿Cómo es posible que mientras unos carecen de lo mínimo indispensable, un grupo -que se cree selecto- padece de obesidad?

Creedme que hace tiempo venimos estudiando vuestra conducta, vuestra tan particular manera de relacionaros, y seguimos sin terminar de entenderos. ¿Suicidio colectivo? Sobra comida y muchísima gente se muere de hambre. ¡Qué contradictorio! Del mismo modo, la incongruencia entre lo que proclamáis a los cuatro vientos, y lo que hacéis en la práctica. Decís que os amáis fraternalmente, os llenáis la boca hablando de rimbombantes palabras como paz, convivencia, libertad, derechos humanos y cosas por el estilo, todo lo cual termina siendo una vacuidad insustancial, risible en definitiva. Mucho amor, al menos eso es lo que declamáis, pero en estos momentos mantenéis 56 conflictos armados en todo el planeta, donde a diario mueren muchas personas, o quedan heridas, con secuelas psicológicas perdurables, con ingentes daños materiales, generando una profunda cultura de odio y resentimiento. No entendemos para qué predicáis el amor incondicional si os vivís matando, masacrando, justificando esas sangrientas aniquilaciones con argumentos discutibles, más bien insustanciales.

Todo esto da para hablar mucho: ¿por qué esa necesidad de sentiros buenos, si lo que mejor fabricáis con vuestras manos y vuestra inteligencia son armas, artefactos que sirven solo para matar? Algo que nos llamó poderosamente la atención y que no encontramos en otros planetas habitados por seres inteligentes es el grado de crueldad a que podéis llegar. Por ejemplo, nos conmocionó, nos dejó una tremenda pregunta abierta difícil de responder, eso de la fabricación que hacéis de minas personales, esos engendros que no matan, pero sí quitan una pierna, dejando discapacitada de por vida a la persona que tiene la desgracia de pisar una, y que sirve para neutralizar de un golpe a tres soldados enemigos: el herido, y dos más que deben rescatarlo. ¡Qué maldad! Resulta verdaderamente tragicómico que luego habléis de paz y amor, que hagáis pomposas declaraciones altisonantes sobre estos temas, mientras vuestra industria bélica es el punto de mayor desarrollo de vuestra tecnología, ahora utilizando inteligencia artificial.

La adoración de supuestos seres divinos -habéis inventado algo así como 3,000 deidades en el curso de la historia humana- os sirve para sentiros amparados, buenos. ¡Tremenda falsedad hipócrita! En nombre de muchas de ellas habéis cometido las más horripilantes crueldades. Las guerras religiosas, las acciones militares hechas en nombre de algún supuesto ser superior, son aterrorizadoras. Solo como ejemplo: con uno de esos dioses en la mano -hoy día uno de los más populares en el mundo- y con la espada y arcabuces en la otra, habéis invadido un continente entero para llevar allí, supuestamente, la civilización. Y lo peor de todo es que os creéis esas narrativas, las repetís acríticamente, quimeras a todas luces descabelladas. O peor: absolutamente injustas, injustificables.

Por lo que hemos podido averiguar, este modelo social que hoy se extiende por muy buena parte de la superficie terrestre llamado capitalismo está en la base de todas estas tropelías. En otras palabras: esta forma de relacionaros donde un pequeñísimo grupo es dueño, también llamado propietario, de los medios que os sirven para generar las cosas que necesitáis para vivir, es decir: la tierra, los instrumentos con que la trabajáis, las herramientas con que producís la interminable cantidad de objetos que os sirven para la vida, para generar energía, para divertiros, esas minúsculas élites que, en nombre de una ley -creada por la misma sociedad, por tanto normativa histórica, cambiante, y por ende: nada equitativa, nada justa- tiene más prerrogativas que las grandes mayorías, siendo eso la causa de vuestras actuales desgracias, de las penurias de las enormes masas desposeídas.

Ese capitalismo, que hoy se siente absolutamente victorioso y pareciera querer llevarse por delante impunemente a quien se le enfrente, vemos que no ofrece solución -no la busca, y mucho menos: puede darla- a los grandes problemas que hoy día aquejan a la humanidad. El referido hambre, por ejemplo.

Habéis llegado a grandes progresos con vuestra tecnología: manejáis la energía nuclear, vencisteis la ley de gravedad, conocéis los ácidos nucleicos habiendo descifrado el secreto de la vida, disponéis de inteligencia artificial, producís grandes maravillas con vuestra técnica actual, pero todo ello, en los marcos del capitalismo, no os sirve para repartir igualdad. Por el contrario, todo ello aumenta exponencialmente las diferencias, creando una olla de presión que en algún momento va a reventar. La vida entre vosotros sigue siendo totalmente desigual, injusta, cruel. Las altisonantes palabras que los más poderosos utilizáis: democracia, por ejemplo, hacen reír. O, con más propiedad: hacen llorar. Nos llamó poderosísimamente la atención lo proferido por uno de los más grandes -o más perversos- políticos de la gran potencia capitalista, ese país construido sobre la sangre de los indígenas norteamericanos y con el sudor de población negra transplantada al continente americano en calidad de esclavos, hoy día conocido como Estados Unidos, un tal Henry Kissinger -quien paradójicamente ostenta un Premio Nobel a la Paz-, lo que tiene ribetes francamente bufonescos, cuando expresó que “Hay temas demasiado importantes para dejarlos en manos de los votantes”. Realmente eso nos espantó, porque evidenic a cabalidad la mentira sobre la que está edificada la sociedad capitalista, llamada democrática, que hoy campea en la gran mayoría de países: es una infame explotación de las mayorías, disfrazada de igualdad. La parafernalia de todas las otras palabras que la acompañan, es patética.

Por lo que hemos podido investigar, existen los antídotos para esto: lo que llamáis socialismo. Ya en varios países lo habéis puesto en práctica, y ello os ha resultado. Hoy, con características muy peculiares, el segundo país más poblado del mundo, la República Popular China, está construyendo un curioso modelo, donde existe un ideario socialista -que recoge la experiencia de interminables luchas populares- junto a mecanismos capitalistas. Raro engendro, sin dudas. Ese país, en estos momentos, está retando de forma victoriosa a la gran potencia capitalista, a la que, lenta pero ininterrumpidamente, va dejando atrás. Ese país de América -que, curiosamente, no se llama América, como se autonombra su población, sino Estados Unidos- hiper capitalista, expresión máxima del sistema capitalista, donde absolutamente todo es negocio, ha perdido mucho terreno en todos los aspectos y, como ha sucedido siempre con todos los imperios en su humana historia, va cayendo. Ningún imperio se puede perpetuar en el tiempo; tampoco ese país que tiene como ícono una hamburguesa o un ratoncillo simpático, llamado Mickey, sin dudas muy poderoso -el país, no el ratoncillo-. País ahora en decadencia, con insolubles problemas domésticos: la epidemia de consumo de drogas, por ejemplo, con más de 300 muertes diarias por sobredosis, jóvenes en lo fundamental.

Acaba de asumir un nuevo gerente en Estados Unidos, al que llaman presidente. Resulta que este señor -blanco, patriarcal, misógino, xenófobo, realmente convencido de la superioridad de su grupo ante toda la humanidad, brutalmente obsceno para expresarse (osó tratar a los más pobres como “países de materia fecal”), que se mueve con una  impunidad escalofriante- no solo está intentando recuperar el terreno perdido en la arena internacional, sino que, a lo interno, ensoberbecido como parece estar en este momento, está atacando los cimientos de su propia declamada democracia, con medidas algo extravagantes, que están tensando bastante la situación doméstica. De hecho, algunos estados que conforman esa unidad nacional tienen pretensiones separatistas.

Tal es su extravagancia, su soberbia y altanería, que nos atrevemos a vaticinar un par de cosas, sin que ellas puedan ser tomadas como profecías -nosotres [no pudimos identificar el género] no hacemos esas cosas, solo realizamos análisis objetivos con los elementos de que disponemos-: 1) no es nada improbable que Estados Unidos, plagado de insolubles problemas sociales, humanos, éticos (el referido alto consumo de estupefacientes, por ejemplo), se esté dirigiendo hacia una guerra civil. Ese mandatario, elegido con amplio voto popular, representa a buena parte de la ciudadanía de ese país, la cual fue llevada a creerse seriamente lo de su supuesto destino manifiesto y condición de excepcional; pero por otro lado, un alto porcentaje de la población adversa esas formas. Sin dudas, situación explosiva. 2) Tan desaforadas están siendo sus medidas, creando tanto malestar a lo interno de su país, y atreviéndose a tocar a intocables factores de poder, que no nos extrañaría que haya gente que esté pensando en desembarazarse de su persona. Ya lo hicieron algunos años atrás con un tal Kennedy. Sin dudas, podrían repetirlo ahora si las circunstancias lo requiriesen. 3) Las bravuconadas que está mostrando no son gratuitas; su accionar representa intereses de la clase dominante del país, aquella que no necesariamente da la cara, pero que siempre está dirigiendo todo desde las sombras: léase, los grandes banqueros, los fabricantes de armas, las enormes compañías multinacionales dedicadas a la inteligencia artificial, al petróleo, a la producción de fármacos. Todo indica que esos sectores quieren recuperar el espacio económico-político-cultural que han ido perdiendo estos años, fundamentalmente por el avance chino, y para ello están dispuestos a todo. Nos atreveríamos a decir que, ¿por qué no?, también a una guerra mundial, pero sin el uso de armas nucleares. De todos modos, lo impredecible de vuestras conductas puede llevar, aunque no lo deseéis racionalmente, a un holocausto atómico que destruiría toda la humanidad y casi toda forma de vida en su planeta azul, pudiendo sobrevivir solo algunas pocas bacterias, como el thermococcus gammatolerans, el deinococcus radiodurans, o el milnesium tardigradum, y no así las cucarachas, como acostumbráis decir, siguiendo uno de tantos mitos que pueblan vuestras vidas.

A propósito, el mito que quizá mayor hilaridad nos ha provocado es aquel que dice que el hijo de uno de los dioses principales que adoráis -uno de los más populares, podría decirse- es producto de una mujer que nunca mantuvo relaciones sexogenitales, cosa imposible en aquel entonces, 20 siglos atrás, cuando no conocíais aún la inseminación artificial. Lo curioso es que, habiendo descifrado hoy los profundos vericuetos del genoma humano, sigáis creyendo tamaña superstición vetusta, arcaica, de ribetes primitivos. Otra gran contradicción que nos cuesta entender. ¿Sois realmente inteligentes?

Ahora bien: retomando la pregunta inicial que habíais formulado respecto al futuro de la humanidad: es sumamente incierto ese porvenir. Si no llegáis al holocausto termonuclear, es probable que sí, por suerte para los 8,200 millones de seres humanos que hoy holláis ese planeta, lleguéis a la sociedad sin clases. Pero para eso parece que faltan aún muchas luchas. Os alentamos a que sigáis dando esas batallas, a ver si un día podéis salir de esa monstruosidad que se llama capitalismo.”

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Dicho que fuera todo lo anterior, abruptamente nuestros visitantes cortaron la conversación y se retiraron tan rápido como habían venido, dejando un profundo olor a butilselenomercaptano que inundó todo el ambiente.

¿Para dónde va el mundo?

Por: Marcelo Colussi

Estas no son predicciones (no soy Nostradamus, y mucho menos Elon Musk ni Bill Gates, los actuales “profetas” que nos dicen cómo será el mundo del futuro…, según su sesgado criterio, claro). Son modestas apreciaciones, hechas con los elementos de análisis disponibles -que nunca son muchos, porque los proyectos estratégicos de largo alcance de las potencias nunca se conocen en detalle- que intentan mostrar dónde estamos parados, y hacia dónde pueden ir las cosas.

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El poder es impune. ¿Es psicópata?

Entrevistador: Mrs. Madeleine Albright (Secretaria de Estado de Estados Unidos entre 1997 y 2001): ¿Realmente vale la pena matar a esos millones de bebés sólo para apoyar la política estadounidense contra Irak?

Mrs. Madeleine Albright: Sí, vale la pena.

Por: Marcelo Colussi

El ejercicio del poder conlleva siempre una cuota de violencia. En mayor o menor medida, siempre hay imposición, lo cual implica un mandato, una directiva. En definitiva, eso es el poder: la acción de uno sobre otro, logrando una conducta deseada, deseada por quien ejerce ese poder, sobre la voluntad doblegada de quien sufre ese ejercicio. Por tanto, es siempre lineal, autoritario, de una sola vía.

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Vamos por el socialismo

Por Marcelo Colussi

Libro de Marcelo Colussi, presentado en Guatemala en el marco del Coloquio “Ciencias sociales y violencias en Centroamérica: entre asedios y resistencias”.

Miércoles 4/12, 12:30 hs., en Fundación Goubaud (8 calle 3-51, zona 1, Guatemala). Salón Sam Colop.

Presentamos aquí el Prólogo, de Gilberto López y Rivas.

Descargar el libro aquí: Vamos por el socialismo

Prólogo

Es un honor prologar este libro de Marcelo Colussi con el significativo título de Vamos por el socialismo. Se trata de una obra necesaria y pertinente para los tiempos actuales, caracterizados por una acumulación capitalista militarizada-delincuencial, por el resurgimiento del fascismo y la prevalencia de Estados Unidos como poder hegemónico del desastre. 

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La actual comunicación mediática: una mentira bien montada

Por: Marcelo Colussi

“El estudio sistemático de la psicología de masas reveló a sus estudiosos las posibilidades de un gobierno invisible de la sociedad mediante la manipulación de los motivos que impulsan las acciones del ser humano en el seno de un grupo.”

Edward Bernays

Persona de 48 años: “te lo mando por correo electrónico. Y por favor, pásame el documento en un USB.”

Persona de 22 años: “¡¿Qué?! ¿¡Todavía usas esas antigüedades!?

La comunicación, según una definición canónica del diccionario de la Real Academia de Lengua Española, es la “acción consciente de intercambiar información entre dos o más participantes con el fin de transmitir o recibir información u opiniones distintas.” Dicho intercambio se da a través de un código simbólico al que llamamos lenguaje. El mismo puede ser oral, escrito, gestual. Existe una inmensa variedad de lenguas en el mundo: alrededor de 7.000; más allá de las diferencias entre ellas, todas tienen una característica común: sirven para comunicar.

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Carta de Marx con motivo de los 35 años de la Caída del Murode Berlín

Por: Marcelo Colussi

No puedo dar los detalles precisos, sino simplemente hacer saber que recibí esta carta, firmada nada más y nada menos que por Carlos Marx. Con mi pobre alemán me permití hacer la traducción, y como creo que esto es muy importante, hago circular el texto de marras en su versión española.

Trabajadores del mundo:

Las fuerzas de la derecha internacional festejan alborozadas estos 35 años de la Caída del Muro de Berlín. Pero se equivocan. ¿Qué festejan en realidad? ¿El fin del socialismo?

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Las izquierdas latinoamericanas: una radiografía

Por Marcelo Colussi

En relación a los procesos tibios de “socialismo capitalista” (digamos: socialdemocracia), vale recordar lo dicho por la revolucionaria polaco-alemana Rosa Luxemburgo: “No se puede mantener el “justo medio” en ninguna revolución. La ley de su naturaleza exige una decisión rápida: o la locomotora avanza a todo vapor hasta la cima de la montaña de la historia, o cae arrastrada por su propio peso nuevamente al punto de partida. Y arrollará en su caída a aquellos que quieren, con sus débiles fuerzas, mantenerla a mitad de camino, arrojándolos al abismo”.

  1. “Izquierda” es un término demasiado amplio, impreciso incluso; de todos modos, permítasenos usarlo aquí para dar a entender todas aquellas fuerzas políticas y/o sociales que bregan por un cambio respecto al sistema capitalista. Entra allí, por tanto, un muy extendido abanico de opciones y alternativas, desde grupos alzados en armas hasta partidos políticos que se pliegan a la institucionalidad vigente, desde movimientos sociales más o menos sistematizados o espontáneos hasta grupos académico-intelectuales. Exagerando quizá, podría decirse que mucho del movimiento de ONG’s que se ha venido dando en estos últimos años, en términos amplios podría considerarse “de izquierda”. La característica común que une a toda esa amplia masa es el deseo de transformar el modelo socio-económico vigente o, incluso, en que abre críticas puntuales a injusticias que se dan dentro de ese modelo, aunque haya profundas diferencias en la forma de buscarlo.
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Las Neurociencias

Por: Marcelo Colussi

“Si usted quiere, puede”, “Todo depende de usted”, “Ser exitoso es una cuestión de actitud”, “No se estrese, maneje adecuadamente su ansiedad”, “¡Sea positivo!”, “¡Eleve su autoestima!”. A lo que se podría agregar, necesariamente en lengua inglesa: “Don’t worry! Be happy!”, tan representativo de los tiempos que corren, cuando se habla insistentemente de “resolución pacífica de conflictos” y rechazo a todo tipo de manifestación violenta.

Expresiones como todas estas se han hecho cosa habitual en nuestra vida cotidiana; una psicologización, bastante cuestionable en términos epistemológicos o, mejor dicho: una vulgarización de saberes que atañen a la subjetividad, recorre nuestro sentido común, llenando de “tips” (hay que decirlo en inglés) el vocabulario diario. Según nos dice (nos obliga) esta andanada de directrices, hay que ser resilientes, políticamente correctos y buscar superarse continuamente, tener emociones positivas y sonreírle a la vida con optimismo.

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Hacia nuevos escenarios mundiales

Por: Marcelo Colussi

“Occidente dice llevar libertad y democracia a otras naciones. Esa democracia es superexplotación, y esa
libertad es esclavitud y violencia. Esa democracia es hipócrita hasta la médula”.
Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa.

Occidente imperialista
El capitalismo surgió en lo que habitualmente se llama Occidente: Europa, y de ahí
pasó a las colonias americanas. Estados Unidos, ya independizada de la corona
británica, paso a paso terminó siendo la gran potencia capitalista, ejerciendo
desde el fin de la Segunda Guerra Mundial un dominio planetario. Pero hoy, ya
bien entrado el siglo XXI, las cosas tienden a cambiar. La gradual caída de
Occidente como imperio dominante y la aparición de nuevos polos de gran poder
en Asia no significan el inmediato abandono del capitalismo.

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¿Por qué el Estado de Israel sigue masacrando palestinos?

Por: Marcelo Colussi

“Hamas será borrado de la faz de la tierra. Cada miembro de Hamas es un hombre muerto, pues son bárbaros y bestias”, dijo el actual mandatario israelí Benjamín Netanyahu. Vale recordar que en estos últimos meses el ejército de Israel ha masacrado a más de 40.000 palestinos en su preconizada lucha contra el terrorismo, fundamentalmente civiles no combatientes, incluyendo niños y niñas, mujeres, ancianos, bombardeando hospitales. Ahora bien: ¿quiénes, realmente, son los “bárbaros y bestias”?

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