Por: Cicerón Flórez Moya
La democracia en Colombia padece una congénita debilidad. No es tan radiante como pretenden hacerla ver los propagandistas oficiosos del establecimiento. Y por las condiciones de desigualdad acumuladas en el país se hace cada vez más vulnerable, con la ayuda de la corrupción y la politiquería, que lucen como trofeos de los grupos políticos alimentados por las adversidades de la nación.
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