Roque Dalton: poética de la ternuridad

Por: Ricardo Romero Romero


No es venganza lo que quiero,

sino dejar una flor

donde escondieron los huesos

de un héroe de El Salvador.

Silvio Rodríguez

Definir la ternura es un desafío porque la misma es simbólica y se vincula a acciones o hechos de lo cotidiano. Pudiéramos decir que es un afecto pleno, incondicional y libre de apego hacia una persona, sea en singular o plural (humana, animal o vegetal), aunque también se contempla lo condicional cuando se trata de una madre hacia su hijo, donde la vulnerabilidad y la fragilidad del infante conmueve a su progenitora y siente que lo primordial es la protección de ese ser.

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Identidad, exclusión y esperanza en Brasil

La presencia afrodescendiente en Brasil resulta esencial para entender su identidad nacional.

Por: Osvaldo Cardosa

Actualmente, más de 122 millones de brasileños, el 56 por ciento de una población de 218,5 millones de habitantes, se consideran negros o pardos (mestizos).  Con tal cifra, el país ostenta el mayor número de afrodescendientes fuera de África.

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Festival cubano del Son homenajea al Trío Matamoros en su centenario

Este evento se desarrollará con la participación de el Septeto Habanero, el Conjunto Chapotín y Cándido Fabré.

El Festival del Son celebra el centenario del Trío Matamoros del 8 al 11 de mayo en toda Cuba, ofreciendo una variedad de conciertos, actividades académicas, exhibiciones de danza y tributos a figuras icónicas del género.

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Ecuador exhibe obras inéditas de Guayasamín tras 50 años en Guayaquil

Una selección inédita de obras del insigne pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín (1919-1999) están expuestas hoy en la ciudad de Guayaquil, 50 años después de la última muestra del artista en esa urbe.

De acuerdo con la curaduría, las piezas exhibidas abarcan desde la intimidad de los desnudos hasta el bullicio de las grandes ciudades, pasando por la ternura de la maternidad y el dolor de la injusticia.

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Semana Santa de ‘Sex and the city’

Por Jessica Dos Santos

El martes me desperté absolutamente derrotada. Me vestí sin bañarme. No habia agua en casa y mi humor no aguantaba ni el respectivo tobito de agua fría ni tener que esperar una eternidad para que mi cocinita eléctrica se dignara a hervir unos cuantos litros.

El mal humor podía ser normal. Nunca despierto de mil amores. Pero no tenía hambre y yo siempre amanezco con el apetito de un camionero. Me comí una fruta y me fui al gimnasio. Me costó cada ejercicio. Sentía ganas de llorar. Mire el calendario de mi teléfono para echarle la culpa a las hormonas, pero estaba en la fase ovulatoria, no en la premenstrual.

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Una negra historia de “Blanca Nieves”

Por: Fernando Buen Abad

Desde su primer estreno, “Blanca Nieves” (Snow White propiedad de The Walt Disney Co.) reveló un entramado complejo de significados que desnudan las condiciones de explotación más oscuras del capitalismo y las estructuras semióticas que sostienen su hegemonía ideológica. “Blanca Nieves” es una víctima arquetípica de la explotación. Su belleza y sumisión son una mezcla perfecta para reducir a las mujeres en mercancías del ideal burgués, que su rol de sirvienta en el castillo y en la cabaña de los enanos exhibe su subordinación a la división burguesa del trabajo. Todo es sacrificio y la pasividad como virtudes, para esconder la explotación de clase y género. Eso sí, con musiquita y canciones pegajosas.

“Blanca Nieves” es representada en situaciones de pasividad, obediencia o sumisión en todas las versiones del cuento. Revelaría cómo su figura está vinculada a términos que refuerzan la ideología patriarcal y la resignación ante la explotación. No falta una Reina, obsesionada con su belleza y su posición, que encarna un odio de género y alienación de la mujer, donde la competencia y la apariencia determinan su valor social en el mercado. Una manipulación ideológica en la que las mujeres son enfrentadas entre sí mientras compiten por la seducción y perpetuación del sistema patriarcal.

Esa Reina es toda estereotipos negativos en la moral burguesa (egoísmo, crueldad, vanidad), mientras que “Blanca Nieves” es toda valores positivos (pureza, bondad, sacrificio). Hay siete enanos que representan una clase trabajadora despojada de conciencia política. Su papel en la historia enfatiza la obediencia al trabajo irracional al que nada se le cuestiona. Son obreros mineros, que nunca se rebelan ni buscan suprimir las condiciones de su vida rutinaria, donde la felicidad proviene del cumplimiento de su función dentro del engranaje productivo. En los diálogos de los enanos puede analizarse cómo la retórica del “trabajo feliz” es utilizada para enmascarar la explotación, convirtiendo la resignación en virtud. Y todo esto hay que tragárselo como divertido.

Pero llega el Príncipe que “redime” a “Blanca Nieves” y restaura con sus besos el orden social. Su papel simbólico legitima la pasividad de la clase explotada, porque la solución no proviene de su propia lucha, sino de la intervención de una fuerza externa, bella y bondadosa, que impone el final “feliz” bajo el imperio de la inconsciencia. Una fórmula perfecta para ocultar las contradicciones de clase bajo una estética edulcorada. Un destino natural, nunca como una injusticia. Y todo encaja a la maravilla dentro de una estrategia semiótica de la industria anestésica, moldea subjetividades desde la infancia. Esa tragedia da historia de “Blanca Nieves” niega el conflicto de clases y convierte en virtud la resignación.

Esa “magia” de Disney no es más que una herramienta para naturalizar la sumisión y despolitizar a las audiencias victimadas por la farándula y la estetización del poder, la música y la idealización estética neutralizan cualquier lectura crítica. El relato se convierte en un producto de consumo masivo que transmite ideología de forma seductora. No es un cuento inocente, sino un artefacto de control ideológico.

Disney, en tanto monopolio monstruoso, ha recaudado sumas obscenas de ganancias con sus esperpentos ideológicos. Se entronó en la estética y en la moral fabricadas para aparentar una moral “blanca como la nieve”. Y ahora en esta versión “nueva” de “Blanca Nieves” y los siete enanos, se plantea otros retos como reinar comercialmente en la sensibilidad feliz de sus consumidores felices, por los siglos de los siglos. Pero ahora con agradecimiento eterno.

Esta “Blanca Nieves” tuvo un presupuesto superior a los 250 millones de dólares, “Blanca Nieves” había comenzado con ambiciones más altas, especialmente porque devuelve a Disney a sus orígenes…podría marcar un nuevo nadir. El Rey León fotorrealista de Jon Favreau (2019) tampoco tuvo grandes críticas, pero recaudó más de 1 600 millones de dólares en todo el mundo. “Blanca Nieves” se estrenó peor que Dumbo (un estreno de 46 millones en 2019) y Cenicienta (67,9 millones en 2015)».

Así que les urge recaudar y recaudar. ¿Esperarán que venga el príncipe de la Casa Blanca para salvarlos con algún besito presupuestal?

Según sus cálculos, recaudarán entre 45 y 50 millones de dólares en los cines estadounidenses durante el primer fin de semana, cálculos según la preventa. Eso se les hace poco porque están acostumbrados a que sus refritos cinematográficos atraigan a la nostalgia de adultos emocionados por inocular a sus hijos el mismo veneno que les intoxicó sus infancias. Disney, en los años que lleva reciclando sus derechos de autor, ninguna de las entradas de gran presupuesto ha llegado exclusivamente a los cines con menos de 58 millones de dólares, una vez ajustada la inflación. (Esa fue Dumbo en 2019). Dicen.

Ellos trabajan, meticulosamente, todos los dispositivos de la cursilería más melosa, como arma para una Guerra Cognitiva que se desliza amigablemente entre las añoranzas de la vida infantil y los nichos de escape para que se fugue la conciencia de la realidad brutal en que el capitalismo tiene hundido al planeta y a la especie humana. Su semiótica de guerra ideológica nos revende sus clásicos animados sólo que re-imaginados como espectáculos que cobran vida en personajes “reales” con acción real como antídoto del tiempo que ha desvanecido la memoria y el consumo del efecto “Blanca Nieves” en los bolsillos y las cabezas de la clase trabajadora. La recaudación final será un espejo donde podrá verse la eficacia y la eficiencia mercantil y semiótica de los mecanismos de Batalla Cultural que hoy les importa tanto.

En 2024, “Disney Experiences”, que abarca los parques temáticos, reportó ingresos por aproximadamente 33.400 millones de dólares para un total de 94.000 millones de dólares en el mismo año. Es una desfachatez atroz ante la pasividad de los referentes burocráticos de la cultura, la cinematografía y la defensa de la integridad emocional e intelectual de los pueblos.

“Nunca subestimes la necesidad de tener entretenido a un niño de 6 años”, dijo Gross. Especialmente porque su entretenimiento es un gran negocio que cuenta con la complicidad de gobiernos, academias, iglesias, empresas. Su entretenimiento es una derrota para nuestros pueblos que han aprendido a rendirle pleitesía y darle la razón ética y estética, a disfrutarlo, agradecerlo y difundirlo como si se tratara de la mejor herencia posible para la prole. Y todo sin dejar de pagar.

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Trazos de resistencia

Por: LUIS BRITTO GARCÍA

La imagen es el lenguaje universal. En las cuevas de Altamira, Lascaux y Chauvet nuestros antepasados no inscribieron letras, sino figuras de animales trazadas con vívido realismo. En cambio, las imágenes de los hombres y sus pertrechos de cacería son estilizadas con escuetas rayas, próximas al ideograma. Lo mismo ocurre en nuestros petroglifos.

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Narrar es un placer (y un riesgo)

Por: Luis Britto García

La literatura, ejercicio para sedentarios, sólo se justifica por su capacidad -equiparable a la del deporte- para eliminar a quienes la practican. Escribir atenta contra la integridad física. Homero, Milton, James Joyce, Aldous Huxley y Borges tenían serios problemas de la vista; Luis de Camoens y Gabrielle d´Anunzio terminaron tuertos. Cervantes quedó manco y Valle Inclán perdió un brazo en un debate lírico a bastonazos. Elegir la literatura como oficio es prueba irrecusable de locura; peor es intentar curarla. Torcuato Tasso, Jonathan Swift, Ezra Pound, Antonin Artaud, William Burroughs, Andrés Caicedo terminan sus existencias tratando de no ser internados en manicomios o fugándose de ellos. La letra es dañina para la salud.

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Igualmente nociva es toda actividad preparatoria de la escritura. Herman Melville se alista a los 19 años como marino, y deserta de los rigores de la vida naval para vagabundear entre caníbales en el Pacífico. Hemingway se enrola a los 18 años en la Segunda Guerra Mundial y colecciona un centenar de esquirlas de obús en el cuerpo. Casi a esa edad se alista Alain Fournier y es acribillado en alguna trinchera. Andrés Caicedo se moviliza en el ejército de la rumba y se suicida a los 25 años tras recibir el primer ejemplar de su novela ¡Que viva la música! Sarrazine y Jean Genet investigan vivencialmente malandraje y transexualidad y pagan largas condenas. Saint Exupery sale a buscar al Principito pilotando un P-38 Lightning y es derribado. La tinta es insalubre.

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El amor, actividad beneficiosa para la mayoría de los mortales, resulta para los literatos aciaga. Dante recibe calabazas de Beatriz y se consuela escribiendo un millón de tercetos; Abelardo conquista a Eloísa y pierde lo que más le importa. Pushkin fallece en un duelo por faldas; Mariano José de Larra se suicida por una coqueta, Dostoievsky pierde su dinero y la razón por Polina Suslova; Leopoldo Lugones, enamorado de una adolescente, se descerraja un tiro cuando trata de internarlo en un manicomio su hijo, un siniestro policía sureño.

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Dicen los médicos que el humor prolonga la vida. A los escritores se las amarga o acorta. Quevedo da con sus huesos en la cárcel por rimar versos satíricos; Daniel Defoe por redactar panfletos; Voltaire por pensar. Leoncio Martínez, Francisco Pimentel, José Rafael Pocaterra y Kotepa Delgado temperan en La Rotunda, y Aquiles y Aníbal Nazoa en mazmorras menos históricas. Ramón Gómez de la Serna y Enrique Jardiel Poncela huyen de España al reventar la guerra civil; Jaime Garzón Forero es asesinado en Colombia. Quien ríe último muere peor.

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Se elogia la escritura como catarsis que drena pasiones: más bien las exacerba y las vuelve contra el sujeto. Emilio Salgari escribe sobre tigres de la Malasia y corsarios negros y se acuchilla el vientre a los 49 años; Robert E. Howard da vida a Conan el Bárbaro y se quita la propia a los treinta; Jack London perpetra una antología de la violencia y se suicida con morfina a los cuarenta; Ernest Hemingway describe hecatombes de soldados, toros y peces espada y se vuela la cabeza a los sesenta. Gerard de Nerval se ahorca en un callejón. Argenis Rodríguez relata la lucha armada y se suicida. El mayor escritor de ficción de todos, Sigmund Freud, se despide con una inyección de morfina. Así como los peores enemigos de los autores son sus colegas, cada escritor es enemigo mortal de sí mismo.

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Actividades colaterales no salvan a los escribidores del desastre. Antón Chejov cura tuberculosos y muere contagiado a los 44 años. Teresa de la Parra adula al dictador Juan Vicente Gómez y a los 46 expira tísica en Lausana; Manuel Díaz Rodríguez es su embajador en Italia y fallece al pisar la cincuentena; Ramos Sucre es su cónsul en Suiza y se envenena en Ginebra a los cuarenta. Rubén Darío es embajador de varios países centroamericanos y expira a los 46 años entre alucinaciones: a la misma edad que el desamparado César Vallejo se extingue de paludismo, de tristeza y de mengua.

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Se teoriza sobre la responsabilidad social del escritor: nada más nefasto que practicarla. Voltaire ridiculiza el absolutismo religioso y político y se pasa la vida huyendo de un país a otro: cumplidos los ochenta años lo capturan en París y lo ultiman a homenajes. Isaac Babel se alista en la caballería roja y fenece de un tiro en la nuca asestado por algún comisario político. José Rafael Pocaterra se burla del dictador Cipriano Castro, va preso a los 16 años al castillo de San Carlos y pasa tres años más en La Rotunda, donde lo acompañan Rufino Blanco Fombona, Leoncio Martínez y Francisco Pimentel. García Lorca simpatiza con la República Española y es fusilado a los 38 años por los falangistas que encarcelan a Miguel Hernández hasta que sucumbe a los 36 años.

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La beodez es el más trivial riesgo ocupacional de los escribidores. La embriaguez es un estado sagrado que no debe ser banalizado. Muchos confunden genio con cirrosis hepática. Alfredo de Musset ingresa en el delirium tremens eterno a los 47 años; Edgar Allan Poe a los cuarenta. Baudelaire se muda definitivamente a los 46 años a los Paraísos Artificiales; Thomas de Quincey come opio y termina devorado por él; Balzac revienta a los cincuenta envenenado con café. Casi a esa edad se despiden Orlando Araujo y Ludovico Silva buscando la verdad en el vino; Antonin Artaud, volando entre hongos alucinantes tarahumaras, y Phillip K. Dick con el hígado pulverizado por cocteles químicos que abren las puertas de infiernos interdimensionales. William Burroughs vivió y murió intoxicado. Buscar inspiración rápida acarrea muerte instantánea. A los esfuerzos que hace toda sociedad sensata por exterminar a los escritores sumamos los propios. Nadie puede acusarnos de molestar. Somos a la vez el problema y la solución./UN

Dígalo cantando

Por: Alvin Lezama

Hace unos días, al mediodía, quien les escribe caminó por una transitada avenida de una popular ciudad de un país latinoamericano y caribeño ‒Caracas‒, con el calor y los sonidos en su apogeo, en su máxima intensidad, pude apreciar mejor el valor del sonido. Como homo sapiens pude, por su puesto, distinguir entre tal barullo un sonido articulado propio de esta especie que conocemos como lenguaje, el que nos has permitido por entre 30 mil a 50 mil años como especie, convertirnos en seres de relaciones sociales más que animales gregarios, a su vez nos ha permitido crear y sostener a la sociedad y la cultura, a producir y compartir saberes para la vida. Allí distinguí del lenguaje, su expresión oral, hablada, llenando con palabras sonoras el espacio, el momento presente con significados y sentidos, plena de vida, ejerciendo su poder. Revaloricé la palabra hablada y el papel que desempeña en nuestro desarrollo personal. Primero, aprendemos a hablar que a caminar, a pensar, a escribir y a leer, a aprender. El lenguaje se aprende hablando, con éste nos relacionamos socialmente, desde el ámbito familiar, pasando por la comunidad y en el grupo cultural y religioso al que pertenecemos.

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La Guitarra acompañante de Gabino Jardines (In memoriam)

Por: Lil Rodríguez

Tal vez el Caribe y Latinoamérica no se dieron cuenta, saliendo como se estaba de las festividades de la Cruz de mayo y observando algunos conflictos que parecieran diseñados para  apartarnos del camino principal. Desde Cuba, y concretamente desde Santiago de Cuba por la vía del trovador y productor Gabriel Soler llegaba la noticia: Partía ese sábado 4 de mayo en la mañana no solo un referente musical de auténtica cubanía. Se estaba perdiendo otra enciclopedia, de esas que están en los territorios, casi anónimas salvo para quienes trajinan con ellas y beben de sus páginas, en el pueblo, y con él. Y de eso Cuba sabe mucho.

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