De Gaza al Líbano: la Nueva Doctrina Israelí de Destrucción Total

Por Marc Vandepitte

Detrás de las nubes de humo sobre Beirut se oculta una visión radical de un “Gran Israel”. Las tácticas de Gaza se utilizan ahora para despoblar el sur del Líbano, y dejar así el camino libre para una ocupación permanente y la reconfiguración de Oriente Medio.

Desde principios de marzo de 2026 Israel lleva a cabo una campaña militar a gran escala en el Líbano bajo el nombre de Operación Roaring Lion (o “Rugido del León”), que comenzó como respuesta a ataques con cohetes por parte de Hezbolá. La operación incluye intensos bombardeos aéreos sobre Beirut y el sur del Líbano, complementados con una ofensiva terrestre que, desde el 16 de marzo, ha escalado hasta una invasión más amplia en la zona fronteriza.

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Cómo Israel Convirtió la Promesa de ‘America First’ en una Guerra Eterna para Trump

Por Alejandro Marcó del Pont*

La influencia extranjera es uno de los enemigos más perniciosos del gobierno republicano (George Washington).

El 28 de febrero de 2026, las explosiones que sacudieron Teherán no solo alcanzaron los enclaves subterráneos del programa nuclear iraní; su onda expansiva viajó miles de kilómetros hasta fragmentar el cemento político sobre el que Donald Trump había construido su segunda presidencia. En una operación de una audacia y un riesgo extremos, la Fuerza Aérea de Estados Unidos, en supuesta coordinación con Israel, lanzó el ataque más contundente contra Irán desde la crisis de los rehenes de 1979.

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La Junta de Paz de Trump Relega Gaza a un Segundo Plano y Encubre el Genocidio Palestino

Por Juan Antonio Sanz*

El presidente estadounidense bautiza su proyecto con 10.000 millones de dólares que no serán solo para Gaza, sino para glorificar el hegemonismo de EEUU y diluir el genocidio en Palestina.

Con pompa, boato y el aplauso de sus acólitos, el presidente estadounidense, Donald Trump, inauguró este jueves la primera reunión de la llamada Junta de Paz para Gaza, una nebulosa institución que, originalmente, debería traer el fin de la guerra a la franja palestina, aunque sus objetivos reales parecen apuntar más a la propaganda del hegemonismo global de Washington, la glorificación del propio Trump como paladín del fin de los conflictos y a la preeminencia de su aliado Israel en Oriente Medio.

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Violencia Sexual y Reproductiva en Palestina: las Mujeres como Blanco Estratégico del Genocidio

Por Carolina Bracco* – LatFem

Lejos de ser un “daño colateral”, la violencia sexual y reproductiva contra las mujeres palestinas forma parte de una estrategia colonial de larga duración. El genocidio en Gaza se inscribe en una lógica demográfica que busca impedir la reproducción de la vida palestina y aniquilar no solo el presente, sino también la posibilidad de futuro.

El genocidio en Gaza debe ser comprendido como la fase más reciente de un proyecto colonial de asentamiento que, desde sus orígenes, tuvo como objetivo la eliminación de la población originaria palestina con el fin de garantizar la supremacía judía sobre el territorio. Lejos de constituir un episodio excepcional, la violencia actual se inscribe en una Nakba continua, iniciada en 1948 y jamás interrumpida.

Ese año, bajo el amparo del Mandato Británico, las milicias sionistas llevaron adelante una limpieza étnica sistemática que forzó a más de 750.000 personas a abandonar sus hogares. Más del 80% de la población nativa fue expulsada del territorio que poco después sería declarado Estado de Israel. Esta violencia fundacional -acompañada de más de 13.000 asesinatos- produjo en pocos meses una transformación radical de la composición demográfica: la población judía pasó de representar aproximadamente el 30% al 81% del total. El objetivo era reemplazar a la población existente, sentando las bases de un orden colonial cuya lógica eliminatoria continúa operando hasta el presente.

Pero a diferencia de otros procesos de asentamiento, el proyecto colonial no terminó: se naturalizó. Israel fue reconocido por la comunidad internacional sin exigirle justicia, reparación ni retorno para la población desplazada. 

A pesar de las expulsiones masivas de 1948 y 1967 -que afectaron a 250.000 personas-, de la inmigración de más de un millón de judíos de la ex Unión Soviética entre 1990 y 2000, y de las múltiples matanzas, la proporción de población palestina en el conjunto del territorio entre el río Jordán y el mar Mediterráneo nunca dejó de aumentar.

En el año 2000, los colonos judíos y sus descendientes representaban el 52% del total. Para 2010, eran apenas el 49%. Diez años después, solo el 47%. Estos son datos aportados por el académico palestino Joseph Masad, quien ve en el genocidio actual una estrategia política clara; la única que permitiría preservar la supremacía de los colonos sobre el territorio histórico palestino.

La preocupación sobre el desbalance demográfico ha estado siempre en la retórica y la política israelí; ya desde los años 70, la entonces primer ministra Golda Meir -la misma que decía que los palestinos “no existían”- declaraba que se iba a dormir preocupada pensando cuántos niños árabes nacerían durante la noche. Cuatro décadas más tarde, la ministra de justicia Ayelen Shaked  declaró abiertamente que había que dispararles a las mujeres palestinas embarazadas porque “dan a luz a pequeñas serpientes”. 

En tanto reproductoras de la vida y de la continuidad nacional, las mujeres palestinas han sido históricamente construidas por el régimen colonial como amenazas demográficas. En este marco, la violencia sexual, obstétrica, física y simbólica ejercida contra ellas ha sido una práctica persistente y estructural. Su finalidad es intervenir sobre la reproducción de la vida palestina y quebrar su continuidad en el tiempo.

El genocidio debe entenderse precisamente en estos términos: como la destrucción sistemática de un pueblo, que no se limita a la eliminación física directa, sino que opera también a través del bloqueo, el asedio prolongado, la hambruna inducida, la producción de trauma colectivo y la aniquilación de los horizontes de presente y de futuro. En este proceso, los cuerpos de las mujeres se convierten en un campo central de disputa, donde la violencia reproductiva funciona como una tecnología orientada a impedir la persistencia misma del pueblo palestino.

“Reprocidio”: aniquilar el presente y el futuro

Lo que está en el centro del genocidio es la eliminación de la vida. Y por eso, la resistencia a ese intento de borramiento no solo pasa por la supervivencia inmediata, sino también por la capacidad de reproducir la vida: de gestar, de parir, de criar. Hoy, en Gaza, eso es prácticamente imposible. La violencia reproductiva se manifiesta en todos los niveles: no hay hogares, no hay intimidad posible, no hay médicos especialistas, no hay tratamientos de fertilidad. Las violaciones dejan huellas traumáticas en los cuerpos que afectan directamente la posibilidad de gestar. Entre 2022 y 2025, los abortos espontáneos aumentaron un 300% y la natalidad cayó un 41%. Y aún si una mujer logra concebir, ¿en qué condiciones va a parir? Sin hospitales, sin cuidados neonatales, sin anestesia para las cesáreas. Y si da a luz y el bebé sobrevive, lo espera el frío y la hambruna: madres desnutridas, sin acceso a leche materna, sin leche de fórmula, sin agua potable, sin inmunidad básica.

Este conjunto de prácticas es definido por la académica gazatí Hala Shoman define como reprocidio: una forma específica de violencia colonial que apunta a desmantelar las estructuras reproductivas de una población para eliminarla no solo en el presente, sino también en su potencial de futuro.

El caso paradigmático fue el bombardeo del centro de fertilidad Al Basma, el más grande de Gaza, en diciembre de 2023. Un misil destruyó más de 4.000 embriones y más de 1.000 muestras de esperma y óvulos no fecundados. El doctor Bahaeldeen Ghalayini, fundador del centro, describió la magnitud del ataque con una frase desgarradora: “5.000 vidas en un solo proyectil”. Este ataque deliberado forma parte de una política sistemática y sostenida de aniquilación reproductiva, que abarca desde la destrucción de hospitales materno-infantiles hasta el impedimento de partos seguros, el uso de violencia sexual en cárceles, el envenenamiento ambiental, la destrucción de viviendas y la imposibilidad estructural de criar o amamantar en condiciones mínimas de dignidad.

A ello se suma el colapso total del sistema sanitario, la falta de electricidad en incubadoras, la multiplicación de partos sin anestesia ni insumos, el incremento exponencial de cesáreas de urgencia y de histerectomías realizadas para evitar hemorragias fatales. En algunos casos, médicos han tenido que realizar cesáreas post mortem para salvar a bebés de los vientres de sus madres asesinadas. 

Las condiciones de parto y crianza en refugios improvisados -muchos de ellos rodeados por tanques israelíes o sin acceso a agua, alimento ni privacidad- han generado un entorno de trauma estructural y desesperanza. Muchas mujeres expresan el deseo de volver a tener a sus hijos dentro del cuerpo, como única forma de protegerlos.

En paralelo, los ataques contra la reproducción no se limitan a Gaza. En las cárceles israelíes, se multiplican los relatos de violencia sexual y tortura con impactos directos sobre la salud reproductiva. Estas agresiones no solo buscan dañar cuerpos individuales: buscan humillar, quebrar, implantar el terror, desmantelar el entramado íntimo de la vida palestina, borrando las posibilidades de maternidad, paternidad o intimidad compartida.

Violencia sexual como tecnología colonial

La violencia sexual no es un fenómeno reciente ni marginal, sino que ha estado en el centro de las prácticas colonizadoras desde el inicio. Ha sido política sistemática de los gobiernos laboristas y de derecha por igual. En la masacre de Deir Yassin, el 9 de abril de 1948, se reportaron violaciones masivas a mujeres y niñas palestinas. Según el historiador Ilan Pappé, los líderes sionistas anunciaron con orgullo el número elevado de víctimas para sembrar el pánico. Huir era, en esas condiciones, la única opción racional. Desde entonces miles de niñas y mujeres, pero también hombres y niños, han sido víctimas de violaciones, tortura genital, feminización forzada, castración como parte de una tecnología colonial sistemática de dominación.

El centro de detención Sde Teiman, donde hay más de 4.000 gazatíes detenidos desde el 7 de octubre, se ha convertido en un centro de tortura aún más cruel que Guantánamo o Abu Ghraib. Las denuncias de violación y abuso sexual son múltiples. En lugar de procesar a los agresores, se ha visto a sectores de la sociedad israelí manifestarse en defensa de los soldados acusados.

Las dinámicas de género y sexualidad son fundamentales para comprender la estructura del colonialismo israelí. La dominación opera a través de la feminización del enemigo: violar a una mujer palestina es humillar a su comunidad; feminizar al varón colonizado es castrarlo simbólicamente; desmembrar un cuerpo es convertirlo en desecho.

La masculinidad blanca, colonial y sionista se impone no solo por la fuerza, sino también por el discurso. En los medios hegemónicos y en los sectores liberales de Occidente, los palestinos son presentados como bárbaros, violentos, misóginos, fanáticos, o simplemente como números sin rostro.

Esta operación discursiva configura lo que Orlando Patterson definió como “muerte social”: el despojo simbólico de la agencia, la historia y la pertenencia al género humano. En este marco, la violación de los cuerpos palestinos es una herramienta. Y su impunidad, un síntoma de deshumanización estructural.

En la práctica, esto se traduce en una política genocida integral donde la destrucción deliberada de escuelas, hospitales, universidades, bibliotecas, iglesias, mezquitas, redes de agua y energía, es una estrategia sistemática para impedir la reproducción social palestina. Lo que se busca destruir no es solo el presente, sino la posibilidad de un futuro colectivo. Es una violencia que afecta a los cuerpos, pero también a los saberes, a los afectos, a la memoria, a las formas de vida.

Sostener la vida bajo condiciones de muerte

En este contexto de violencia absoluta, afirmar la vida se convierte en un acto insurreccional. Sin embargo, no todas las familias pueden o desean reproducirse. Muchas mujeres han expresado públicamente su decisión de evitar embarazos durante el genocidio, ante el colapso sanitario y el riesgo extremo de muerte materna o infantil. Como escribió Hala Shoman en redes sociales en agosto de 2024: “Piensen bien antes de traer niños al mundo. Las tasas de aborto espontáneo se han triplicado. Las madres mueren desangradas. No hay leche, ni comida, ni medicamentos. Esto es un ruego envuelto en amor y en miedo”. Estas palabras condensan el dilema ético y político que enfrentan quienes desean continuar una vida afectiva y familiar en medio de un régimen de exterminio.

Al mismo tiempo, esta negativa temporal a la reproducción no contradice el impulso afirmativo de vida, sino que forma parte de una ética del cuidado y de una política de la protección frente al exterminio. Como señala Shoman, resistir no significa solo tener hijos; significa hacer posible las condiciones de vida. Y eso, en Gaza, hoy es una forma radical de lucha.

Sostener la vida bajo condiciones de muerte implica desafiar el marco jurídico que define el genocidio solo en términos de cifras de muertos. Destruir la capacidad de reproducción, imponer el duelo permanente, clausurar el horizonte, impedir la crianza, criminalizar la infancia y aislar el deseo son formas de aniquilación que el derecho internacional sigue sin reconocer plenamente.

La historia de las mujeres palestinas es la historia de Palestina. Es una historia de resiliencia y de resistencia, de ocupación y exilio, pero también de continuidad y lucha por la posibilidad misma de existir, de continuar, de vivir con dignidad. Se trata de una lucha que no es sólo por la liberación, sino también contra la eliminación.

Las mujeres palestinas, en este contexto, no son solo víctimas. Son sujetas activas de resistencia. En sus cuerpos se inscribe el proyecto de exterminio, pero también la obstinada voluntad de vivir. Y mientras siga habiendo vida que se defienda, que se reproduzca, que se narre, habrá futuro para Palestina. 

*Carolina Bracco, politóloga, Dra. en culturas árabe y hebrea, escritora e investigadora.

La Cumbre de Bogotá lanza la intifada legal del Sur Global contra Israel y EE.UU

El giro de Colombia respecto de Washington y la alianza del Grupo de La Haya marca una ruptura histórica con la hipocresía jurídica occidental sobre Palestina.

Por: José Niño*

Del 15 al 16 de julio, Bogotá se convirtió en la inesperada capital de una insurrección global contra la impunidad legal occidental. Más de 30 países, incluidas potencias clave del Sur Global e incluso algunos estados europeos, se reunieron en la capital colombiana para la  Cumbre de Emergencia del Grupo de La Haya .

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Ninguna nación está por encima de la ley


Por: Juan Hernández Machado*

Si el mundo acepta que esto se viole entraríamos en una etapa de descontrol absoluto.

Por eso en numerosos comentarios anteriores insistimos que ante la etapa actual de genocidio contra el pueblo palestino cometido por el gobierno de Israel, así como por sus agresiones a Siria, Líbano, Yemen e Irán, más que denuncias y condenas hay que adoptar medidas que hagan comprender a su pueblo que sus gobernantes lo están llevando al repudio mundial.

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Francesca Albanese: Informe sobre el genocidio en Palestina

Por. Henry Pacheco: El Relator Especial es un experto independiente nombrado por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para seguir e informar sobre la situación de los derechos humanos en el Territorio Palestino Ocupado.

La tarea del Relator Especial es evaluar la situación de los derechos humanos en el Territorio Palestino Ocupado, informar públicamente sobre ella y trabajar con los gobiernos, la sociedad civil y otras entidades para fomentar la cooperación internacional. El Relator Especial realiza visitas o misiones periódicas al Territorio Palestino Ocupado e informa anualmente al Consejo de Derechos Humanos. El ACNUDH proporciona al titular del mandato asistencia logística y técnica. 

El mandato del Relator Especial se deriva de la resolución de 1993 del Comité de Derechos Humanos. El mandato pide al Relator Especial:

  1. Investigar las violaciones por parte de Israel de los principios y fundamentos del derecho internacional, del derecho internacional humanitario y del Convenio de Ginebra relativo a la protección de personas civiles en tiempo de guerra, de 12 de agosto de 1949, en los territorios palestinos ocupados por Israel desde 1967;
  2. Recibir comunicaciones, oír a los testigos y utilizar las modalidades de procedimiento que considere necesarias para su mandato; y
  3. Informar, con sus conclusiones y recomendaciones, a la Comisión de Derechos Humanos en sus futuras sesiones, hasta el fin de la ocupación israelí de esos territorios.

 Sra. Francesca Albanese fue nombrada Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, por el Consejo de Derechos Humanos en su 49º período de sesiones en marzo de 2022 y ha asumido su función a partir del 1 de mayo de 2022.

La Sra. Albanese es becaria afiliada del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional de la Universidad de Georgetown, así como asesora principal en materia de migración y desplazamiento forzoso de un grupo de reflexión, Arab Renaissance for Democracy and Development (ARDD). Ha publicado ampliamente sobre la situación jurídica en Israel y el Estado de Palestina y enseña y da conferencias regularmente sobre derecho internacional y desplazamiento forzoso en universidades de Europa y la región árabe.

La Sra. Albanese también ha trabajado como experta en derechos humanos para las Naciones Unidas, incluida la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina

De la economía de ocupación a la economía de genocidio

Informe de la Relatora Especial de las Naciones Unidas para los Territorios Palestinos ocupados sobre las empresas involucradas en el proyecto colonial israelí

Francesca Albanese 9/07/2025

El día 3 de julio de 2025, la Relatora Especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos ocupados, Francesca Albanese, presentó ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU el siguiente informe, que relata las formas concretas en las que empresas e instituciones han colaborado con la ocupación y/o colaboran actualmente con el genocidio del pueblo palestino. Aparecen grandes empresas de tecnologías de la comunicación, como Google, Amazon o Microsoft. También las principales gestoras del sector financiero como Blackrock y Vanguard y fondos de pensiones como el noruego y el canadiense. Maquinaria de empresas como Caterpillar, Volvo o Hyundai ha sido utilizada para la destrucción de propiedades palestinas y la construcción de colonias. Se menciona a la vasca CAF como responsable de la construcción de infraestructura de transporte entre Jerusalén y las colonias. Junto con las empresas armamentísticas israelíes como Elbit Systems e Israel Aerospace Industries, aparecen la estadounidense Lockheed Martin o la italiana Leonardo. Universidades como el MIT o la Universidad Técnica de Múnich también colaboran en investigaciones con el sector armamentístico israelí.

Albanese insta a los Estados a imponer un embargo de armas total, suspender los acuerdos comerciales y de inversión con Israel y exigir responsabilidades a las empresas por las violaciones del derecho internacional. En el Anexo propone cómo estas empresas e instituciones se pueden responsabilizar legalmente de las violaciones de derechos humanos que han hecho posibles.

Para facilitar la lectura, se han eliminado las notas al pie, que están disponibles en el documento original en inglés.

De la economía de ocupación a la economía de genocidio

Informe de la Relatora Especial de las Naciones Unidas para los Territorios Palestinos ocupados sobre las empresas involucradas en el proyecto colonial israelí

El día 3 de julio de 2025, la Relatora Especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos ocupados, Francesca Albanese, presentó ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU el siguiente informe, que relata las formas concretas en las que empresas e instituciones han colaborado con la ocupación y/o colaboran actualmente con el genocidio del pueblo palestino. Aparecen grandes empresas de tecnologías de la comunicación, como Google, Amazon o Microsoft. También las principales gestoras del sector financiero como Blackrock y Vanguard y fondos de pensiones como el noruego y el canadiense. Maquinaria de empresas como Caterpillar, Volvo o Hyundai ha sido utilizada para la destrucción de propiedades palestinas y la construcción de colonias. Se menciona a la vasca CAF como responsable de la construcción de infraestructura de transporte entre Jerusalén y las colonias. Junto con las empresas armamentísticas israelíes como Elbit Systems e Israel Aerospace Industries, aparecen la estadounidense Lockheed Martin o la italiana Leonardo. Universidades como el MIT o la Universidad Técnica de Múnich también colaboran en investigaciones con el sector armamentístico israelí.

Albanese insta a los Estados a imponer un embargo de armas total, suspender los acuerdos comerciales y de inversión con Israel y exigir responsabilidades a las empresas por las violaciones del derecho internacional. En el Anexo propone cómo estas empresas e instituciones se pueden responsabilizar legalmente de las violaciones de derechos humanos que han hecho posibles.

Así funciona la economía del genocidio: quién es quién en el lucrativo negocio a costa del pueblo palestino

  • Un nuevo informe presentado ante Naciones Unidas detalla cómo las grandes empresas financian y obtienen beneficios del genocidio en Palestina. 
  • “Si el genocidio no ha terminado, es porque es un negocio muy lucrativo”, asegura la Relatora Especial de Naciones Unidas para los Territorios Ocupados de Palestina, Francesca Albanese.

“Si Palestina fuese una escena del crimen, tendría las huellas dactilares de todos nosotros”, así de contundente se ha mostrado la Relatora Especial de Naciones Unidas para los Territorios Ocupados de Palestina, Francesca Albanese, tras presentar su informe De la economía de la ocupación a la economía del genocidio. Un exhaustivo estudio que señala cómo las grandes empresas financian y obtienen beneficios del genocidio contra el pueblo palestino.

Dónde hacemos la compra, en qué gasolinera repostamos, el banco dónde depositamos nuestros ahorros y otras tantas decisiones cotidianas que, sin que seamos conscientes, financian indirectamente el apartheid israelí. “Si el genocidio no ha terminado, es porque es un negocio muy lucrativo”, asegura Albanese, que apela a los “ciudadanos corrientes” a practicar el “boicot” contra este fenómeno.

Su informe, presentado este jueves en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, interpela directamente a los Estados, a los que llama a imponer sanciones y cortar todas las relaciones comerciales y financiares con Israel. Exigiendo además que las empresas que se están enriqueciendo de la masacre del pueblo palestino “rindan cuentas” ante la justicia.

Las grandes empresas, responsables del genocidio

Según el informe de la relatora, las grandes empresas no solo obtienen beneficio del genocidio, sino que lo han hecho posible. La economía no es un mero beneficiario colateral de esta violencia, sino que es el sistema circulatorio que hace que la violencia continúe.

Fabricantes de armas que abastecen al Ejército israelí, empresas de maquinaria pesada usada para destruir los barrios en Cisjordania, los grupos agrícolas que comercializan productos de asentamientos ilegales o los bancos que financian la ofensiva contra Gaza: todos desempeñan un papel clave en el engranaje de la limpieza étnica.

«Estas empresas han seguido suministrando al mercado israelí a pesar de las abundantes pruebas del uso criminal de esta maquinaria por parte de Israel y los repetidos llamamientos de los grupos de derechos humanos para cortar los lazos», dice Albanese en el informe. «Los proveedores pasivos se convierten en contribuyentes deliberados de un sistema de desplazamiento».

El informe define al complejo militar‑industrial como la “columna vertebral económica” de Israel. Gracias a él, el Ejército dispone sin interrupción de munición, drones y otros equipos usados en Gaza y Cisjordania. Sirviendo de campo de pruebas para la industria armamentística: los fabricantes presumen de que sus productos están “tested in combat” (probados en combate), un reclamo que incrementa su valor comercial.

Para Albanese, “las compañías que proporcionan armamento y apoyo técnico han reforzado la capacidad israelí para perpetuar el apartheid”. Empresas como la estadounidense Lockheed Martin, que agrupa a 1.600 fabricantes de todo el mundo, han suministrado de forma constante al Ejército israelí cazas F-35, vitales para el bombardeo de Gaza y ataques como el producido contra Irán el pasado mes de junio.

En mayo de este año, Lockheed Martin alcanzó un acuerdo de cooperación con el Ministerio de Defensa español para proporcionar a la industria de defensa nacional “una mayor capacidad de ingeniería y producción”. Se estima que en los últimos años Defensa ha suscrito más de 40 acuerdos con la compañía por un valor superior a los 2.000 millones de dólares.

En el mismo campo, la tecnológica estadounidense Palantir aparece en el texto de la relatora especial por haber provisto al ejército israelí de un software que permite la toma de decisiones automatizada en “situaciones de guerra”.

La compañía cuenta con una filial en España, Palantir Technologies Spain SL, y ha sido beneficiaria en octubre de 2023 de un contrato con el Ministerio de Defensa español, por valor de 16,5 millones de euros, para desarrollar sistemas de análisis y fusión de datos con tecnologías basadas en Inteligencia Artificial.

Otras grandes tecnológicas como Microsoft, Alphabet y Amazon proveen a Israel de servicios de almacenamiento de datos y de inteligencia artificial, “mejorando el procesamiento de datos, la toma de decisiones y las capacidades de vigilancia y análisis”.

Por otra parte, gigantes automovilísticos como Hyundai (Corea del Sur) y Volvo (Suecia) también aparecen señalados por la presunta venta de maquinaria pesada a Israel. Vehículos clave en las demoliciones masivas de Gaza y Cisjordania. Desde octubre de 2023 hasta octubre de 2024, Israel construyó 57 nuevas colonias “con empresas israelíes e internacionales que suministraban maquinaria, materias primas y apoyo logístico” asegura el informe.

En cualquier caso, la relatora advierte que lo que expone “no es una lista, es un sistema”. Y como tal, requiere de una respuesta estructural por

«Europa tenía el deber de prevenir y detener el genocidio en Gaza. No hizo ninguna de las dos cosas»

La banca sostiene la economía del genocidio  

Casi dos años después del inicio del genocidio en Gaza, Israel es capaz de sostener su economía gracias a la emisión masiva de bonos del tesoro, que dan liquidez directa al Gobierno israelí para cubrir el déficit generado por la compra masiva de armamento.

“Algunos de los bancos más grandes del mundo, incluidos BNP Paribas y Barclays, intervinieron para aumentar la confianza del mercado suscribiendo estos bonos del Tesoro internacionales y nacionales, lo que permite a Israel contener la prima de la tasa de interés, a pesar de una rebaja de crédito”, señala el texto.

Desde el 7 de octubre, la Bolsa de Valores de Tel Aviv habría crecido al menos un 200% en menos de dos años, más de 220 mil millones de dólares en beneficios bursátiles. «Un pueblo enriquecido, otro borrado«, sintetizaba la relatora en la posterior comparecencia de prensa.

La española CAF señalada  

En el informe aparece señalada la empresa vasca CAF (Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles SA) como parte del consorcio empresarial encargado de mantener y ampliar la Línea Roja del Metro Ligero de Jerusalén, así como de construir una nueva Línea Verde. Una obra que contempla la construcción de 28 nuevos kilómetros de vías que conectan Israel con asentamientos ilegales en Jerusalén Este, anexionados ilegalmente por Israel en 1980 y sin reconocimiento de Naciones Unidas.

La concesión de este contrato se formalizó en 2019 a través de un consorcio entre CAF y la constructora israelí Shapir. El proyecto tiene un coste total que ronda los 1.800 millones de euros.

De esa cifra, más de 500 millones irían a parar a CAF por las tareas de obra civil, montaje de vías y suministro de material rodante. A esa parte fija se suman los ingresos correspondientes a su participación al 50% en la sociedad conjunta responsable de la explotación y el mantenimiento de ambas líneas durante un período de entre 15 y 25 años, actividad que por sí sola podría generar cerca de 1.000 millones adicionales.

Esta obra consolida el plan colonial israelí al conectar sus asentamientos ilegales. Garantizando el tráfico de mercancías y personas para los colonos y fragmentando físicamente el territorio palestino.

Las empresas deben ser juzgadas  

Para Albanese, la responsabilidad del genocidio palestino va más allá de Israel. Según la relatora, el marco jurídico internacional ofrece ya una base sólida para establecer la responsabilidad penal y civil de las corporaciones que facilitan crímenes de lesa humanidad. En su opinión, lo que ocurre en Palestina “es una línea roja” para el sector privado.

El informe de Albanese advierte de que ya existen precedentes históricos. Tras la Segunda Guerra Mundial, el Tribunal de Núremberg sentó un hito jurídico al enjuiciar a los directivos de IG Farben —la colosal química alemana— por haber suministrado gas Zyklon B y otros productos esenciales al aparato de exterminio nazi.

Algo similar ocurrió en la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica, donde se señaló la responsabilidad corporativa de varias empresas en la violación de Derechos Humanos de la población negra.

La complicidad expuesta por el informe es sólo la punta del iceberg; no se podrá acabar con ella sin exigir responsabilidades al sector privado, incluidos sus ejecutivos” señala. “Un paso necesario para poner fin al genocidio y desmantelar el sistema mundial que lo ha permitido”.

Estados y ciudadanos deben actuar  

La relatora especial termina su informe emitiendo varias recomendaciones a los Estados para “acabar con la impunidad” y “frenar el genocidio”. Entre las medidas sugeridas destaca un “embargo total” a la compra y venta de armamento y la imposición de “sanciones”.

Del mismo modo, pide la suspensión de todos los acuerdos comerciales con Israel. Actuando también contra las respectivas empresas nacionales que estén financiando o lucrándose con el genocidio.

“En este momento existencial para el pueblo palestino; sindicatos, abogados, organizaciones de la sociedad   civil y la propia ciudadanía deben fomentar un cambio de actitud por parte de las empresas y los gobiernos”, asegura Albanese. Quien pide que la presión se traduzca en “boicots, desinversiones, sanciones y rendición de cuentas”. “No es una cuestión de si hacerlo o no, es una cuestión de cuándo”, sentencia.

“Si Palestina fuese una escena del crimen, tendría las huellas dactilares de todos nosotros”, así de contundente se ha mostrado la Relatora Especial de Naciones Unidas para los Territorios Ocupados de Palestina, Francesca Albanese, tras presentar su informe De la economía de la ocupación a la economía del genocidio. Un exhaustivo estudio que señala cómo las grandes empresas financian y obtienen beneficios del genocidio contra el pueblo palestino.

Dónde hacemos la compra, en qué gasolinera repostamos, el banco dónde depositamos nuestros ahorros y otras tantas decisiones cotidianas que, sin que seamos conscientes, financian indirectamente el apartheid israelí. “Si el genocidio no ha terminado, es porque es un negocio muy lucrativo”, asegura Albanese, que apela a los “ciudadanos corrientes” a practicar el “boicot” contra este fenómeno.

Su informe, presentado este jueves en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, interpela directamente a los Estados, a los que llama a imponer sanciones y cortar todas las relaciones comerciales y financiares con Israel. Exigiendo además que las empresas que se están enriqueciendo de la masacre del pueblo palestino “rindan cuentas” ante la justicia.

Las grandes empresas, responsables del genocidio

las grandes empresas no solo obtienen beneficio del genocidio, sino que lo han hecho posible. La economía no es un mero beneficiario colateral de esta violencia, sino que es el sistema circulatorio que hace que la violencia continúe.

Fabricantes de armas que abastecen al Ejército israelí, empresas de maquinaria pesada usada para destruir los barrios en Cisjordania, los grupos agrícolas que comercializan productos de asentamientos ilegales o los bancos que financian la ofensiva contra Gaza: todos desempeñan un papel clave en el engranaje de la limpieza étnica.

«Estas empresas han seguido suministrando al mercado israelí a pesar de las abundantes pruebas del uso criminal de esta maquinaria por parte de Israel y los repetidos llamamientos de los grupos de derechos humanos para cortar los lazos», dice Albanese en el informe. «Los proveedores pasivos se convierten en contribuyentes deliberados de un sistema de desplazamiento».

El informe define al complejo militar‑industrial como la “columna vertebral económica” de Israel. Gracias a él, el Ejército dispone sin interrupción de munición, drones y otros equipos usados en Gaza y Cisjordania. Sirviendo de campo de pruebas para la industria armamentística: los fabricantes presumen de que sus productos están “tested in combat” (probados en combate), un reclamo que incrementa su valor comercial.

Para Albanese, “las compañías que proporcionan armamento y apoyo técnico han reforzado la capacidad israelí para perpetuar el apartheid”. Empresas como la estadounidense Lockheed Martin, que agrupa a 1.600 fabricantes de todo el mundo, han suministrado de forma constante al Ejército israelí cazas F-35, vitales para el bombardeo de Gaza y ataques como el producido contra Irán el pasado mes de junio.

En mayo de este año, Lockheed Martin alcanzó un acuerdo de cooperación con el Ministerio de Defensa español para proporcionar a la industria de defensa nacional “una mayor capacidad de ingeniería y producción”. Se estima que en los últimos años Defensa ha suscrito más de 40 acuerdos con la compañía por un valor superior a los 2.000 millones de dólares.

En el mismo campo, la tecnológica estadounidense Palantir aparece en el texto de la relatora especial por haber provisto al ejército israelí de un software que permite la toma de decisiones automatizada en “situaciones de guerra”.

La compañía cuenta con una filial en España, Palantir Technologies Spain SL, y ha sido beneficiaria en octubre de 2023 de un contrato con el Ministerio de Defensa español, de 16.5 millones de EUROS, para desarrollar sistemas de análisis y fusión de datos con tecnologías basadas en Inteligencia Artificial.

Otras grandes tecnológicas como Microsoft, Alphabet y Amazon proveen a Israel de servicios de almacenamiento de datos y de inteligencia artificial, “mejorando el procesamiento de datos, la toma de decisiones y las capacidades de vigilancia y análisis”.

Por otra parte, gigantes automovilísticos como Hyundai (Corea del Sur) y Volvo (Suecia) también aparecen señalados por la presunta venta de maquinaria pesada a Israel. Vehículos clave en las demoliciones masivas de Gaza y Cisjordania. Desde octubre de 2023 hasta octubre de 2024, Israel construyó 57 nuevas colonias “con empresas israelíes e internacionales que suministraban maquinaria, materias primas y apoyo logístico” asegura el informe.

En cualquier caso, la relatora advierte que lo que expone “no es una lista, es un sistema”. Y como tal, requiere de una respuesta estructural por parte de Estados y organizaciones internacionales.

Las 5 empresas en América Latina y España acusadas por la relatora de la ONU Francesca Albanese de «beneficiarse del genocidio» en Gaza

El controvertido envío de carbón colombiano a Israel

Para mediados del año pasado, Colombia era el mayor proveedor de carbón a Israel con una participación de más del 50% del mercado, según el American Journal of Transportation.

En junio de 2024, el presidente colombiano Gustavo Petro, quien desde hace años ha condenado públicamente los ataques de Israel contra el pueblo palestino, anunció que su país suspendería las exportaciones de carbón a Israel.

Las acusaciones que Petrobras niega

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó en la reciente cumbre de los BRICS que el mundo debe actuar para detener lo que describió como un «genocidio» israelí en Gaza.

«No podemos permanecer indiferentes ante el genocidio llevado a cabo por Israel en Gaza, el asesinato indiscriminado de civiles inocentes y el uso del hambre como arma de guerra», afirmó el mandatario el domingo.

Petrobras, una de las petroleras más grandes del mundo y mayoritariamente propiedad del Estado brasileño, estaría colaborando con dicho «genocidio», según la relatora especial de la ONU.

Orbia «facilita el expansionismo» de Israel

La mexicana Orbia Advance Corporation también aparece en la lista, a través de su subsidiaria Netafim, de la que es propietaria en un 80%.

De acuerdo con el informe de la ONU, Netafim, líder mundial en tecnología de riego por goteo, proporciona infraestructura para explotar los recursos hídricos en la Cisjordania ocupada.

EN España El grupo CAF, «contribuye a consolidar asentamientos» sobre todo en Cisjordania, otros

En 2024, la empresa catalana COMSA se retiró del consorcio tras haber ganado la construcción de la línea azul del tranvía de Jerusalén, mientras que la semana pasada la acerera vasca SIDENOR anunció que dejaría de suministrar acero a empresas israelíes.

La acerera vasca tomó la decisión luego de que surgieran reportes de que llevaba al menos diez meses suministrando barras de acero al fabricante de armas israelí IMI Systems (IMI), propiedad de Elbit Systems, uno de los gigantes armamentísticos de Israel.

 

 

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Donald Trump Premio Nobel de la Paz: ¿nos siguen agarrando de tontos?

Por: Marcelo Colussi

Así como los gobiernos de los Estados Unidos y Gran Bretaña necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compañías petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petróleo en todo el mundo y las rutas de transporte.”

James Paul, Informe del Global Policy Forum

Se dice, acertadamente, que en la guerra la primera víctima es la verdad. Esto se hizo evidente, una vez más, con la guerra de Irán e Israel, ahora oficialmente terminada. ¿Por qué esta nueva guerra? Ambos bandos cantaron victoria. ¿Quién la ganó? ¿A quién benefició? En definitiva: ¿quién miente aquí?

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El bucle mortal que devora a Israel e Irán

Por: Miguel Posani

Me asombró el nivel de desarrollo de Teherán, una ciudad más grande que Caracas pero coronada por una montaña que me evocaba el Ávila. Cuando estás ante algo diferente buscas similitudes. El clima era frío, la comida, exquisita, y sus habitantes, notablemente amables y considerados. Sin embargo, más allá de estas impresiones iniciales, me embargó una profunda sensación de extrañeza, de “alienidad’”. Como en otras culturas radicalmente distintas, tuve la vívida impresión de hallarme en otro planeta. Es una paradoja fascinante, aunque todos compartimos una misma humanidad, ciertas culturas nos confrontan con una diferencia tan marcada como curiosamente reveladora. Es como cuando viajamos por autopista a Quom y ves a tu izquierda una inmensa masa de algo que cubre todo el horizonte y te dicen que no es lluvia sino una tormenta de arena. O cuando observas de cerca una inmensa piedra negra escrita toda en cuneiforme hace miles de años. Ya transportaban información en el tiempo.

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Trump y la Diplomacia Controvertida con Irán

Por. Henry Pacheco: El presidente de Estados Unidos anunció que es posible la diplomacia con Irán. también los países europeos exigían a Teherán volver a la mesa de negociación, esa en la que ya estaba y que Israel hizo estallar por los aires con su bombardeo y operación de decapitación de sus estructuras militares el 13 de junio. era la paz del vencedor, obligar a Irán a someterse a la orden de RENDICIÓN INCONDICIONAL dictada por el presidente de Estados Unidos por medio de un post en su red social personal debía ser considerado diplomacia.

Trump mostraba sus dudas entre actuar de forma presidencial atacando a un peligro en el extranjero o ejercer de presidente de paz capaz de pasar a la historia por haber resuelto, sin necesidad de utilizar la fuerza, un problema heredado desde los tiempos de Jimmy Carter. Poner su nombre a una guerra y optar al premio Nobel de la paz, al que el sábado por la tarde Pakistán anunció que nominaría al presidente, eran las dos opciones entre las que se debatía Donald Trump.

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