Poderes mágicos de la alquimia imperialista: trasmutación de «democracia» en petróleo

Por: Renan Vega Cantor

Desde cuando Hugo Chavez fue presidente de Venezuela, en 1998, Estados Unidos, las derechas latinoamericanas y sus académicos de cabecera determinaron que en la patria de Bolívar no existía democracia liberal. Esto significa, según el Democracimetro imperial, que en ese país no hay “elecciones libres”, ni “libertad de prensa” ni de expresión, tampoco separación de poderes ni independencia del poder judicial, todo medido con el rasero que Estados Unidos y los poderes imperialistas determinen y, que por supuesto, sirva a sus propósitos e intereses. Procedieron a calificar al sistema político de ese país como dictatorial. Se agrega que, como parte de ese proyecto “antidemocrático” se había expropiado al capital extranjero, no se respeta la propiedad privada y se impuso una economía monopolizada por el Estado que impide el funcionamiento armónico del libre mercado.

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Estados Unidos, manotazo de ahogados y caída del imperio

Por Sergio Eissa

En el año 2004, Philip Roth publicó La conjura contra América, una ucronía que planteaba que Franklin Delano Roosevelt perdía las elecciones de 1940 en manos del afamado aviador Charles Lindbergh —que fue el primer piloto que, en un vuelo solitario, unió Estados Unidos y Europa a través del océano Atlántico—. La genialidad del escritor estadounidense no solo se plasmó en su pluma, sino también en prestar atención a la historia de su país porque, efectivamente, Lindbergh se dedicó durante “los años previos a la Segunda Guerra Mundial a una activa campaña para ‘proteger a la raza blanca’ y para que Estados Unidos mantuviera una estricta neutralidad hacia la Alemania nazi”. Incluso recibió de manos de dicho régimen una medalla de manos de Hermann Göring, en representación de Adolf Hitler. Cuando la novela se publicó, algunos periodistas asociaron la figura del “héroe estadounidense” con George Bush hijo. Sin embargo, claramente una analogía más acertada es con el presidente Donald Trump (2017-2021 y 2025 a la fecha). Ambos comparten el discurso de America First y el uso de su estatus de celebridad para desmantelar consensos políticos previos.

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Doctrinas, legalidad y legitimidad en la política exterior de los Estados Unidos

Por: Alvin Lezama

Tres hipótesis plausible para comprender cómo actúa los Estados Unidos con relación a su política exterior:

I.- “Las doctrinas, presidenciales o providenciales, enmarcan la actuación de los Estados Unidos en su política exterior”.

II.-“Las actuaciones en política exterior de los EE. UU. deben tener legitimidad ante la opinión pública del país”

III.-“Estás actuaciones pueden violar la legalidad internacional pero deben estar blindadas ante el marco legal del país y el poder legislativo. Los poderes constituidos y sus instituciones  deben ser respetados, aunque sea en apariencia”.

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«Estamos en medio de una ruptura, no de una transición»

El discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial de Davos, anima a las potencias medias a trabajar juntas contra la ley del más fuerte

Muchas gracias, Larry. Voy a empezar en francés y luego volveré al inglés.

[Carney habla en francés]

Gracias, Larry. Es un placer y un deber estar con ustedes esta noche en este momento crucial que atraviesan Canadá y el mundo.

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La MaCorina se vendió barato

Por: Susana Tesoro

La reconocida cadena de noticias CNN describe que la líder opositora venezolana María Corina Machado entró a la Casa Blanca  con el regalo que el presidente de EE.UU. Donald Trump ha codiciado durante mucho tiempo: un Premio Nobel de la Paz.

Continúa la nota con lo que sigue: “Machado, una férrea crítica del depuesto presidente de Venezuela Nicolás Maduro, ganó el premio el año pasado por su campaña a favor de una mayor democracia.

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¿Qué hay de nuevo, Davos?

Por: Fernando Buen Abad

Davos es un ritual anual de apareamiento simbólico (y no sólo) entre capitales, Estados y corporaciones. Davos, y su reunión de jerarcas del Foro Económico Mundial (WEF), del 19 al 23 de enero de 2026, no empieza con sus discursos, sino con su escenografía, un valle alpino pulcro, blindado, nevado, donde el frío funciona como metáfora de la distancia social y moral entre quienes deciden y quienes padecen. Davos es un signo antes que ser un evento. Un signo que se repite cada año para reafirmar una idea central del capitalismo tardío: el mundo está en crisis, pero la crisis se administra mejor desde salones calefaccionados, con credenciales colgadas al cuello y un lenguaje que simula preocupación mientras protege intereses. Hablar de Davos es leer un texto cargado de símbolos hegemónicos, silencios y gestos calculados, donde el significado nunca coincide del todo con lo que se dice. El lema de este año es “A spirit of dialogue” (Un espíritu de diálogo) y su plan es fomentar cooperación y conversaciones francas en un mundo cada vez más dividido.

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Lenin en la memoria camina entre nosotros

Por: Rafael Montejo

En invierno, a Gorki, la antigua mansión señorial, la cubre el manto blanco de la nieve y en las mañanas con sol se filtran haces de luz multicolor entre los árboles deshojados. Crees, desandando por los jardines que quizás aquí o en aquel banco se tomaba un reposo entre las hazañas, disgustos y alegrías que produce crear y ver crecer un mundo nuevo. Amigos, camaradas, enemigos, obreros campesinos, intelectuales, admiradores, curiosos, periodistas. Todos quieren su atención.

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La Ley de la Selva en cada parada: ¿Quiénes son los buquenques?

Por: Thalía Fuentes Puebla

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Llevan consigo un banco como si fuera una herramienta de trabajo, y en efecto lo es: no son pocas las horas que dedican a extorsionar e imponer su dominio. Cuando rige la Ley de la Selva, sobrevive el más fuerte; los demás se resignan a adaptarse. Se asumen “dueños y señores” del transporte. Deciden quién entra y quién sale.

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Venezuela: ¿y ahora?

Por: Marcelo Colussi

Trump, entiendo que te creas el Presidente Interino de Venezuela, pero estás loco. Todo el mundo sabe que has invadido Venezuela para robarle su petróleo. Y quieres anexar Groenlandia a Estados Unidos porque tú y los multimillonarios que te apoyan intentan robarle los minerales de Groenlandia. Tus actividades descaradas, imperialistas, engañosas y criminales nos están haciendo perder el apoyo de nuestros aliados y verte como lo que realmente eres: un gánster criminal sin conciencia, moral ni devoción por la libertad, la justicia y la igualdad. Estás provocando que el mundo se vuelva contra ti y nuestro país. ¡Deja de decir estupideces ya!

Maxine Waters, congresista demócrata por California

La arrogante bravuconería de los cowboys que arrasan con todo está cayendo ante la milenaria sabiduría china.”

Romina de la Roca

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Con la agresión a Venezuela, EEUU derrumbó el orden internacional. ¿Y ahora qué?

Por: Ángel González

Estamos a las puertas de un orden unipolar controlado por una élite nazi o ante una oportunidad de construir nuevos equilibrios, pero el mundo de la ONU ya no es.

“Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, el mundo real, que se rige por la fortaleza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder”, dijo en una entrevista hecha poco después de la agresión militar contra Venezuela Stephen Miller asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y uno de los hombres más influyentes en la política de Donald Trump, según analistas y la prensa estadounidense. Miller agregó en esa misma oportunidad que “estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.

Análisis provenientes de distintas partes del mundo hablan de que Trump está derrumbando el orden internacional surgido del fin de la segunda guerra mundial y estamos ante el nacimiento de un nuevo orden. Pero no son solo analistas, Blackrock, el mayor gestor de activos financieros del mundo, publicó un informe la semana pasada en el que habla de “un escenario geopolítico fragmentado” y de un “tercer orden mundial” marcado por “la redefinición que hace Estados Unidos de sus relaciones económicas y estratégicas”.

Así mismo, el 16 de enero María Zajárova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, expresó la alerta que su país hace acerca de lo que está ocurriendo:

“Desafortunadamente, el mundo se encuentra en una situación en la que, bajo diversos pretextos y supuestamente en nombre de la creación de una nueva ética mediante el abandono de principios y normas obsoletos, ha comenzado a descender de forma gradual y luego rápida hacia el caos total, perdiendo la comprensión de lo que es bueno y lo que es malo”.

El mundo que ya no existe

¿Cuál es ese orden mundial surgido del fin de la segunda guerra mundial que hoy está muriendo? Se trata de uno regido por instituciones multilaterales articuladas en la Organización de las Naciones Unidas, creada en 1945 sobre principios como la soberanía estatal, la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza y la solución pacífica de controversias, todos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas.

Una revisión de las noticias del último año evidencia que Estados Unidos ha pasado por alto todos esos principios. Solo en 2025 bombardeó Irán, Yemen, Somalia, Siria y Nigeria. Y al amanecer de 2026 bombardeó Venezuela y secuestró a su presidente. También desplegó un descomunal contingente de guerra en el Mar Caribe y ha bombardeado tres docenas de botes y asesinado a más de un centenar de personas bajo la excusa incomprobable de que eran narcotraficantes. Nunca presentó una sola prueba. Ha amenazado con bombardear México, Colombia y sostiene la amenaza de apropiarse Groenlandia “por las buenas o por las malas”.

Además, estableció una política de chantaje internacional mediante aranceles a las importaciones desde casi todos los países del mundo.

Se supone que el Consejo de Seguridad de la ONU debe intervenir para regular los conflictos internacionales, mediar y evitar la guerra. Existen mecanismos para responder ante agresiones militares, que incluyen sanciones económicas y diplomáticas sobre el estado agresor y hasta acciones militares colectivas. Nada de eso ocurre, nadie considera eso posible en los casos en que Estados Unidos agrede a otra nación.

Trump afirmó la semana pasada en una entrevista con The NewYork Times, cuando le preguntaron si había algún límite a su poder en cuanto al mundo: “Sí, hay una cosa, mi propia moralidad, mi propia mente; es lo único que puede detenerme”. Luego agregó: “No necesito el derecho internacional”.

Además, justo después de la agresión a Venezuela, Estados Unidos anunció su retiro de 66 instancias multilaterales. El internacionalista y doctor en estudios políticos Sergio Rodríguez Gelfenstein señala en un artículo reciente que esto “apunta a que solo se mantendrá en aquellas donde puede imponer su criterio sin cortapisas, en especial el Consejo de Seguridad de la ONU, ente inoperante mientras exista el derecho a veto”.

En efecto, Estados Unidos, como miembro permanente del Consejo de Seguridad junto a China, Francia, Rusia y el Reino Unido, tiene el privilegio de vetar cualquier resolución sin ninguna argumentación. Es decir, si el consejo decidiera sancionarlo, simplemente veta la decisión y esta deja de existir.

Actores internacionales como Europa, e incluso China y Rusia, se limitaron a emitir comunicados destacando la importancia de cumplir las leyes internacionales. El secretario general Antonio Guterres, dijo que “la Carta (de las Naciones Unidas) consagra la prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado” y agregó que lo ocurrido sienta “un peligroso precedente”. Pero más nada ocurrió.

El filósofo ruso Alexander Duguin escribió hace poco que “al observar lo que sucede en la política global, todos han comprendido finalmente que el derecho internacional ya no existe”. Precisa que ese sistema heredado del fin de la segunda guerra sencillamente ha muerto.

Incluso la revista Foreign Affairs, que puede ser el centro de discusión más importante sobre política internacional en Estados Unidos, ha dicho que el mundo asiste a “un colapso definitivo y sin precedentes en el orden jurídico internacional, a raíz de la intervención militar de EEUU en Venezuela el pasado 3 de enero”. Resaltan que a la administración actual de Washington no le interesa justificar sus movimientos con argumentos legales: “Este fenómeno, catalogado por analistas como ‘nihilismo político’, representa una amenaza directa para el orden internacional establecido tras 1945. Al prescindir de cualquier pretensión de legalidad, la administración Trump envía la señal de que Estados Unidos ya no se considera vinculado a normas o tratados globales”.

De ahí la inutilidad, comenta Gelfenstein, “de apelar al derecho internacional y la inoperancia de recurrir a la ONU y a su Consejo de Seguridad”.

 “El futuro del mundo libre depende de que Estados Unidos pueda afirmarse y defender sus intereses sin disculparse”, remataba Stephen Miller en la entrevista citada más arriba. Y la impresión actual es que Trump intenta cumplir exactamente con esa premisa.

¿Qué podemos esperar?

«La dimensión de lo que está ocurriendo es tan grande que es muy difícil de ver”, contesta Rodríguez Gelfenstein cuando le preguntamos cómo se podría proyectar el nuevo orden que estaría naciendo a partir de ahora.

Señala, sin embargo, que aún cuando se compare con 1945, por ejemplo, esta vez es distinto porque, en aquella ocasión, aunque se lanzó la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, Hitler nunca contó con armas nucleares. Hoy estamos hablando de una situación similar, pero Estados Unidos sí cuenta con armas nucleares y cuenta con muchas. “En aquel momento no parecía posible, la desaparición de la especie humana, ahora sí; de ese tamaño es el nivel del conflicto actual”, enfatiza.

Explica que lo que se está estableciendo es nuevamente un mundo unipolar, porque Estados Unidos está visto que puede hacer lo que quiera y no tiene ningún tipo de cortapisa. Estados Unidos, al igual que en el año 91, cuando desapareció la Unión Soviética, está tratando de conformar un mundo donde es el hegemón.

“Estados Unidos participó del asesinato de 30.000 niños en Gaza y no pasa nada; Estados Unidos invade y secuestra un país y no pasa nada; y todo eso ocurre porque, en el caso de Israel, tiene el aval de Estados Unidos, y en el caso de Estados Unidos, actúa porque no tiene quien le responda”, expone.

Advierte que el peligro de todo esto es que «ya ni siquiera se trata de un gobierno de derecha, ni neoconservador, ni reaccionario, lo que hay en Estados Unidos hoy es un gobierno nazi».

Explica que en el libro Mi lucha, de Adolfo Hitler, se encuentran las características que definen la ideología nazi: supremacismo, racismo, expansionismo, destrucción del Estado de derecho y de la democracia liberal, violencia, corrupción, represión y persecución de las minorías. “Todas ellas están presentes en el actual gobierno de Estados Unidos”, asegura.

Entonces, tenemos un mundo en que, en particular las grandes potencias, se observa que se expande el nazifascismo por el planeta, pero no se hace nada.

Sin embargo, existe una alternativa. Rodríguez Gelfenstein explica que el escenario actual plantea la posibilidad de que se avance hacia un sistema que llama de “balanza de poder”. Es decir, un sistema de equilibrios. Porque Estados Unidos está constatando que no puede destruir a China ni a Rusia; por su parte, Rusia no quiere destruir a China y también se da cuenta de que no puede destruir a Estados Unidos. Y lo mismo pasa con China con respecto a los otros.

Entonces, esa constatación haría que estos grandes “actores nacionales esenciales” comprendan que no pueden dejar que alguno de ellos caiga o que uno solo se eleve por encima de los otros. Y si eso ocurre, se tienen que poner de acuerdo para restablecer el equilibrio.

Gelfenstein advierte que estamos en el umbral de que se produzca una explosión mucho mayor que la que significó el secuestro del presidente Maduro. Y esa explosión va a ocurrir en caso que Estados Unidos finalmente ocupe Groenlandia. Considera que todo se aceleraría.

“Si Estados Unidos ocupa Groenlandia, entonces las reglas de juego trazadas al finalizar la segunda guerra mundial quedan definitivamente destruidas. ¿Por qué? Porque Venezuela es un actor marginal del sistema internacional, pero Europa no. Europa era y está dejando de ser aceleradamente, y creo que esto va a hacer que termine de dejar de ser, un actor internacional relevante”, expuso.

Haciendo un ejercicio de prospectiva geopolítica, afirma que “a lo mejor dentro de una semana Europa y Venezuela están en la misma trinchera”. Esto es, “igualmente agredidos, igualmente invadidos, incursionados por Estados Unidos”. Ocurriría algo impensado hace solamente un mes, que Europa y Venezuela estén en una situación donde puedan ser aliados. “Ese es el ritmo que tienen las relaciones internacionales ahora”, dice.

El domingo 11 de enero, en un solo día Estados Unidos amenazó a Groenlandia, por tanto a Europa, a Cuba, a México y a Irán. Además, amenazó a Canadá con que lo iba a incorporar a Estados Unidos. Los nazis, explica Gelfenstein, no tienen que ver con amigos ni enemigos, todos son enemigos y seres inferiores. Pero, dice, el mundo no puede vivir eternamente bajo amenaza, por lo que se abre una posibilidad real de que potencias como China, Rusia, junto a actores más pequeños pero importantes como India, Turquía y otros, tomen una decisión de edificar un mundo paralelo a ese mundo unipolar de Donald Trump.

“Tal cual como Churchill, Stalin y Roosevelt decidieron cómo iba a ser el mundo después de derrotar a Hitler”, dice Gelfenstein. Pero parece que estas potencias emergentes todavía insisten en reivindicar el derecho internacional, en cuidar que no se rompa la ONU. Actúan como con miedo de romper algo que realmente no existe./UN