PACTO HISTÓRICO: ¿OPOSICIÓN CUTRE O INTELIGENTE?

Por Yesid Arteta Dávila

En la primavera de 2010 recibí una invitación de la fracción parlamentaria de Die Linke —La Izquierda— para participar en un coloquio sobre Latinoamérica en la sede del Bundestag, el Parlamento Federal de Alemania. La formación contaba entonces con 76 parlamentarios, después de haber cosechado el 11,9 % de los sufragios en las elecciones generales celebradas el año anterior. Los parlamentarios de Die Linke mantenían una imagen de proximidad, visible incluso en su forma de desplazarse por Berlín, en bicicleta o en transporte público. Con el tiempo, sin embargo, la inercia política, las disputas internas y la escasa renovación de sus dirigentes fueron mermando su representación en el Bundestag y en varios estados federados donde habían sido la fuerza mayoritaria.

Die Linke conquistó el pasado 20 de septiembre la victoria electoral en la ciudad-estado de Berlín, con el 25,7 % de los votos, casi el doble de su resultado de 2023. La mitad de su electorado tiene entre 16 y 34 años y todo apunta a que la capital alemana tendrá como nueva alcaldesa a la jurista Elif Eralp, de origen migrante. El avance de Die Linke en Berlín, junto con el sorprendente desempeño de Zohran Mamdani al frente de la alcaldía de Nueva York, ha provocado un entusiasmo considerable entre las fuerzas progresistas de Colombia, desalojadas desde el 7 de agosto del Palacio de Nariño por un personaje salido de la inteligencia artificial. Los triunfos de Nueva York y Berlín pueden ofrecer al Pacto Histórico valiosas lecciones sobre comunicación y estrategia electoral, pero aprender de esas experiencias no significa copiar sus alternativas frente a problemas que son distintos. Hay ciudades del país donde las prioridades siguen siendo tan elementales como garantizar el acceso al agua potable, ampliar el alcantarillado y resolver adecuadamente la disposición de residuos.

Nos quedan cuatro años, Viejo Topo, en la oposición. Para ti, después de medio siglo de opositor, cuatro años no pasan de ser un parpadeo. Para quienes tuvieron su cuarto de hora en el gobierno de Petro, o viven a toda velocidad, parecen una eternidad. Quizá porque están convencidos de que, antes de que transcurra ese tiempo, la IA habrá acabado con la existencia humana. Antes de cualquier otra cosa, Viejo Topo, hay que poner orden en casa. Y eso es precisamente lo que, por ahora, no se está haciendo. El gobierno de Abelardo está integrado mayoritariamente por perfiles mediocres. La oposición no puede aspirar a ser una alternativa real si su única respuesta a esa mediocridad es ofrecer otra dosis de lo mismo. Cuando los líderes del Pacto Histórico concentran sus esfuerzos en asuntos como el retiro de los escoltas, las citaciones improvisadas a los ministros del Gobierno o una fiesta de disfraces en el recinto del Congreso, resulta difícil no preguntarse si las prioridades están en el lugar adecuado.

La improvisación no puede ser la estrategia. Basta comparar el lugar, el estilo y la edición de los mensajes audiovisuales de Mamdani y Die Linke —ganadores indiscutibles— con la lacónica y caótica réplica de Petro a Abelardo, hecha a las carreras en el aeropuerto de Bruselas. Es difícil entender que, con tanta gente talentosa en el Pacto Histórico, se sigan haciendo piezas tan cutres. Abelardo recurre a la escenografía para encubrir su incompetencia. El progresismo, mientras tanto, se expone a perder inteligencia y capacidad política atrapado en producciones envejecidas, rutinarias y mal hechas.

Vuelvo e insisto, Viejo Topo, antes que barajar candidaturas es prioritario organizar la casa por dentro. Ese es el orden de las cosas.

Recomendación para este fin de semana: «Pressure», —estrenado en los cines de Colombia como «Bajo presión»—, una película sostenida por las extraordinarias actuaciones de Andrew Scott y Brendan Fraser, ambos galardonados actores. El filme recrea un pasaje de la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas soviéticas, estadounidenses y británicas, apoyadas por miles de guerrilleros y resistentes europeos, combatieron hasta la derrota del nazismo. Una época de enorme dolor y sacrificio, pero también de dimensión épica, que es necesario recordar ahora que la retórica y las prácticas fascistas vuelven a instalarse en los gobiernos.

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